viernes, 5 de agosto de 2016

¿Psicosis o cinismo?





A lo largo de 17 años de gobierno chavista muchos nos hemos preguntado repetidas veces si los capos del chavismo están desvinculados de la realidad o simplemente son cínicos (plausible posibilidad pues el cinismo es muy característico de personalidades psicopáticas). La mentira, la pretensión por parte del liderazgo revolucionario de que el pueblo es tonto, ha sido recurrente durante esa era. Y como es propio del fascismo, con un discurso desde el poder del Estado que pretende proyectar una versión de la realidad distinta conveniente a los intereses particulares de los gobernantes.

Así, los vimos tantas veces incurrir en el absurdo de, por ejemplo, amenazar con tomar las armas en nombre y con apoyo del pueblo en caso de perder elecciones. ¿Acaso las elecciones no las perderían justamente porque ese pueblo votaría en su contra? ¿Cómo podían invocar la protección de un pueblo y contar con su apoyo si ese mismo pueblo les había negado su voto que prefirió otorgarles a otros?

O vemos que mientras adoran a un cadáver –“¡Chávez vive, la lucha sigue!”- cuyos ojos ubicuos vigilan a la ciudadanía desde edificios, oficinas públicas y hasta vestimentas; a un cadáver cuyo cumpleaños lo celebran como de cuerpo presente; a un cadáver que mantienen embalsamado y en exposición para idolatrarlo, acusan de necrofilia a los adversarios políticos.

O boquiabiertos somos testigos de sus acusaciones contra la oposición por delitos cambiarios, por el otorgamiento fraudulento de divisas, la apropiación indebida de miles de millones de dólares preferenciales por medio de empresas de maletín a través de CADIVI ¡cuando es el chavismo el único que ha administrado CADIVI, CENCOEX y todo el aparato estatal de control de cambio en 13 años! ¡La oposición tiene casi 20 años fuera del poder!

¡Y cuando culpan a la oposición de las fallas del sistema eléctrico que supuestamente el cadáver Galáctico rescató de la ruina! Es decir, cuando no responsabilizan a las iguanas y rabipelados de la CIA por esas fallas.

Hoy, por enésima vez, se repite la historia. Diosdado Cabello amenaza con disolver la misma AN que el pueblo eligió por avalancha de votos el 6 de diciembre pasado porque –aunque las encuestas dicen que es una de las instituciones más respetadas por el venezolano- está de espaldas al pueblo; ese mismo pueblo que actualmente rechaza en un 90% a la dictadura chavista. ¡Cabello asegura que tomará los fusiles junto a ese pueblo que lo detesta y los dirigirá contra “la derecha” de la AN recién elegida por los venezolanos!

Cabello habla de un supuesto conflicto de poderes propiciado por el propio chavismo. Una vez elegida la nueva AN con mayoría opositora en diciembre, designó a dedo y a la carrera magistrados para un TSJ que funge como bufete particular del régimen chavista. Este TSJ ha pasado a ser el verdugo de la AN. Un órgano de elección indirecta (además elegido en violación de las disposiciones constitucionales) como el Tribunal Supremo, un apéndice del PSUV, es el instrumento del Poder Ejecutivo encargado de destruir el parlamento elegido de forma directa y aplastante por el pueblo de Venezuela.

La destrucción del parlamento es la destrucción absoluta de la democracia y de sus vestigios. El Poder Legislativo es la esencia misma de la democracia. Es el ámbito en el que se encuentran los diversos sectores de la sociedad para discutir, debatir y deliberar acerca de los problemas nacionales, y legislar en consecuencia. El Ejecutivo es, en contraposición, monolítico y la negación de la diversidad. Representa el pensamiento único de un solo sector (valga la redundancia) o partido político de la sociedad. En este sentido, un sistema sin parlamento o con un parlamento servil del Ejecutivo no es democracia, es dictadura.

La posición de la dictadura expresada en las palabras de Cabello o en las de Jorge Rodríguez quien, además de demoler la AN plantea ilegalizar a la MUD, se inscribe dentro de la última tendencia de las dictaduras y totalitarismos de este siglo, llamados de izquierda. Es el caso de la Rusia de Putin, de la Turquía de Erdogan y de la Nicaragua de Ortega. El aplastamiento del Parlamento en favor del empoderamiento del Poder Ejecutivo. En el mejor de los caso, el establecimiento de un parlamento al servicio de los caprichos de la Presidencia.

En Venezuela, la instauración de la llamada democracia directa, en la que el Poder Ejecutivo, supuestamente, representa a un pueblo que a su vez está conformado en realidad por organismos estatales creados por el mismo ejecutivo, como es el caso de las comunas y el tal Parlamento Comunal inexistentes en la Constitución, requiere la destrucción de la AN y su sustitución con un órgano ilegítimo al que falsamente se le atribuye representación del pueblo. Es decir, la instauración de un sistema presidencialista a ultranza como el cubano, en el que todo el poder que en el papel y de la boca para afuera se le atribuye al pueblo realmente lo detenta un solo hombre, el dictador.

El chavismo sólo cree en elecciones si las va a ganar, bien sea legítimamente, o como es la regla en los últimos años, con fraude. Pero las próximas elecciones, el Referéndum Revocatorio, ni con fraude las puede ganar. El repudio del pueblo venezolano a Nicolás Maduro y el chavismo es tan formidable, que la única salida que le resta al gobierno es impedirlo o dilatarlo con triquiñuelas, tal como ha venido haciendo.

Impedir o postergar el Revocatorio apelando a subterfugios artificiosos traicionando la voluntad popular coloca al régimen aún más fuera de la Ley. Si ya hoy en razón de las violaciones de Derechos Humanos, del irrespeto a la separación de poderes y en general, de todos los desmanes y atropellos cometidos por el Ejecutivo y sus dependencias del Poder Judicial, Moral y Electoral, así como de sus esbirros de la FANB, la dictadura está al margen de la Ley y enfrenta sanciones de la OEA y Mercosur, por ejemplo; burlando la voluntad del pueblo que casi en su totalidad exige Referéndum Revocatorio se coloca en una más grave posición de ilegalidad e inconstitucionalidad que amerita con más motivos la activación de sanciones por parte de organismos internacionales y del artículo 350 de la Constitución Nacional.

Aunque es claro que el chavismo parece haber perdido consciencia de que agoniza hundido hasta el cuello en sus propias heces no solamente por sus crímenes contra el pueblo venezolano, sino por los señalamientos que lo relacionan con narcotráfico, terrorismo y lavado de capitales, y además a causa del rechazo casi unánime de la población, es decir, de que en algún grado está desvinculado de la realidad, también es cierto que las amenazas, mentiras y disparates de sus líderes obedecen al cinismo de psicópatas criminales dispuestos a cualquier delito para la consecución de sus ambiciones egoístas y su perpetuación en el poder. Se equivocan.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

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