jueves, 6 de octubre de 2016

No habrá elecciones




El chavismo, por la iletrada boca del cucuteño que usurpa la Presidencia del país, informó su decisión de no hacer elecciones: “Aquí no ‘habrán’ elecciones ni revocatorio […] la prioridad no son elecciones, es recuperar la economía…” De esta manera, el régimen tomó la ruta más brutal, la reservada a los dictadores más bárbaros, más ignorantes y menos inteligentes. A los Didi Amínes y Mugabes. Ni Saddam Hussein –que hacía elecciones que siempre ganaba con más de 99% de la votación- ni el mismo Fidel Castro –quien hace elecciones que jamás pierde cada 4 años- se atrevieron a emprender ese peligroso camino de amordazar, reprimir y represar la voluntad de un pueblo con las terribles consecuencias que una maniobra de esa naturaleza conlleva. ¡Ni la férrea dictadura de Alemania Comunista, la de la sangrienta Stasi, se atrevió a impedir elecciones!

El repudio popular es tan formidable, arraigado e irreversible que el chavismo piensa que no puede darse el lujo de que el pueblo hable en las urnas electorales; ni con el más grosero de los fraudes. Su situación de acorralamiento nacional e internacional es tan grave, que sus líderes saben que si salen del poder tendrán que enfrentar a jueces imparciales nacionales y extranjeros por crímenes que van desde la violación de Derechos Humanos, el narcotráfico y el lavado de dinero hasta el patrocinio del terrorismo islamista.

Como el chavismo no merece la comparación con un animal tan noble como el tigre, usaré el símil de un cochino de monte mortalmente herido y acorralado para ilustrar la situación actual de la dictadura venezolana. Un animal feroz, temeroso y sin contemplaciones que lucha por sobrevivir, aunque no existe  ni la más mínima probabilidad de que salve su vida. Ya su suerte está echada y es el único resultado que podía derivarse de su conducta, atropellos, desmanes, abusos, crímenes, incapacidad, ineptitud, arrogancia, ignorancia y desatinos. Es el producto que se puede esperar de todo ensayo marxista con el agravante de que estuvo en manos de iletrados muy salvajes y sin escrúpulos. Es lo que tenía que pasar cuando los cobradores de peaje de barrios, martilladores y matraqueros de alcabalas y atracadores motorizados llegan al poder. Una dictadura de psicópatas delincuentes de la más baja ralea jamás podía tener éxito; estaba condenada a su autodestrucción desde su nacimiento.

La impudicia chavista es casi incomprensible para los seres humanos normales, especialmente, para aquellos que crecimos en la democracia. Quizá los jóvenes de menos de 30 años no vean con tanta extrañeza que un gobernante a quien justamente el pueblo en pleno intenta revocar con arreglo a la Constitución, se atreva a vociferar “¡aquí no habrá revocatorio!, ¡aquí no ‘habrán’ elecciones!” (Sí, “habrán”, no se le puede pedir a Nicolás que use correctamente el verbo “haber”).

Y va más allá. Osa sentenciar que el motivo para no hacer elecciones es la crisis económica, tal como ya lo había adelantado Pedro Carreño. ¡Un gobierno que ha creado la peor crisis económica de la historia del país con sus políticas socialistas, corrupción e ineptitud, utiliza su propio fracaso para justificar el bloqueo de unas elecciones indispensables para deponerlo democráticamente! Peor aún, soslaya totalmente el hecho de que hace un mes esa misma dictadura que hoy dice que no hay dinero para elecciones gastó $ 200 millones de los venezolanos en una fracasada Cumbre de los No Alineados; la semana pasada le dio a través de PDVSA un contrato a Wilmer Ruperti por $ 138 millones para pagar la defensa de los #narcosobrinos de la pareja presidencial (que se sepa, Miraflores ya había pagado por medio de CITGO $ 10 millones con dinero de la República para esa misma defensa penal en EEUU) y esta semana envía ayuda humanitaria a Haití. Y es el mismo gobierno que todavía le regala mensualmente $ 500 millones en petróleo a Cuba.

El régimen chavista no solamente ha tomado el medio de la calle declarándose dictadura con el anuncio de eliminar la inmunidad parlamentaria y ahora, eliminando los procesos electorales en Venezuela hasta nuevo aviso; sino que impidiendo la expresión legítima del pueblo que hoy padece miseria, hambre, enfermedades, escasez de comida y medicinas y la hiperinflación más alta de la Tierra con el voto, le está cerrando todos los caminos democráticos y garantizándose tarde o temprano una explosión popular en demanda de los derechos básicos de la población y del derecho a derrocar por cualquier vía a un gobierno que ha violado desde la Constitución y las leyes hasta la moral, arrojando a la más terrible pobreza a un país que tiene con qué ser uno de los más ricos del mundo, tal como se lo exige el artículo 350 constitucional.

Pero quizá sea precisamente este el objetivo de los facinerosos chavistas. En sus retorcidas mentes psicopáticas formadas defalcando cantinas en cuarteles, martillando en alcabalas, y en atracos a bancos y a transeúntes, albergan la esperanza de que con un alzamiento popular podrán justificar el uso de sus armas para, luego de apaciguar la insurgencia disuadiéndola con unos cuántos miles de muertos, salvarse del inexorable destino que les espera y que -desde mi formación cristiana- sinceramente deseo que no sea a manos del pueblo, sino en tribunales imparciales que les respeten sus Derechos Humanos, un privilegio que no tenemos los venezolanos secuestrados por el chavismo.

Porque no quepa duda. Si ya podíamos decir que en Venezuela no hay una dictadura sino el secuestro de toda una población con el objeto de saquear el país sistemática y exhaustivamente hasta sus cimientos, cuando hoy se amordaza y asfixia a ese pueblo negándole expresarse en elecciones se corrobora que los venezolanos somos rehenes de una depravada banda de malhechores psicópatas desesperados por lograr lo imposible: salvarse.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

No hay comentarios:

Publicar un comentario