viernes, 22 de julio de 2016

El hombre de La Habana





El nombramiento del general Vladimir Padrino López al frente de la Gran Misión Abastecimiento Seguro y Soberano; intento -que previsiblemente resultará fallido- de resolver la crisis económica y la escasez de alimentos (sin eufemismos, la hambruna que se cierne sobre Venezuela); lo erige como el hombre de mayor autoridad y poder en el país, solamente comparable al del Presidente de la República.

Es una imposibilidad absoluta que tal Misión tenga éxito mientras la economía se rija con políticas socialistas marxistas. Esta es una verdad de la que hasta los mismos comunistas están plenamente conscientes, incluso, los hermanos Castro de Cuba lo saben. El socialismo es totalmente inviable, aun el propio Fidel Castro lo ha confesado expresamente.

Si La Habana –verdadero lugar en donde se decidió el nombramiento de Padrino- sabe que la Misión fracasará en sus objetivos económicos, no resta más que concluir que la motivación del mismo es política. Ante un tambaleante y muy debilitado Nicolás Maduro, los Castro decidieron entregarle a Padrino el poder necesario para mantener la garra dominante asiendo la garganta de Venezuela, país del que es huésped parasitario y sin cuya sangre negra del subsuelo esa paupérrima  isla –asquerosa garrapata, en realidad-  y la revolución morirían de inanición.

Es a Maduro, el cucuteño agente del G-2 , mayordomo y muchacho de compañía de Raúl Castro, a quién se le conoce como hombre de La Habana. Pero este títere bigotudo de escasa cultura, sin formación académica alguna y de precaria inteligencia, un minusválido intelectual, no puede ser cargado con la responsabilidad de salvar la vida de Cuba mientras finiquita su alianza con el capitalismo. Definitivamente no en este momento de tan grave crisis para el régimen chavista (léase “castrista”). Y es por ello que los Castro designan a Padrino, hombre de superior formación e intelecto (por lo menos se graduó de la Academia Militar que sin ser gran mérito, implica que sabe leer, escribir y operar una calculadora), y de mayor estima profesional dentro de la FANB y ante la opinión pública que Maduro.

Este General jamás ha ocultado su filiación con el castrismo. No ha escatimado oportunidad para declararse socialista, revolucionario y chavista (hay que ser atrevido, inconsciente o desubicado para declararse chavista a estas altura en que “chavista” es sinónimo de corrupto, narcotraficante, lavador de capitales, violador de DDHH, patrocinador del terrorismo y mal gobernante). Sus fotos genuflexo, rindiéndose sumisamente a Fidel Castro han circulado por toda Internet. Padrino se jacta con su conducta de ser agente cubano, no cabe duda.

De manera que cuando todos pensábamos que el Hombre de La Habana era Nicolás maduro, el verdadero titular de tan cuestionable distinción era Vladimir Padrino López.

El nombramiento ocurre en un momento en el que el chavismo se esfuerza en presentarse (falsamente) escindido. Factores desesperados por sobrevivir políticamente pretenden hacer creer el cuento –fundamentados en el profundo desprecio que siempre han tenido por la inteligencia del pueblo- de que existe un chavismo bueno, eficiente, exitoso y honesto que ellos, que fueron parte del equipo de Supremo Galático, representan, y un chavismo malo, incapaz, fracasado y corrupto que está representado por Nicolás Maduro y su equipo de gobierno.

Nada más falso. Hombres como Jorge Giordani, Héctor Navarro, Rodríguez Torres, Clíver Alcalá no podrán jamás desvincularse de la responsabilidad directa que tienen en la tragedia que aqueja al país. Como parte del equipo de Hugo Chávez, durante 14 años se dedicaron a socavar, destruir, desarticular el aparato productivo, la planta industrial y la estructura económica de Venezuela. Las políticas y medidas, unidas a la profunda corrupción e incapacidad de ese equipo que gobernó durante 14 años, sentaron las bases de la debacle que heredó el incapaz oligofrénico de Nicolás Maduro (por cierto, hombre impuesto por el infalible Comandante “mesmo”). Contrariamente a lo que afirman esos chavistas execrados del gobierno de Nicolás, son precisamente ellos, como colaboradores de su Comandante Galáctico, los verdaderos responsables de la ruina social y económica que vive el país. Nicolás, sólo la heredó y como mucho, la agravó con su imbecilidad, aunque hay que reconocer que la única ruta que le habría permitido evitar la caída en el abismo era abandonar el socialismo marxista.

No luce coherente que Padrino, declarado castrista y chavista fanático, pueda encabezar en un acuerdo nacional transición alguna hacia la democracia por parte del oficialismo, esto es, a menos que en realidad la oposición no esté interesada en restaurar la democracia sino en preservar parcelas de poder compartidas con el chavismo-castrismo. Si la oposición, lejos de la restauración del sistema democrático y la vuelta a las libertades y el Estado de Derecho, tiene la intención de colaborar con la dictadura para que esta se aferre al poder, por lo menos, hasta 2019, aun con la eventual salida de Nicolás vía Revocatorio en 2017, entonces tiene sentido la figura de Padrino como protagonista de una transición ficticia.

Por otro lado, hay que considerar la verdadera ascendencia de Padrino sobre la FANB (llamada a sofocar un eventual brote de violencia social), pretendido asiento de su poder. Lo sucedido el 6 de diciembre es una buena referencia en este sentido. Ese día, Padrino, representante de la dictadura que pretendía arrebatarle la victoria electoral parlamentaria al pueblo y la oposición como Ministro de la Defensa,  fue enfrentado por la oficialidad y presionado para aceptar la derrota electoral, la que finalmente aceptó. Así, Padrino, luego fue conminado a transmitir los deseos del sector castrense ajeno a la cúpula corrupta y a exigir al régimen respeto a los resultados comiciales. Solamente este hecho sugiere que aunque Padrino puede tener el control de parte de la cúpula corrupta no relacionada con Diosdado Cabello, no lo tiene sobre el grueso de la FANB, que al fin y al cabo, está conformada por hombres que ven, oyen y sienten, que tienen familia y amigos, y que están plenamente conscientes del sentir del pueblo del que finalmente, son parte.

Sin embargo, es inoportuno negociar o colaborar con el chavismo en momentos en que su desprestigio en todos los ámbitos es total. El chavismo se ha convertido en una piedra en el zapato para el capitalismo, para la política regional, para el sistema financiero, hasta para China que debe estar clamando por nueva gerencia para Venezuela. Colaborar con una gavilla de malhechores que la comunidad internacional está señalando por delitos de lesa humanidad, narcotráfico y terrorismo, sería un error histórico imperdonable para la oposición y el desperdicio de una oportunidad dorada para extirpar este cáncer que carcome el país.

En resumen, Padrino ha sido nombrado por Cuba para salvaguardar sus intereses que están gravemente amenazados en la aguda crisis que vive Venezuela y por la fragilidad de su otro agente, Nicolás Maduro. Pero los esfuerzos de este General para revertir el grave problema económico, la escasez y el desabastecimiento inexorablemente están condenados al fracaso mientras se inscriban en políticas socialistas. La explosiva situación -entiéndase un pueblo azotado por el hambre, la hiperinflación y la escasez, y rabiosamente iracundo contra sus gobernantes- hace inminente un cataclismo social de formidable magnitud que abortaría la misión de Padrino.

Es mal negocio para la dictadura y peor negocio para la oposición actuar de espaldas a la voluntad popular que clama por la salida inmediata del ruinoso y hambreador chavismo –no solamente de Nicolás- del poder.  Esta conducta únicamente lograría hacer mucho más traumática la salida, especialmente para la jerarquía política. El pueblo es fatalmente inmisericorde e implacable con gobernantes que cometen este tipo de crímenes, la historia así lo enseña.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

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