jueves, 8 de septiembre de 2016

El Madurazo




La prirmera reacción del dictadorzuelo castrochavista Nicolás Maduro a la inmensa manifestación nacional que plenó las grandes avenidas de Caracas y congestionó las vías de acceso a esa capital bloqueadas por el gobierno el 1º de septiembre, fue ira frenética acompañada de negación. En un discurso con escuálida asistencia en el que imitaba fielmente a su comandante galáctico, vomitó improperios y amenazas, en especial, a los diputados de la AN y a su Presidente Henry Ramos Allup. Con su característico lenguaje de depurado estadista, procedió a mentarle la madre al Presidente del Legislativo. Y anunció que solicitaría al TSJ un pronunciamiento que le permitiera eliminar la inmunidad parlamentaria. Es decir, anunció que violaría la Constitución una vez más, lo que equivale a disolución de la Asamblea y golpe de estado.

En 1992, Alberto Fujimori, quien había llegado a la Presidencia de Perú en 1990, decidió disolver el Parlamento e intervenir el Poder Judicial con apoyo de las Fuerzas Armadas. Aunque Fujimori había accedido a la primera magistratura con un amplio margen de votos y para la época contaba con 70% de respaldo popular, su partido era minoría en un Congreso que lo obstaculizaba en su lucha contra la guerrilla maoísta de Sendero Luminoso que amenazaba la paz nacional. El Fujimorazo tuvo éxito y el peruano-japonés gobernó en una dictadura con semblanza de democracia hasta el año 2000.

Hoy Venezuela recibió la noticia de que el dirigente oficialista Francisco Ameliach introdujo un recurso para solicitar al TSJ la eliminación de la inmunidad parlamentaria, una institución constitucional en el Derecho Venezolano desde 1946, lo que le permitirá al régimen apresar y enjuiciar diputados de oposición con visos de legalidad. Pero unos visos de legalidad que solamente son verosímiles para el propio chavismo, pues para el resto del mundo será más que patente que se trata de una burda maniobra dictatorial con ligero barniz de democracia.

En su desesperación, quizá asesorado por enemigos, pues el plan es básicamente suicida, Nicolás Maduro cree que dando un golpe de estado final y decisivo, disolviendo la AN y controlando todos los poderes públicos, se salvará de su inevitable destino: la muerte de su presidencia. Inevitable porque es una muerte que ya ocurrió y esa presidencia hoy se mantiene viva por medios artificiales.

Aunque es cierto que Nicolás goza de un rechazo de 95% de la población, según encuestas amigas y enemigas, es lo más probable que el más virulento rechazo lo encuentre dentro de su propio partido, el PSUV y organizaciones aliadas. Y la razón es sencilla: para el chavismo el peor enemigo en este momento es la escoria que causa ese rechazo popular que lo tienen en agonía. Y las cabezas visibles de esa escoria son Nicolás Maduro y Diosdado Cabello.

Los disparates, atropellos, abusos y corrupción en perjuicio del pueblo de la cúpula podrida chavista que detenta el poder, constituyen la más grave amenaza a la existencia del chavismo.

Si continúa el proceso de deterioro nacional actual bajo la conducción de esa cúpula, el chavismo desaparecerá políticamente. Peor aún. Si Nicolás y sus conjurados tienen éxito en la ejecución del Madurazo, catalizarán la desaparición del chavismo. Únicamente sacando a Maduro y al grupo de criminales que lo acompañan vinculados entre sí por sus delitos y deuda con la justicia, el PSUV tiene la oportunidad de salvar el capital político que todavía le queda.

Hasta para dar un golpe de estado es necesario disfrutar de una base popular que lo respalde. Cualquier golpe que se sostenga exclusivamente en la fuerza está condenado al fracaso. Sin pueblo, colapsará en el corto plazo. Si los asesores de Nicolás le han propuesto emular el Fujimorazo, están ignorando diferencias fundamentales con respecto al escenario histórico de aquel Perú cohesionado alrededor del Presidente por la lucha contra la guerrilla, y una Venezuela unida monolíticamente en la resistencia por el rechazo a un dictador impresentable. Hasta un débil mental como Nicolás debería entender que no es lo mismo dar un golpe con 70% de popularidad que con 95% de la población en contra.

El Parlamento es la esencia del sistema democrático. Un Estado sin parlamento es cualquier cosa –dictadura, autocracia, monarquía absolutista, lo que sea- pero jamás democracia. Apartando al Ejecutivo (en el caso de Nicolás, elegido con fraude y deslegitimado por su desempeño), sólo el Legislativo es de elección popular directa. El resto de los poderes son elegidos de forma indirecta por la propia Asamblea. En el Parlamento convergen las distintas corrientes de pensamiento y posiciones políticas que son la columna vertebral de la democracia. El Parlamento es diversidad y diversidad es democracia. Y la AN actualmente en ejercicio representa la diversidad con los votos frescos de más de 8 millones de venezolanos que la eligieron el 6D. De manera que, en pocas palabras, Nicolás estaría disolviendo la mismísima voluntad popular.

De lo anterior se colige que Nicolás representa a un gobierno en guerra con su propio pueblo (a diferencia del de Fujimori cuya guerra era contra una amenaza al pueblo). De esto no solamente existe la evidencia especulativa emanada de análisis como el presente. Hay evidencias muy tangibles como la desbocada represión, los sucesos de Villarosa en Margarita, la Toma de Caracas el 1S y el reciente anuncio de que, en un país literalmente acosado por el hambre y la escasez de medicinas, el Ejecutivo destinó $25 millones, no a comprar comida y medicamentos para la depauperada población, sino a la compra de equipos antimotines de la PNB. O sea, el remedio del régimen a los padecimientos del pueblo no es satisfacer las necesidades del mismo, sino apertrechar a los esbirros que sofocarán los brotes de protesta de una población desesperada.

La FAN no está conformada por extraterrestres. Su oficialidad y efectivos provienen de la sociedad. En este sentido, es un reflejo de la misma sociedad. Los parientes de nuestros militares requieren medicinas, harina o papel tualé tanto como el resto de la población. Así que los soldados conocen de primera mano la miseria que está padeciendo el venezolano gracias al estruendoso fracaso de la revolución bolivariana. Esos mismos militares que impidieron al general Padrino y al gobierno de Nicolás ejecutar el fraude y desconocer el triunfo opositor el 6D, hoy tienen muchas más razones para colocarse del lado del pueblo y no del dictador, de la misma manera que los reductos de sensatez dentro del chavismo.

Las probabilidades de que el chavismo prefiera entregar las cabezas de la hez que lo desacredita, como Nicolás y Cabello, para impedir su muerte política son muy altas. Deslastrarse y argumentar que “traicionaron el legado de Chávez” (falacia, pues Nicolás es precisamente el legado de Chávez, pero útil a sus fines) es su única oportunidad de salvación. Es muy probable también que tal maniobra la ejecute antes de que se produzca un revocatorio que revelaría las cifras reales de rechazo al chavismo y significaría una debacle sin recuperación. Ojalá que algún remanente de razón exista en las filas del PSUV y de la FAN que llame a impedir el Madurazo; un golpe que arrojaría terribles consecuencias, más para el oficialismo y las facciones militares que lo apoyaren, que para el pueblo (algo que ya saben civiles y militares que se han distanciado del gobierno, como Alcalá Cordones, Rodríguez Torres, Héctor Navarro y otros). Porque los pueblos nunca mueren, los gobiernos sí.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

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