lunes, 22 de agosto de 2016

Marcha de la libertad



Durante más de 200 años el Imperio Británico ejerció un dominio brutal y sanguinario sobre su colonia de la India que terminó en 1947 con la independencia. Los actos de protesta no violenta, ayunos y la desobediencia civil liderados por Mohandas Gandhi jugaron un papel decisivo en la lucha independentista india. Y dentro de esos actos de desobediencia civil, el más famoso de la historia de la civilización por su poderoso simbolismo y porque fue determinante en lograr la libertad de 400 millones de hindúes, fue la Marcha de la Sal.

El gobierno británico prohibió al pueblo la producción tanto doméstica como industrial de sal y se la reservó exclusivamente para garantizarse su producción y comercialización monopólicas, con el consiguiente lucro desproporcionado. La sal era vital en el calurosísimo subcontinente indiano para evitar la muerte por deshidratación y otros problemas de salud; además, era indispensable para la conservación de carnes y comida. El ciudadano indio se veía obligado a comprar a los ingleses por precios onerosos este producto de primera necesidad que antes era gratuito y producido domésticamente por evaporación de agua de mar. Como medida de protesta y presión, el Mahatma Gandhi decidió convocar a una gran marcha de 300 km hasta la costa para recoger la sal que se producía naturalmente al evaporarse el agua marina.

El 12 de marzo de 1930 Gandhi arrancó a caminar desde su ashram con un grupo de periodistas y miles de seguidores. La marcha fue creciendo a lo largo de su recorrido, hasta que el 5 de abril arribó a la orilla del Océano Índico. Al llegar, caminó unos metros adentrándose en la playa, recogió una piedrita de sal y se la guardó. La multitud lo imitó. Eventualmente la noticia se difundió por todo el país y a los pocos días a lo largo y ancho de la geografía india, los ciudadanos desafiantes producían sal evaporando agua de mar a la manera en que lo  hacían antes de la llegada de los colonialistas ingleses.

Al pueblo de Venezuela le llegó el momento de recoger la sal. De marchar desobediente “hasta la orilla del mar” para darle un giro a la historia. Es indudable que el 1ro de septiembre constituye un punto de inflexión que será determinante en el derrocamiento de la agonizante dictadura chavomadurista. No quepa duda, el devenir histórico -¿o habrá sido la mano de Dios?- condujo al pueblo venezolano a esa encrucijada que en realidad es la oportunidad dorada para fulminar al moribundo chavismo, lograr la libertad y será el más brillante momento de la historia del otrora gran país.

Lamentablemente, Venezuela no cuenta con un líder decidido y valiente como Mohandas Gandhi. El liderazgo opositor ha demostrado ser timorato cuando no colaboracionista. La Asamblea Nacional elegida el 6 de diciembre de 2015 con una aplastante mayoría y que contó con un creciente apoyo popular aún mayor, sucumbió al dominio de la bota militar por intermedio de los poderes Judicial y Electoral chavistas.

Ese liderazgo titubeante, temeroso y quién sabe si colaborador, desperdició el avasallante soporte popular y decidió emprender de forma exclusiva la senda riesgosa, procelosa, accidentada y favorable al chavismo del Referéndum Revocatorio, soslayando vías más expeditas, blindadas, incontestables y efectivas como la destitución en razón de la nacionalidad del dictador propuesta por Enrique Aristeguieta Gramcko, entre otros.

Pero aun entendiendo las ventajas de la ruta de la doble nacionalidad para sacar a  Maduro y al chavismo de  Miraflores, misma que no es excluyente con respecto a la efectivamente adoptada, todos decidimos trabajar y hacer lo que estuviera a nuestro alcance para que la peligrosa y muy ventajosa para el chavismo solución del revocatorio tuviera éxito.

A pesar de las taras que presenta el liderazgo opositor en esta desigual lucha contra el poder maligno de la dictadura castrochavista -gavilla de malhechores que luego de saquear hasta el último dólar a la nación, de haber dejado sin comida ni medicinas a un pueblo que arrojó a la miseria y mantiene secuestrado sin haber construido ni una sola obra de importancia a su paso de 18 años por el poder- la causa democrática cuenta con algo infinitamente mejor que un Gandhi: la voluntad férrea de un pueblo heroico que libertó cinco países y que ha decidido, por fin, no arrodillarse ante la bota militar.

El 1ro de septiembre toda Venezuela se levantará para protestar y desobedecer. A lo largo y ancho del país protestará y marchará. En Caracas se concentrará la más populosa marcha que haya conocido la humanidad. Si el 11 de abril de 2002 lo logró, esta vez lo repetirá con creces y seguro de que no habrá traidores oportunistas para arrebatarle esta decisiva nueva victoria. Las calles, túneles, puentes, carreteras, transporte público y el Metro cerrados por el oficialismo cobarde que esconderá así la cabeza igual que el avestruz una vez más, como si tapándose los ojos desapareciera la realidad, lejos de ser obstáculos funcionarán como estímulo para ese pueblo invencible que, por cierto, no goza de la opción de evadir la lucha y quedarse en casa; y serán sin lugar a equívocos, la confesión más diáfana y contundente ante el mundo de que el pueblo lo derrotó. El futuro de sus hijos depende de la activación de todos en esta última oportunidad de vencer al mal.

El 1ro de septiembre el pueblo de Venezuela le advertirá al chavismo las suicidas consecuencias de bloquear el Referéndum Revocatorio. En un preludio con carácter de referéndum de calle, hará una demostración de fuerza reclamando un derecho que le garantiza la Constitución –el de expresar oportunamente su voluntad con el voto y de que esta sea facilitada y no obstaculizada por el Estado-. De un derecho cuya conculcación constituye delito de lesa humanidad.

Marchando el 1ro de septiembre el pueblo tiene todas las de ganar y nada que perder. Será la oportunidad que tendremos los venezolanos –cada uno de nosotros individualmente- de hacer historia. Será una gesta no solamente comparable a la de la India de Gandhi, sino a la de Europa contra el fascismo en la Segunda Guerra Mundial. Pasaremos a la historia con aquellos que también lograron antes que nosotros el triunfo del bien sobre el mal. Porque –no se engañen- en Venezuela se libra la primera lucha de la humanidad entre el bien y el mal del siglo XXI.

Y triunfará el bien, porque el mal no tiene la más mínima probabilidad de ganar si todos unidos participamos.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

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