viernes, 19 de agosto de 2016

Pura lástima




Por casi dos décadas he sostenido que, de no ser por su extrema maldad, el chavista únicamente inspira risa y conmiseración en virtud de su déficit de ideas, de conocimientos, y de las leyendas, mitos y consignas que rigen su imaginación. Con Nicolás, especialmente y aún más que con su mentor galáctico, la risa tendía a predominar dadas las dimensiones de sus disparates e ignorancia. Pero al leer su reciente declaración con respecto al aumento general de salarios de 50% que acaba de decretar, la risa se borró de mi faz y sólo puedo sentir una profunda lástima. Lástima por él, lástima por el país.

No es un secreto que el chavismo siempre pretende reescribir la leyes de las Ciencias Económicas basándose en su visión marxista de la realidad. No es que sea innovador puesto que esa visión de la economía ya la tuvieron la fallida Unión Soviética, la otrora China comunista que ahora es capitalista y hasta sus amos cubanos que hoy buscan desesperados abandonar el comunismo y unirse al mundo capitalista, posiblemente bajo un capitalismo de Estado a la chinoise, pero capitalismo al fin.

Aunque sea un lugar común, vale insistir en que el comunismo tal como lo concibe el chavismo que pareciera estar descubriendo la rueda al pretender instaurarlo en Venezuela, siempre ha fracasado, siempre ha conducido a hambrunas, muerte y destrucción; y –también hay que decirlo- siempre ha enriquecido groseramente a los líderes comunistas que gobiernan. Jamás ha existido un experimento marxista en la historia que haya tenido éxito. ¿Por qué habría de tenerlo el chavismo, máxime siendo principalmente conformado por militares, ignorantes y choros?

En el primer semestre en la Facultad de Economía, en el curso inicial de Macroeconomía, nos enseñan que los aumentos generales de salarios tienen efectos inflacionarios, en general, afectan negativamente los beneficios laborales y deterioran distintos aspectos del nivel de vida del trabajador. Esto es cierto en una economía sana y productiva donde el nivel de empleo sea satisfactorio, pero es particularmente cierto y mucho más grave, en una economía enferma, estancada, inflacionaria e improductiva con un desempleo brutal como la venezolana actual. Sencillamente, el aumento salarial sube los costos de producción al subir el de uno de sus factores: el trabajo.

Y no es sólo la teoría. La experiencia mundial demuestra lapidariamente que siempre que hay aumentos salariales generales suben los precios de los productos. En Venezuela fue una verdad durante la era democrática y lo ha sido trágicamente en la era chavista. Quizás Nicolás no lo ha notado, pero cada vez que ha decretado un aumento salarial, en los días subsiguientes la inflación se ha incrementado por lo menos en el doble de la proporción de cada aumento. Claro está, tiene sus chivos expiatorios y culpa del efecto inflacionario a la oposición, los pelucones, la derecha canalla, los gringos, los judíos y hasta a Henry Ford y Nelson Rockefeller

Esta vez Nicolás hizo algo diferente. No trató de justificar el aumento de los precios a posteriori, sino culpando a priori a los mismos chivos expiatorios, a la misma constelación de malucos que siempre sabotean la labor de los comunistas en favor del pueblo. “¡Esta vez los sorprendí! Ahora dicen que la inflación aumentará más que el salario…”

Insiste el genio de Cúcuta (¿o será de El Valle, o de Los Chaguaramos, o de La Candelaria, o de Palotal, o de Varadero, o de cualquiera de los sitios en que el gobierno dice que nació?) en que la teoría (que en realidad es Ley Científica) esa de que se disparará la inflación con el aumento general de salarios es una mentira de la oposición. “¿Qué quieren? ¿Qué baje el salario? De acuerdo a esa teoría si bajo el salario, baja la inflación. iMentira!, manipulación, falsedad”. Bueno, es claro que el virrey cubano nunca ha escuchado hablar de deflación…

Mucha lástima, mucha conmiseración, mucho dolor. Escuchar una mente que no pudo desarrollarse, en la que no floreció el conocimiento, una mente jamás beneficiada por la inteligencia,  una mente desperdiciada, indigente intelectual, es siempre una experiencia triste y dolorosa. Pero si esa mente pertenece al hombre que, a causa del resentimiento de un psicópata alienado y lleno de odio, le fue impuesto a unos irresponsables fanáticos que le dieron su voto, la lástima y el dolor se potencian. Cuando esa mente minusválida pertenece al responsable de conducir el país y de su futuro y el de nuestros hijos, la lástima y el dolor alcanzan una magnitud pavorosa. Lástima y dolor por quien casi que por accidente estuvo en el lugar y momento adecuados para acceder a un cargo al que jamás hubiera llegado sin el apoyo de sus amos cubanos y sin adular al líder narcisista mesiánico y corrupto que lo patrocinó; únicos méritos que llevaron a un incapaz semianalfabeta y cuasioligofrénico a ocupar el más alto cargo del país. Lástima y dolor por Venezuela y por el futuro de sus hijos. Ante eso ya es imposible reír.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe



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