viernes, 30 de septiembre de 2016

Atavismo totalitarista





El totalitarismo es característico de todo fascismo, tanto de derecha como de izquierda. Por ser una forma de fascismo, el marxismo-leninismo es totalitarista –sí, aunque sea un lugar común, los extremos se tocan-. Ambos enfoques colectivistas se basan en el control por parte del Estado de todos los aspectos de la vida en sociedad. Desde la economía hasta la educación, pasando por el entretenimiento y las artes, son objeto de la planificación y supervisión estatal centralizada.

El pensamiento fascista totalitarista tiene consecuencias tan trágicamente ridículas que caen en lo risible. En días recientes escuchamos a Freddy Bernal dirigiéndose a una exigua audiencia de “simpatizantes” oficialistas (una especie en peligro de extinción) anunciando que el régimen planifica una Navidad feliz en 2016, que incluirá la repartición de perniles de cochino en la bolsas del CLAP y que ha fijado una meta de producción de 40 millones de hayacas para el mes de diciembre. ¡El Estado fascio-marxista planifica hasta el número de las navideñas hayacas que comerán los venezolanos!

Por cierto, la cifra de 40 millones de hayacas se traduce en que cada uno de los 30 millones de venezolanos podrá disfrutar un total de ¡1,3 hayacas en todo el mes de diciembre! ¡Ni siquiera dos hayacas en 31 días! En tiempos idos no tan lejanos, hasta el hogar más pobre podía ofrecer a sus miembros al menos una hayaca al día. Si cada venezolano comiera una sola hayaca diaria harían falta 900 millones de hayacas. Es decir, Bernal se jacta de satisfacer apenas el 4% de lo que el pueblo alguna vez disfrutó y de lo que aún disfrutaría de no existir la ruina socialista.

Pero los fascistas que tienen la mirada orwelliana de un difunto vigilando los pasos de cada ciudadano en Venezuela no se detienen en la planificación de los manjares durante las Pascuas. Por ejemplo, justifican la hegemonía estatal en el uso de las ondas radioeléctricas y la extorsión a la que someten a los pocos medios independientes que aún sobreviven, negándoles la renovación de sus concesiones. Los representantes de un gobierno que monopoliza la casi totalidad de los medios radiales y televisivos y que hasta Internet pretende controlar para imponer su pensamiento único y así satisfacer sus intereses totalitaristas, alegan que el Estado está obligado a impedir que un dueño de algún medio pueda emitir sus opiniones atendiendo a sus intereses particulares.

Y van todavía más allá. Escuchamos al Jefe de la Fracción Parlamentaria del PSUV argumentar que la Asamblea Nacional se había convertido en un poder inconveniente e incómodo, ya que se había desviado de sus funciones enfrentándose a los demás poderes. Es decir, la visión totalitaria atávica del marxista le hace concebir una democracia en la que todos los poderes responden a un pensamiento único. Rodríguez niega la razón de ser, la esencia del sistema de división e independencia de poderes. Y niega la esencia de todo parlamento que por definición es un poder deliberante, crítico y contralor, como debe ser en el Estado de Derecho: todo poder está obligado a ser crítico e incluso enfrentar a los demás cuando violan derechos constitucionales, ciudadanos o legales, pues es la crítica el fundamento de su función contralora que a su vez es garante del equilibrio entre los órganos del Poder Público y del respeto a los derechos de la ciudadanía.

Pero es que el totalitarismo atávico del fascista marxista solamente le permite concebir poderes subordinados al Ejecutivo obedientes a su pensamiento único. Después de todo, la división de poderes define al Estado Liberal Burgués, y como es sabido, todo lo “burgués” es enemigo del pueblo (o sea, del comunista).

El totalitarismo atávico del marxista encuentra su razón de ser en la premisa básica en que se funda el pensamiento comunista: la tutela del pueblo al que considera minusválido en todo sentido, en especial, en lo intelectual. El marxista dice amar tanto al pueblo que se erige en un defensor que conoce aún mejor que el propio pueblo su voluntad y lo que más le conviene. El comunista se siente con derecho a proteger al pueblo hasta del propio pueblo. De esta manera, por ejemplo, vemos que el chavismo desconoce la autoridad, la representatividad y la legitimidad de la AN elegida por el pueblo en avalancha de votos el 6D, lo que es perfectamente lógico desde la óptica fascio-marxista que considera que cuando el pueblo votó masivamente eligiendo una AN con mayoría absoluta opositora, cometía un error debido a su incapacidad y minusvalía que el gobernante comunista está obligado a corregir en aras del bien del pueblo.

Ahora el pueblo clama a gritos desesperados por un referéndum revocatorio para sacar del poder al chavismo que ha depauperado, arruinado y llevado a la miseria al país y que ha violado toda clase de DDHH en ese proceso. Pero el paternal chavismo marxista totalitarista conoce mejor que el propio pueblo sus deseos e intereses, y por esto obstruye la realización de ese referéndum usando sus fieles esbirros del CNE y TSJ. El chavocomunismo sabe que en realidad el pueblo -que no sabe lo que le conviene- no quiere sacarlo del poder, razón por la que con triquiñuelas y subterfugios pospondrá el revocatorio hasta 2017, dando tiempo a Nicolás para que designe como Vicepresidente a algún Diosdado Cabello que asumiría la Presidencia una vez sea revocado, garantizando así la continuidad y perpetuación del chavismo totalitarista marxista ultracorrupto en el poder. Porque father knows best, el padre sabe lo que mejor le conviene al hijo.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

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