jueves, 25 de agosto de 2016

Hora decisiva





“Lo contrario del amor no es el odio, es la apatía”
Rollo May
“El lugar más oscuro y recóndito del infierno está reservado para quienes en momentos de crisis permanecen neutrales”
Dante Alighieri
“Cuando lo que se tolera es la maldad, la tolerancia es un crimen”
Thomas Mann

A lo largo de la historia del hombre han sido muchas las ocasiones en que se han enfrentado el bien y el mal. Es natural si tomamos en cuenta que el bien y el mal son parte de una sola realidad, dos caras de una misma moneda. El bien y el mal conforman expresiones de una sociedad humana, tanto como lo hacen en la personalidad de un individuo. El lado brillante y el lado oscuro, el bien y el mal, del ser humano conviven entrelazados en una sola persona y en una sola realidad.

Pero ocasionalmente se produce una suerte de escisión que lleva al enfrentamiento de estas dos caras de la moneda, del bien y del mal. En el caso del surgimiento del chavismo el lado oscuro de la sociedad venezolana afloró y pretendió dominar el todo. Con su discurso, el diablo galáctico pretendió dividir –que es la función de toda mente diabólica1-, cosa que logró temporalmente para alcanzar sus metas egoístas propias de psicópata (hoy todas las encuestas prueban que no lo logró y que existe una unión casi monolítica, 95%, en torno al rechazo al régimen chavista).

No debe entenderse que el resentido supremo de Sabaneta dividió de tal manera que de un lado quedaron los buenos y del otro los malos. Más bien la disociación operó en la psiquis colectiva de la sociedad separando el lado bueno y el lado malo de todo venezolano, de la venezolanidad y de la propia sociedad concebida como una unidad. Esto no excluye que en el chavismo se concentró lo peor de esa sociedad (los peores militares, los peores delincuentes, los peores abogados, los peores políticos, los peores asesinos, los peores pensadores) buscando bajo la excusa de una pseudo revolución únicamente poder y lucro personal desmedido. La evidencia patente en las riquezas súbitas y groseras de los jerarcas y boligarquía unida a la ausencia de obras en los 18 años de dominio chavista, corrobora este último aserto.

En la guerra de la civilización contra el fascismo y nazismo desatada en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, se enfrentaron el bien y el mal. Lo mismo sucedió en la Guerra Fría contra el comunismo soviético. Otro tanto vimos en la Camboya de Pol Pot. También en la China de Mao, de la Reforma Agraria, del Gran Salto Adelante y de la Revolución Cultural. Lo hubo en la Masada del Antiguo Testamento, y en la guerra contra el terrorismo islamista shiita de Al Caeda y sunita del Estado Islámico.

Ni el bien es absolutamente bueno ni el mal es absolutamente malo. Nadie puede negar que el nazismo alemán y el fascismo militarista japonés representaban el mal. Pero fue necesario bombardear ferozmente a Alemania y arrojar dos bombas atómicas en Japón, matando a millones de inocentes, para detener la avanzada del mal. Es decir, el bien recurrió al mal para imponerse, lo que en sí mismo constituye disociación psicótica en la opinión de Jung.

Algo indiscutible es que la derrota del mal requiere de la participación de todos y de la unión monolítica de las fuerzas del bien. No hay cabida ni para la apatía ni para la cobardía ni para la neutralidad. Esto lo han demostrado los ancianos y enfermos –aun terminales- que hasta en sillas de rueda han ido a votar en contra del chavismo, a plasmar su rúbrica y a validar su firma para el Referéndum Revocatorio hasta en las condiciones más adversas con el objeto de salvar a generaciones futuras del mal representado por la pseudo revolución chavista dizque bolivariana. Y lo están demostrando el sacerdote Lenín Bastidas y los indígenas de Amazonas que desde remotos estados caminan heroicamente hacia Caracas para participar en la marcha del 1º de septiembre.

Ningún venezolano, nadie en este mundo globalizado del siglo XXI, debe albergar la más mínima duda: en Venezuela existe un enfrentamiento entre el bien y el mal. Apatía, cobardía y neutralidad son los verdaderos contrarios del amor –del amor a la patria, al prójimo, a los hermanos compatriotas, a los amigos, a la pareja, a la familia y a los hijos, en este caso- y los principales, mejores y más poderosos aliados del mal. Sin apatía, sin cobardía, sin neutralidad el mal no puede sobrevivir, no puede existir. La participación de todos unidos, resueltos y valientes garantiza la derrota del mal.

De manera que ningún habitante de esta generosa tierra que está carcomida por la maldad de unos pocos delincuentes de alta peligrosidad –para Venezuela y para la humanidad-, representantes del mal que mantienen como rehén a la población entera con el único objeto de perpetuar el saqueo de lo que hasta hace menos de dos décadas fue un país, goza de la opción de quedarse empantuflado en su casa, de voltear la mirada hacia otro lado, de tener miedo, de declararse neutral, de “hacerse el loco”, pues su insensibilidad no será más que desamor por el futuro, por los hijos, por el país –algo mucho peor que el odio-. Pero sobre todo, porque no participar en la protesta del 1º de septiembre los hará cómplices del mal, agentes del mal y corresponsables ante Dios y ante la historia de la tragedia y muerte –incluso de niños-, del genocidio que por hiperinflación, escasez de comida y medicinas, y por inseguridad hoy, y quién sabe si por métodos de exterminio mucho más directos mañana, está teniendo lugar en Venezuela.

Llegó la hora decisiva.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

1 La palabra "diablo" viene de diabolos y diabolein del Griego Antiguo y significa "el que divide, desgarra". "Satán", del hebreo antiguo, usada en la Biblia, tiene el mismo significado.

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