miércoles, 31 de agosto de 2016

Goebbels obsoleto


Este martes el chavismo convocó a una movilización en apoyo a Nicolás. Las imágenes transmitidas por la oficialista VTV (televisora del PSUV supuestamente de todos los venezolanos) mostraban una nutrida concurrencia, aunque hay que anotar que las tomas de cámara siempre eran desde un mismo ángulo: la tarima desde donde el dictador evacuaba su diarrea mental por sus fétidas y cloacales fauces.

En contraste, los videos que inundaban las redes sociales por Internet, filmados por los presentes en el sitio y desde edificios cercanos, mostraban una historia distinta:  un grupo pequeño de personas desplazándose hacia el punto de concentración y un número exiguo de “simpatizantes” –con toda probabilidad arreados bajo amenaza o contratados con recompensas- sentados y deambulando por la Plaza Caracas. Cero entusiasmo, muchos enfrascados en conversaciones privadas y sus propios asuntos, con los gritos del sátrapa, quien vociferaba rodeado de acólitos con rostros de velorio y una Cilia de sonrisa fingida muy forzada, de fondo.

Al tiempo de que en todo el territorio del país la dictadura desata una brutal represión arremetiendo sin brújula ni foco contra todo lo que considera amenaza, es decir, contra todo el que piensa distinto, Nicolás evacuó –no pronunció, evacuó- un discurso (perdone el lector cualquier asociación escatológica, pero ya es tarea imposible hablar de chavismo sin pensar en detritos) en el que amenazó, insultó, rezó, cantó, rogó, imploró, mintió, prometió toda clase de obras y misiones para el pueblo, ofreció cualquier cantidad de beneficios populares, pataleteó e hizo pucheros sin duda movido por el pánico ante la marcha opositora del 1S.

Quizás el recurso más burdo y desesperado de Nicolás en esa trágica ocasión para el chavismo, fue su imitación de su padre galáctico supremo. Las destempladas desafinaciones cantando como lo hacía el inefable Hugo, la tesitura de la voz, el timbre, la pronunciación, el fraseo eran fieles al original. Una imitación perfecta que debe despertar la más profunda envidia de Rolando Salazar.

Y sin ningún pudor. No tuvo ni dudas ni reservas para plagiar groseramente al centauro choro de Sabaneta cuando exclamó: “¡Mi vida ya no me pertenece, mi vida le pertenece al pueblo!” (Suponemos que al pueblo de Cuba o al de Colombia, porque el venezolano que lo rechaza en un 95% según todas las encuestas, no quiere saber nada de él), tal como vociferó el galáctico poco antes de que Dios se la quitara.

En cada frase que emanaba del albañal que desemboca en sus labios, por lo menos una vez aparecían las palabras “pueblo” y “patria”. Además de amenazar a la oposición con tomar las armas “junto al pueblo” si la Toma de Caracas devenía en golpe de estado, insistió repetidas veces en que solamente con Nicolás Maduro -el Presidente Obrero de prominente abdomen y doble papada- el pueblo tiene garantizado el poder político y económico del que goza actualmente. Conste que se refería al mismo pueblo que hace interminables colas para comprar las escasas comida y medicinas, que hoy está famélico –o escuálido, mejor- por el hambre causada por hiperinflación y desabastecimiento, y que escarba en los basureros para buscar sobras con qué alimentarse para sobrevivir precariamente.

Pero sobre todo, Nicolás mintió y mintió. Igual que lo hace Diosdado Cabello cuando denuncia la violencia opositora con un garrote en la mano. Como lo hacen Jorge Rodríguez, Aristóbulo Istúriz, Pedro Carreño y todos los jerarcas chavistas cuando denuncian golpes de estado y conspiraciones. Como lo hace hoy Jesús Farías cuando informa al pueblo que no tiene para comer y está siendo devorado por la inflación y la escasez, que “la economía se estabilizó” (se estabilizó en la ruina, como un cadáver se estabiliza en la muerte).

Cuando vemos a Nicolás y a la jerarquía chavista mintiendo reiteradamente de esa manera, repetir ad infinitum el cuento del amor y apoyo del pueblo; del amplio respaldo popular de que goza el gobierno; de las maldades ejecutadas por la oposición; de la Toma de Caracas por el pueblo opositor para quemarla y destruirla; de la salvación del país por obra del chavismo; de la construcción de la patria -que en realidad hoy cruza las patas- por parte de la revolución; de la independencia energética y alimentaria conseguida por el socialismo del siglo XXI; del fortalecimiento de PDVSA –la misma PDVSA que está en terapia intensiva y cada día produce menos petróleo-; del rescate de la agricultura y del sistema eléctrico nacional; de los logros de la revolución; de la Perrarina que comía el pueblo en la democracia y que hoy es incomprable por su precio;  de los planes subversivos de una oposición que no necesita ser subversiva debido al rotundo y notorio fracaso del régimen y de la total pérdida de su base popular; de los explosivos y demás material de guerra que supuestamente les encontraron –entiéndase sembraron- o les encontrarán a Yon Goicoechea, a Delson Guárate, a Lester Toledo, a Pancho y Gabo, a Carlos Melo, a David Smolansky; de la participación de Antonio Ledezma y María Corina en golpes de estado (recuérdese, aquí sólo los chavistas están autorizados para dar golpes de estado); de los crímenes cometidos por los presos políticos que no son presos políticos sino “políticos presos”; de los planes terroristas de Voluntad Popular y otros opositores; de la fulana “guerra económica” que sólo existe en el discurso de los jerarcas revolucionarios; de los delitos de la oligarquía, la burguesía y “los pelucones” en contra del pueblo; en fin de toda la sarta de mentiras con las que al más puro estilo fascista pretenden borrar la realidad y sustituirla por su versión “oficial” de la misma; nos recuerdan la frase de Goebbels (quien la aprendió de los soviéticos) “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”.

Pero esa idea goebbelsiana corresponde a un mundo en el que no existían Internet, YouTube, las redes sociales y el omnipresente e implacable teléfono inteligente con cámara que con sus imágenes no perdona intentos de mentir. La tecnología hizo obsoletos a Goebbels y a todos los métodos fascistas de dominación sustentados por la mentira. Mentir en la Era de la Globalización y la Informática es una imposibilidad absoluta.

Pero el chavismo, dinosaurio del Jurásico como todo comunismo marxista, se resiste a aceptar su condición de “cosa del pasado”, de especie extinta, de fracaso y error histórico, de cadáver político en estado de descomposición, e intenta desesperada e inútilmente sobrevivir únicamente sostenido con las armas y la violencia, soñando con un apoyo de la FANB y de un pueblo que perdió absolutamente. De una FANB que ya el 6D le dijo que estaba del lado del pueblo y que mañana tendrá muchísimas más razones para continuar del lado de ese pueblo, pues la situación del país se ha deteriorado vertiginosamente.

Goebbels murió, el fascismo marxista  murió, el chavismo murió. Y el pueblo venezolano renació en todo su esplendor, como se verá en la marcha del 1º de septiembre.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

lunes, 29 de agosto de 2016

¡Repriman, por favor!





Hugo Chávez pudo disfrazar y encubrir su represión a la oposición amparado en la ilusión de que la revolución bolivariana era exitosa, había encauzado a Venezuela en la senda del progreso y sacado a la mayor parte de la población de la pobreza; una ilusión de riqueza ejecutada con dádivas y sobornos, y financiada con petrodólares. La historia que su red de aliados nacionales e internacionales, así como él mismo, contaba al mundo era que una oposición sediciosa, delincuente y violenta conformada por los corruptos del pasado, la oligarquía y la burguesía pretendía arrebatarle al pueblo una revolución que le trajo prosperidad y felicidad. Así justificó persecuciones, despidos masivos, exclusión social, presos políticos, muertes, expropiaciones ilegales y destrucción.

Pero la realidad fue que los más grandes ingresos de la historia del país se esfumaron casi todos en gasto público, subsidios, corrupción, regalos y financiamiento de un formidable y complejo aparato de propaganda mundial, sentando así las bases de la mayor debacle económica sufrida por Venezuela. Con el desmantelamiento de la estructura económica, destrucción de la industria y la agricultura, obliteración de PDVSA y expropiaciones Hugo Chávez decretó el hundimiento de la economía, escasez e hiperinflación que vivimos en la dictadura de Nicolás Maduro y sus socios militares manejados todos por Cuba.

Al caer los precios del petróleo se develó la terrible mentira. La pobreza retornó de inmediato y con creces a cifras mucho peores que las que encontró el Comandante en 1999, mientras que la élite revolucionaria –familias enteras que venían de la pobreza- se hizo súbita e infinitamente rica. Quedaron al desnudo la destrucción del aparato productivo y de la economía. Salieron a la luz pública mundial los escándalos de corrupción, lavado de dinero, narcotráfico y terrorismo vinculados al gobierno chavista. Y se hizo patente la incapacidad como gobernantes del propio Chávez y sus herederos.

El descrédito de la jerarquía revolucionaria y su revolución fue total, además, inmensamente agravado por los señalamientos de delitos internacionales y de lesa humanidad. Ese planeta que aplaudía los desmanes y crímenes de Hugo Chávez ya no podía escudar sus simpatías con el supuesto éxito de la revolución. Hasta sus aliados más entusiastas  de la izquierda norteamericana y europea –en general, mercenarios pagados con la petrochequera- se vieron forzados a retirarle su apoyo o al menos, a marcar distancia prudentemente.

Los recientes acontecimientos en la OEA y el pronunciamiento de su Secretario General, las reacciones de antiguos aliados regionales,  la conducta de los países de Mercosur que se niegan a aceptar que Venezuela asuma  la presidencia del organismo, las declaraciones de funcionarios de la ONU en relación a violaciones de DDHH y la crisis humanitaria, las manifestaciones de políticos y expresidentes de todas las latitudes, los debates del Parlamento Europeo y las sanciones de EEUU son prueba del grado de aislamiento y orfandad que hoy viven la dictadura militar-civil chavomadurista y los capos del chavismo.

Hasta los llamados originarios del 4F, los Centauros de Chávez, se han pronunciado en contra del curso adoptado por la dictadura chavomadurista. Han sido notorias las declaraciones de generales como Clíver Alcalá Cordones y Miguel Rodríguez Torres; quienes como los civiles que también jugaron un rol clave en la destrucción y expolio del país, los casos de Héctor Navarro y Jorge Giordani, ahora marcan distancia del gobierno como si no tuvieran nada que ver con el desastre. El régimen encuentra rechazo adentro y afuera del PSUV.

Dentro de ese contexto de rechazo nacional (que ronda 95%) e internacional y de cara a la marcha convocada para el 1º de septiembre por la oposición, la reacción de la dictadura chavista ha sido arreciar la represión hasta niveles de barbarie criminal. Los jóvenes Pancho y Gabo -apresados sin justificación cuando participaban en el proceso de validación de firmas para el referéndum- y Daniel Ceballos fueron trasladados a cárceles para presos comunes de alta peligrosidad; Antonio Ledezma –aún aquejado de problemas graves de salud- fue llevado al penal militar de Ramo Verde; se develó una conspiración oficial para meter presos a los diputados Luis Florido y Freddy Guevara; Lester Toledo fue detenido y su casa allanada; y en el colmo de la imbecilidad (siempre se puede contar con la “inteligencia” militar para los autogoles, sin duda, una gran aliada) el régimen ordenó a sus cuerpos de seguridad, SEBIN y GNB, que interceptaran y detuvieran las marchas hacia Caracas de los indígenas de Amazonas liderados por el gobernador Liborio Guarulla, del sacerdote caminante solitario Lenin Bastidas desde Anzoátegui y de los minusválidos que partieron desde Barquisimeto en sillas de rueda, con el objeto de impedir su arribo a Caracas y su participación en la marcha del 1S.

Nicolás Maduro ha amenazado abiertamente con reprimir ferozmente la marcha del 1S, “Erdogan parecerá un niño de pecho”, dijo. Si lo hace de la misma manera en que amenazó con “ganar como sea”, tomar los fusiles con el pueblo y lanzarse a la calle a matar opositores, darles “candela con burundanga”, si la oposición ganaba las parlamentarias del 6D, entonces de nada hay que preocuparse.

Hay rumores de revuelo y huidas dentro del chavismo. Dicen que el general Padrino sacó la famila para Moscú vía España; que Jorge Rodríguez a la suya para Australia vía Colombia; que Diosdado Cabello envió a los suyos para España. Se habla de que otros jerarcas lo han hecho a EEUU y otros países. De ser cierto, caben dos hipótesis: que lo hacen por miedo a lo que sucederá luego de un inminente derrocamiento del régimen o para intimidar a la resistencia demostrando que sacan a sus familias porque están dispuestos a todo, a la violencia más extrema, a desatar Armagedón.

Ojalá fueran ciertas las conjeturas acerca de represión salvaje por parte de la dictadura. Sería el camino más expedito para su derrocamiento además de que excluiría toda posibilidad de rehabilitación del chavismo. Pero por más de que en efecto esté en los planes de las mentes psicopáticas que conducen el gobierno revolucionario, los venezolanos podemos confiar en que la satrapía no tendrá éxito ni podrá llevarla a cabo.

El chavismo no pudo ganar “como sea” el 6D por la sencilla razón de que el grueso de la FANB se opuso y amenazó a Vladimir Padrino, Ministro de la Defensa, con el objeto de impedir el fraude y actuar en consecuencia. Padrino tuvo que capitular y obligar a Nicolás y a Diosdado a aceptar la aplastante victoria opositora. Es indiscutible que la situación se ha deteriorado tremendamente para el gobierno desde entonces. De manera que se puede esperar que esa misma oficialidad de la FANB que impidió el fraude del 6D y obligó al régimen a aceptar la derrota apabullante, ahora se revele contra cualquier plan de reprimir letalmente la marcha del 1S. No existen fundamentos ni motivos para pensar que ese remanente de decencia en la FANB que detuvo al régimen en 6D haya decidido ahora retirarle su apoyo al pueblo y dárselo a los malandros gobernantes.

El gobierno sí cometerá las estupideces inútiles y autodestructivas tan propias de la “inteligencia” militar. Cerrará túneles, carreteras, avenidas, autopistas para impedir o entorpecer el flujo de manifestantes. Seguramente el Metro requerirá cierres “para mantenimiento”. No será sorpresa que “fallen” Internet, telefonía y quién sabe si electricidad. Pero todos esos obstáculos, como cualquier foco de represión que pudiera tener lugar, tendrán el triple efecto de ser la confesión ante el mundo de su talante totalitario brutal y sanguinario;  de su estruendosa derrota a manos del pueblo; y de fortalecer la determinación de la ciudadanía y a la causa democrática. Como dije, siempre se puede contar con la inteligencia militar.

En Venezuela, más que un problema político, al pueblo se le plantea un problema de supervivencia, pues lo que enfrentamos es el exterminio de toda la clase pensante, la decapitación de la sociedad al más puro estilo estalinista y maoísta, con el objeto de dominar. Felizmente la dictadura se ha definido como forajida y ya es claro para el orbe que los dictadores se están aferrando al poder no con el objeto de defender el bienestar popular, sino el de defender sus fortunas malhabidas, continuar con sus crímenes y evitar la justicia.

Y por tratarse ser un problema de supervivencia, todo venezolano, en especial aquellos sin vocación de zombie útil para los choros revolucionarios comunistas, deben participar el 1º de septiembre en la que promete ser la estocada final a la dictadura chavista.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe


jueves, 25 de agosto de 2016

Hora decisiva





“Lo contrario del amor no es el odio, es la apatía”
Rollo May
“El lugar más oscuro y recóndito del infierno está reservado para quienes en momentos de crisis permanecen neutrales”
Dante Alighieri
“Cuando lo que se tolera es la maldad, la tolerancia es un crimen”
Thomas Mann

A lo largo de la historia del hombre han sido muchas las ocasiones en que se han enfrentado el bien y el mal. Es natural si tomamos en cuenta que el bien y el mal son parte de una sola realidad, dos caras de una misma moneda. El bien y el mal conforman expresiones de una sociedad humana, tanto como lo hacen en la personalidad de un individuo. El lado brillante y el lado oscuro, el bien y el mal, del ser humano conviven entrelazados en una sola persona y en una sola realidad.

Pero ocasionalmente se produce una suerte de escisión que lleva al enfrentamiento de estas dos caras de la moneda, del bien y del mal. En el caso del surgimiento del chavismo el lado oscuro de la sociedad venezolana afloró y pretendió dominar el todo. Con su discurso, el diablo galáctico pretendió dividir –que es la función de toda mente diabólica1-, cosa que logró temporalmente para alcanzar sus metas egoístas propias de psicópata (hoy todas las encuestas prueban que no lo logró y que existe una unión casi monolítica, 95%, en torno al rechazo al régimen chavista).

No debe entenderse que el resentido supremo de Sabaneta dividió de tal manera que de un lado quedaron los buenos y del otro los malos. Más bien la disociación operó en la psiquis colectiva de la sociedad separando el lado bueno y el lado malo de todo venezolano, de la venezolanidad y de la propia sociedad concebida como una unidad. Esto no excluye que en el chavismo se concentró lo peor de esa sociedad (los peores militares, los peores delincuentes, los peores abogados, los peores políticos, los peores asesinos, los peores pensadores) buscando bajo la excusa de una pseudo revolución únicamente poder y lucro personal desmedido. La evidencia patente en las riquezas súbitas y groseras de los jerarcas y boligarquía unida a la ausencia de obras en los 18 años de dominio chavista, corrobora este último aserto.

En la guerra de la civilización contra el fascismo y nazismo desatada en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, se enfrentaron el bien y el mal. Lo mismo sucedió en la Guerra Fría contra el comunismo soviético. Otro tanto vimos en la Camboya de Pol Pot. También en la China de Mao, de la Reforma Agraria, del Gran Salto Adelante y de la Revolución Cultural. Lo hubo en la Masada del Antiguo Testamento, y en la guerra contra el terrorismo islamista shiita de Al Caeda y sunita del Estado Islámico.

Ni el bien es absolutamente bueno ni el mal es absolutamente malo. Nadie puede negar que el nazismo alemán y el fascismo militarista japonés representaban el mal. Pero fue necesario bombardear ferozmente a Alemania y arrojar dos bombas atómicas en Japón, matando a millones de inocentes, para detener la avanzada del mal. Es decir, el bien recurrió al mal para imponerse, lo que en sí mismo constituye disociación psicótica en la opinión de Jung.

Algo indiscutible es que la derrota del mal requiere de la participación de todos y de la unión monolítica de las fuerzas del bien. No hay cabida ni para la apatía ni para la cobardía ni para la neutralidad. Esto lo han demostrado los ancianos y enfermos –aun terminales- que hasta en sillas de rueda han ido a votar en contra del chavismo, a plasmar su rúbrica y a validar su firma para el Referéndum Revocatorio hasta en las condiciones más adversas con el objeto de salvar a generaciones futuras del mal representado por la pseudo revolución chavista dizque bolivariana. Y lo están demostrando el sacerdote Lenín Bastidas y los indígenas de Amazonas que desde remotos estados caminan heroicamente hacia Caracas para participar en la marcha del 1º de septiembre.

Ningún venezolano, nadie en este mundo globalizado del siglo XXI, debe albergar la más mínima duda: en Venezuela existe un enfrentamiento entre el bien y el mal. Apatía, cobardía y neutralidad son los verdaderos contrarios del amor –del amor a la patria, al prójimo, a los hermanos compatriotas, a los amigos, a la pareja, a la familia y a los hijos, en este caso- y los principales, mejores y más poderosos aliados del mal. Sin apatía, sin cobardía, sin neutralidad el mal no puede sobrevivir, no puede existir. La participación de todos unidos, resueltos y valientes garantiza la derrota del mal.

De manera que ningún habitante de esta generosa tierra que está carcomida por la maldad de unos pocos delincuentes de alta peligrosidad –para Venezuela y para la humanidad-, representantes del mal que mantienen como rehén a la población entera con el único objeto de perpetuar el saqueo de lo que hasta hace menos de dos décadas fue un país, goza de la opción de quedarse empantuflado en su casa, de voltear la mirada hacia otro lado, de tener miedo, de declararse neutral, de “hacerse el loco”, pues su insensibilidad no será más que desamor por el futuro, por los hijos, por el país –algo mucho peor que el odio-. Pero sobre todo, porque no participar en la protesta del 1º de septiembre los hará cómplices del mal, agentes del mal y corresponsables ante Dios y ante la historia de la tragedia y muerte –incluso de niños-, del genocidio que por hiperinflación, escasez de comida y medicinas, y por inseguridad hoy, y quién sabe si por métodos de exterminio mucho más directos mañana, está teniendo lugar en Venezuela.

Llegó la hora decisiva.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

1 La palabra "diablo" viene de diabolos y diabolein del Griego Antiguo y significa "el que divide, desgarra". "Satán", del hebreo antiguo, usada en la Biblia, tiene el mismo significado.

lunes, 22 de agosto de 2016

Marcha de la libertad



Durante más de 200 años el Imperio Británico ejerció un dominio brutal y sanguinario sobre su colonia de la India que terminó en 1947 con la independencia. Los actos de protesta no violenta, ayunos y la desobediencia civil liderados por Mohandas Gandhi jugaron un papel decisivo en la lucha independentista india. Y dentro de esos actos de desobediencia civil, el más famoso de la historia de la civilización por su poderoso simbolismo y porque fue determinante en lograr la libertad de 400 millones de hindúes, fue la Marcha de la Sal.

El gobierno británico prohibió al pueblo la producción tanto doméstica como industrial de sal y se la reservó exclusivamente para garantizarse su producción y comercialización monopólicas, con el consiguiente lucro desproporcionado. La sal era vital en el calurosísimo subcontinente indiano para evitar la muerte por deshidratación y otros problemas de salud; además, era indispensable para la conservación de carnes y comida. El ciudadano indio se veía obligado a comprar a los ingleses por precios onerosos este producto de primera necesidad que antes era gratuito y producido domésticamente por evaporación de agua de mar. Como medida de protesta y presión, el Mahatma Gandhi decidió convocar a una gran marcha de 300 km hasta la costa para recoger la sal que se producía naturalmente al evaporarse el agua marina.

El 12 de marzo de 1930 Gandhi arrancó a caminar desde su ashram con un grupo de periodistas y miles de seguidores. La marcha fue creciendo a lo largo de su recorrido, hasta que el 5 de abril arribó a la orilla del Océano Índico. Al llegar, caminó unos metros adentrándose en la playa, recogió una piedrita de sal y se la guardó. La multitud lo imitó. Eventualmente la noticia se difundió por todo el país y a los pocos días a lo largo y ancho de la geografía india, los ciudadanos desafiantes producían sal evaporando agua de mar a la manera en que lo  hacían antes de la llegada de los colonialistas ingleses.

Al pueblo de Venezuela le llegó el momento de recoger la sal. De marchar desobediente “hasta la orilla del mar” para darle un giro a la historia. Es indudable que el 1ro de septiembre constituye un punto de inflexión que será determinante en el derrocamiento de la agonizante dictadura chavomadurista. No quepa duda, el devenir histórico -¿o habrá sido la mano de Dios?- condujo al pueblo venezolano a esa encrucijada que en realidad es la oportunidad dorada para fulminar al moribundo chavismo, lograr la libertad y será el más brillante momento de la historia del otrora gran país.

Lamentablemente, Venezuela no cuenta con un líder decidido y valiente como Mohandas Gandhi. El liderazgo opositor ha demostrado ser timorato cuando no colaboracionista. La Asamblea Nacional elegida el 6 de diciembre de 2015 con una aplastante mayoría y que contó con un creciente apoyo popular aún mayor, sucumbió al dominio de la bota militar por intermedio de los poderes Judicial y Electoral chavistas.

Ese liderazgo titubeante, temeroso y quién sabe si colaborador, desperdició el avasallante soporte popular y decidió emprender de forma exclusiva la senda riesgosa, procelosa, accidentada y favorable al chavismo del Referéndum Revocatorio, soslayando vías más expeditas, blindadas, incontestables y efectivas como la destitución en razón de la nacionalidad del dictador propuesta por Enrique Aristeguieta Gramcko, entre otros.

Pero aun entendiendo las ventajas de la ruta de la doble nacionalidad para sacar a  Maduro y al chavismo de  Miraflores, misma que no es excluyente con respecto a la efectivamente adoptada, todos decidimos trabajar y hacer lo que estuviera a nuestro alcance para que la peligrosa y muy ventajosa para el chavismo solución del revocatorio tuviera éxito.

A pesar de las taras que presenta el liderazgo opositor en esta desigual lucha contra el poder maligno de la dictadura castrochavista -gavilla de malhechores que luego de saquear hasta el último dólar a la nación, de haber dejado sin comida ni medicinas a un pueblo que arrojó a la miseria y mantiene secuestrado sin haber construido ni una sola obra de importancia a su paso de 18 años por el poder- la causa democrática cuenta con algo infinitamente mejor que un Gandhi: la voluntad férrea de un pueblo heroico que libertó cinco países y que ha decidido, por fin, no arrodillarse ante la bota militar.

El 1ro de septiembre toda Venezuela se levantará para protestar y desobedecer. A lo largo y ancho del país protestará y marchará. En Caracas se concentrará la más populosa marcha que haya conocido la humanidad. Si el 11 de abril de 2002 lo logró, esta vez lo repetirá con creces y seguro de que no habrá traidores oportunistas para arrebatarle esta decisiva nueva victoria. Las calles, túneles, puentes, carreteras, transporte público y el Metro cerrados por el oficialismo cobarde que esconderá así la cabeza igual que el avestruz una vez más, como si tapándose los ojos desapareciera la realidad, lejos de ser obstáculos funcionarán como estímulo para ese pueblo invencible que, por cierto, no goza de la opción de evadir la lucha y quedarse en casa; y serán sin lugar a equívocos, la confesión más diáfana y contundente ante el mundo de que el pueblo lo derrotó. El futuro de sus hijos depende de la activación de todos en esta última oportunidad de vencer al mal.

El 1ro de septiembre el pueblo de Venezuela le advertirá al chavismo las suicidas consecuencias de bloquear el Referéndum Revocatorio. En un preludio con carácter de referéndum de calle, hará una demostración de fuerza reclamando un derecho que le garantiza la Constitución –el de expresar oportunamente su voluntad con el voto y de que esta sea facilitada y no obstaculizada por el Estado-. De un derecho cuya conculcación constituye delito de lesa humanidad.

Marchando el 1ro de septiembre el pueblo tiene todas las de ganar y nada que perder. Será la oportunidad que tendremos los venezolanos –cada uno de nosotros individualmente- de hacer historia. Será una gesta no solamente comparable a la de la India de Gandhi, sino a la de Europa contra el fascismo en la Segunda Guerra Mundial. Pasaremos a la historia con aquellos que también lograron antes que nosotros el triunfo del bien sobre el mal. Porque –no se engañen- en Venezuela se libra la primera lucha de la humanidad entre el bien y el mal del siglo XXI.

Y triunfará el bien, porque el mal no tiene la más mínima probabilidad de ganar si todos unidos participamos.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe