jueves, 11 de agosto de 2016

De espaldas al pueblo





El oficialismo, principalmente en las voces de Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez, ha manifestado de todas las maneras posibles que no habrá referéndum revocatorio en 2016. Rodríguez ha ido más lejos declarando que ni en 2017 tendrá lugar.

Cabello declaró recientemente que no solamente no habrá revocatorio, sino que disolverá la Asamblea Nacional y tomará los fusiles junto al pueblo en contra de la oposición por “estar de espaldas al pueblo” (el mismo pueblo que eligió por avalancha ese nuevo parlamento y que de forma unánime pide revocatorio para sacar al chavismo del poder). Por su parte, el psiquiatra del horror Rodríguez, además, amenaza con ilegalizar a la MUD. Claro está, tal como ha sido su costumbre a lo largo de 17 años, el chavismo invoca al pueblo para atropellar al mismo pueblo, burlar la voluntad del pueblo y hasta asesinar al pueblo (¿acaso en Venezuela no manda el pueblo según la propaganda oficial?).

Un régimen que enfrenta cerca de 90% de rechazo; un régimen militar (dizque cívico-militar) con unas FANB que apenas gozan de 30% de aprobación popular; un régimen del cual casi el 90% de la población pide desesperado su salida del poder por medio de un referéndum revocatorio; pretende fulminar a una AN elegida con el 60% de los votos y cuyo nivel de respaldo se ha elevado a más de 75%.

Quizás lo más grave es que la dictadura intenta desconocer y burlar la voluntad popular recurriendo a formalismos y cuestiones adjetivas. (Falsamente) una Tibisay Lucena subordinada a Jorge Rodríguez como toda Venezuela sabe, nos cuentea con que los plazos “no dan” para hacer el revocatorio. Que si hay que hacerlo en 90 días cuando esos 90 días son un máximo que le permite la Ley al CNE, quien pudiera realizarlo con un solo día de plazo si así lo decidiera. Es de advertir que tanto el gobierno como la autoridad electoral están obligados a ejecutar con la mayor celeridad los procesos conducentes a que el pueblo se exprese, no a obstaculizarlos, lo que constituiría la violación de derechos fundamentales y humanos.

Así, excusas meramente formales y adjetivas (para no decir pueriles y pendejas, también), como plazos y procedimientos, además de sentencias chimbas de un TSJ sucursal del PSUV, son esgrimidas en contra de la cuestión sustancial y principal: la voluntad popular que desea referéndum revocatorio de forma inmediata y la defenestración del chavismo. Es muy claro que el pueblo venezolano hoy no sólo rechaza a Nicolás, sino a todo lo que signifique chavismo. El pueblo no es tonto como siempre lo han pensado los revolucionarios, comenzando por el choro galáctico. El pueblo sabe que si el revocatorio no se realiza en 2016 sino en 2017 como anuncia la señora Lucena, un vicepresidente chavista asumirá la Presidencia de la República. Y los venezolanos en pleno somos contrarios a la perpetuación del chavismo en el poder, rechazamos absolutamente la idea de un Diosdado, o Rodríguez, o Aristóbulo, o Cilia ocupando la silla presidencial.

Es cuestión de jerarquía. No es admisible oponer a algo medular, a un interés superior y colectivo como lo es la voluntad del pueblo de salir de una vez por todas del ruinoso, hambreador, corrupto, criminal y traidor chavismo; a la voluntad de hacer un referéndum ya, leguleyerías, triquiñuelas, interpretaciones descabelladas y caprichosas de normas. Más aún, si las normas, inclusive siendo legítimas, obstaculizaran los deseos del pueblo, sería obligación de los órganos del poder político, Poder Judicial, Moral y Electoral, rectificarlas e interpretarlas para adaptarlas a las necesidades del pueblo, el colectivo, y favorecerlo, jamás perjudicarlo manipulándolas para proteger a una minoría que gobierna traicionando a ese pueblo.

Paradójicamente en apariencia, no me canso de decirlo, es la pronta realización del referéndum revocatorio, permitir la expresión del pueblo oportunamente, la única posibilidad de salvación para lo que es salvable del chavismo. Insistir en entorpecerlo o bloquearlo le negaría válvulas de alivio legítimas al profundo descontento popular, a la arrechera, y conduciría a una explosión de ira y vindicta de la que el chavismo saldría muy mal parado. Se trata de una lección que la historia ha enseñado repetidas veces con cuanto gobernante abusivo y opresor ha desobedecido o burlado el mandato popular. Horcas, cadalsos, paredones y hasta postes de alumbrado son testigos de ello.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

No hay comentarios:

Publicar un comentario