sábado, 3 de septiembre de 2016

¿La histeria de Almagro o la de Nicolás?





En un documento de reclamo elevado a la OEA por el Embajador de Venezuela ante ese organismo, el Secretario General Luis Almagro es acusado por el gobierno venezolano de parcialidad por la oposición y obsesión “histérica” por derrocar a Nicolás Maduro. Se señala en el documento que Almagro sería incluso capaz de participar en marchas opositoras en contra del gobierno de Maduro, como si tal cosa constituyera una falta de su parte o exceso sobre sus atribuciones o.en todo caso, un conflicto ético.

La acusación y los argumentos del chavismo son totalmente desatinados. Constituyen un tremendo dislate. Y revelan profunda ignorancia del Derecho Internacional –nada extraño en los revolucionarios que suelen ser muy ignorantes de toda materia-.

La dictadura debería saber que es obligación de los funcionarios de organismos internacionales (como la ONU, OEA, ONG’s, etc.) y de los propios organismos, velar por las libertades ciudadanas, los derechos civiles y humanos, salvaguardar la democracia y la libertad, denunciar y sancionar dictaduras y hasta intervenir, aun militarmente,  en caso de genocidio y crisis humanitarias. En este sentido, personas en la posición de Almagro no tienen la opción de decidir si intervienen o no en el evento de que alguna de esas situaciones tenga lugar. Simplemente están obligadas a hacerlo. Inclusive, cualquier país tiene el derecho de actuar en este tipo de situaciones.

Las noticias acerca de la situación venezolana llegan a todos los rincones del mundo diariamente. Todo el planeta conoce con precisión la realidad de nuestro país. Existen movimientos y comités de ayuda a Venezuela en todos los continentes. La crisis humanitaria y el genocidio son noticia internacional. Las imágenes de colas para comprar alimentos y medicinas le dan la vuelta al mundo. Las cifras de muertes por inseguridad, por hambre y por falta de medicinas y recursos médicos causan escándalo en el mundo civilizado. La cifra de homicidios en la era chavista supera los 250.000. La mortalidad de neonatos se ha incrementado en 45 % durante el último año por escasez de medicamentos y malas condiciones hospitalarias, por las mismas razones las de enfermos de todas las edades. Los pacientes de cáncer mueren por ausencia de drogas antineoplásicas, así como los enfermos crónicos como diabéticos,  cardiópatas y pacientes renales por falta de medicinas específicas. Enfermarse en Venezuela equivale a una sentencia de muerte.

Ante las evidencias vehementes de genocidio, de sistemática y reiterada violación de libertades políticas, de atentados contra el Estado de Derecho y la democracia, de la existencia de presos políticos, de bárbara represión, de tortura y asesinatos,  de crisis humanitaria, hambruna y de conflicto bélico (de acuerdo a las propias amenazas del oficialismo) que tienen el potencial de afectar todo el continente, los mecanismos del Derecho Internacional destinados a salvaguardar el bienestar de los pueblos, tales como la Carta Democrática de la OEA, deben activarse.

Asimismo están obligadas a activarse las instituciones internacionales competentes de acuerdo a la Ley Internacional. En este sentido, el señor Almagro está actuando ajustado a Derecho y dentro de sus atribuciones. Le asiste todo el derecho de cuestionar y denunciar las transgresiones del régimen chavista en perjuicio de la población. También está facultado para intervenir como lo considere conveniente -marchando con la oposición, si fuere el caso- en defensa de las libertades civiles y políticas, de los derechos de la ciudadanía y en beneficio de la causa democrática, frente a una dictadura forajida, hambreadora y enemiga del pueblo.

Sinceramente, hago votos para que la situación de Venezuela no se deteriore tanto que sea necesaria tal intervención de Almagro. Para que el chavismo entre en razón y comprenda que solamente haciendo renunciar a Nicolás perentoriamente o acelerando el referéndum revocatorio para destituirlo este mismo año, logrará salvar algo política y materialmente. Para que termine de entender que intenta lo imposible: represar la voluntad de 30 millones de venezolanos desesperados por la trágica pesadilla que viven y el futuro que espera a sus hijos. Para que el propio Nicolás tome consciencia de que transita un camino que solamente desembocará en una celda en alguna cárcel que por su propio bien ojalá no sea en Venezuela, sino en el extranjero. No existe ejemplo de ningún gobernante que haya logrado perpetuarse en el poder enfrentando la totalidad de un pueblo devenido en su enemigo por causa de sus atropellos.

Quizá Nicolás y sus acólitos piensen que su salvación está en profundizar la mentira en medio de arrebatos histéricos pletóricos de amenazas e insultos a quienes los adversamos. Quizá piensen que está en engañarse declarando que son mayoría, que el 1S sólo marchamos 30.000 manifestantes opositores y que el chavismo reunió 300.000 en la Avenida Bolívar, cuando YouTube está saturado de videos que muestran el más de un millón de movilizados clamando por el revocatorio en contraste con los pocos y apáticos oficialistas que lograron arrear,  filmados con los omnipresentes teléfonos inteligentes que mostraban los claros en esa avenida. Quizá crean que insultando y amenazando con eliminar la inmunidad parlamentaria para apresar a Ramos Allup y a otros diputados de oposición, que metiendo presos a alcaldes y dirigentes de partidos disidentes, en fin, que reprimiendo brutalmente se salvarán de la justicia que suele ser lenta pero implacable con los tiranos.
Pero la realidad es que los aspavientos y gritos histéricos -que no son más que la manifestación de profundo miedo- no salvaron ni a Noriega, ni a Saddam, ni a Khadafi, ni a Milosevic, ni a Ceausescu. Y en algún recóndito rincón de su desquiciada mente Nicolás lo sabe. A partir del 1S  no podrá dormir. Dudará si hasta el encargado de custodiarlo en las noches estuvo marchando el ese día. Aunque conocía las cifras de las encuestas que evidencian el rechazo de 30 millones de venezolanos, esos guarismos plasmados en el papel no son tan tangibles como el millón y tanto de venezolanos que salieron desesperados a exigirle que se vaya.

Los pueblos son inmortales, los gobernantes no.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe


No hay comentarios:

Publicar un comentario