sábado, 15 de octubre de 2016

Desangrar un país




El chavismo asaltó el poder en 1999 usando como pretexto una supuesta revolución para saquear sistemática y exhaustivamente a uno de los países más ricos de la Tierra y enriquecer en el proceso a la élite que tomaba el control político y económico de la sociedad. Malhechores, en su mayoría producto de la misma democracia que destruirían con los recursos que ella misma les ofrecía, educados en sus colegios, liceos, universidades y academias militares, que luego de generaciones en la pobreza habían alcanzado digna prosperidad gracias a las oportunidades que esa democracia les había brindado, desesperados, argumentando odio y resentimiento injustificados contra el sistema que les proveyó las herramientas para desarrollarse como individuos, dedicaron todos sus esfuerzos al expolio y a saciar su apetito infinito de riquezas.

Para el logro de esos objetivos fijados con egoísmo psicopático, los revolucionarios sedujeron al pueblo con promesas falsas de riqueza y bienestar y con sobornos clientelares que les garantizaran su lealtad a la manera de todos los populismos, de izquierda y de derecha, esto es, mientras durara la plata. Con un dizque modelo económico que se redujo a la rebatiña de los recursos petroleros y minerales; al desmantelamiento de la economía y del aparato productivo; a la compra populista de los favores de la población usando la petrochequera; a la desinversión, aun en la propia industria petrolera hasta llevarla a escombros; a la corrupción expoliadora llevada a su máxima expresión, es decir, al saqueo con la mentalidad cortoplacista de un atracador en moto o de un cobrador de peaje de barrio, el chavismo robó y arruinó a Venezuela hasta dejarla exangüe.

Ahora, cuando los precios petroleros han caído a la tercera parte de su nivel de hace dos años, de una forma que el iletrado e incapaz liderazgo chavista, incluyendo al galáctico, no imaginó posible a pesar de que ha sido el comportamiento inveterado del mercado de comodities y petrolero durante la última mitad del siglo pasado; cuando la otrora portentosa PDVSA ha quedado reducida a chatarra sobrecargada de deudas y dedicada a vender verduras y carne podrida, incapaz de producir petróleo (este año su producción cayó 300.000 barriles diarios más, a apenas 2 millones al día); cuando la plataforma productiva y la economía se encuentran arrasadas por las políticas socialistas; o sea, cuando ya no solamente no queda dinero, sino tampoco los medios para producirlo, el chavismo depredador oportunista toma la decisión de liquidar los recursos más preciosos e irrecuperables de Venezuela, que además, son patrimonio de toda la humanidad. En el llamado Arco Minero del Orinoco entregará la selva amazónica venezolana, con sus recursos hídricos, minerales, biológicos, fauna y flora, a potencias extranjeras para la explotación minera. De un solo plumazo, un Nicolás Maduro hambriento de recursos para financiar la perpetuación de su dictadura, entiéndase el saqueo, decretó la destrucción ecológica más atroz y de mayor escala que ha conocido el país; una destrucción que será de carácter irreversible. Con el único propósito de aferrarse al poder y continuar el robo más grande de la historia, el chavismo borrará del mapa un bioma vital para la supervivencia del planeta y del hombre. Y se trata del mismo chavismo que manifiesta en su delirante Plan de la Patria su objetivo de salvar al planeta y a la raza humana.

El chavismo vio a Venezuela como una garrapata ve a una res. En 18 años despalilló $2,5 billones (billones de verdad, no de los anglosajones, $2.500.000.000.000). De acuerdo a los expertos que investigan el saqueo chavista, durante la dictadura han desaparecido por lo menos $600.000 millones a manos de la corrupción oficialista cuyo destino no puede justificarse. Con esos $2,5 billones dilapidados el chavismo no construyó ninguna obra de envergadura desde que ascendió al poder. El saneamiento del Guaire y su navegabilidad; la Base Espacial Francisco de Miranda; el Eje Orinoco-Apure; el Ferrocarril Transamazónico Caracas-Buenos Aires; el canal del Orinoco al Mar Caribe; el segundo puente sobre el Lago de Maracaibo; el Parque Simón Bolívar en La Carlota… Ni una sola de esas promesas pasó de la etapa de proyecto, aunque al menos parte de los dólares destinados a ellos sí fueron saqueados, como en el caso del río Guaire, obra en la que, a pesar de que no se construyó ni una valla, se desaparecieron $6.000 millones.

Es decir, arguyendo como móvil el desarrollo del país, un atajo de choros que no tienen nada que mostrar como prueba de su paso como gobernantes más allá de su botín, que en 18 años nada aportaron a ese desarrollo, arrasará y convertirá en desierto una de las mayores reservas ecológicas del planeta. La civilización no lo puede permitir.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

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