domingo, 8 de mayo de 2016

Feliz Día de la Madre





La madre venezolana es particularmente feliz en este Día de la Madre de 2016. Ella, nuestra heroína, no solamente tiene que hacer interminables colas y caerse a coñazos para comprar la escasa comida para sus hijos. También tiene que hacer que los Bolívares irónica pero oficialmente llamados “Fuertes” –tan fuertes que 100 de ellos apenas si pueden comprar un huevo- alcancen para alimentar a sus hijos en medio de una hiperinflación en la que un kilo de caraotas cuesta 20% del salario mínimo. Es particularmente feliz, cuando sus hijos fatalmente mueren en sus brazos por falta de medicinas, desaparecidas porque la élite gobernante saqueó los dólares de la nación y se los llevó para Andorra. Particularmente feliz, porque cuando pare hay 100 veces más probabilidades de que su bebé muera prematuramente gracias a la carencia de recursos que los humanistas en el poder robaron de la Cosa Pública y escondieron en paraísos fiscales.

De acuerdo a la Memoria y Cuenta del Ministerio de Salud (que aceptaremos como buena) en 2015 la mortalidad neonatal en Venezuela alcanzaba 0,05%, pero en 2016 llega a 2,1%, ¡42 veces más! El Hospital Universitario de Caracas reporta que en todo 2015 murieron 45 neonatos, mientras que entre enero y abril de 2016 ya han fallecido 52. De acuerdo al mismo Hospital, la mortalidad neonatal en ese período pasó de 19 muertes por cada mil partos, a 33 muertes por cada mil nacimientos. Solamente en el Hospital de Porlamar, han muerto 40 recién nacidos en los últimos 3 meses.

¿A qué se debe esta mortandad? Esta vez el régimen no podrá evadir su responsabilidad culpando a El Niño, como lo ha hecho en un intento fútil de ocultar la realidad del saqueo socialista del sector eléctrico. La dramática, indignante, asquerosa verdad es que las muertes masivas de bebés que se están registrando en Venezuela, en este ex país que ahora llaman “patria”, son causadas por el expolio sistemático por parte de la banda de forajidos –milicos y civiles- que mantienen secuestrado al pueblo venezolano, eufemísticamente llamado “falta de recursos”. Pura y simplemente, genocidio; y genocidio en un estilo que ni el mismo Hitler se lo hubiera permitido. Y filicidio, pues es el asesinato masivo de los hijos de la sociedad, de su futuro.

Sencillamente, en este ex país, en esta “patria” que nos dio el chavismo, no hay medicinas, no hay algodón, no hay ni siquiera Solución Salina (suero fisiológico o agua con sal), no hay bisturíes porque los dólares que los habrían comprado fueron a parar a las cuentas cifradas de los patriotas salvadores del pueblo que detentan el poder en esta rica nación que paradójicamente muere de hambre y enfermedades gracias a las bondades del socialismo y al capitalismo salvaje de los socialistas humanistas antiimperialistas anticapitalistas.

La muerte que fatalmente acecha a todo venezolano de cualquier edad, no solamente niños, que tiene el privilegio de enfermarse -diabético, cardiópata, canceroso, nefrópata, asmático- no es fortuita, es provocada por una combinación letal de ineptitud con corrupción administrativa y la macabra intención de exterminar a la disidencia política. En una palabra, genocidio.

Pero la trágica y vomitiva realidad es que ese genocidio es el precio que la sociedad venezolana está pagando para que unos pocos anónimos detrás de cristales ahumados  –milicos y civiles- disfruten sus 4Runners, sus mansiones en EEUU y Europa, sus botellas diarias de whiskey 18 años, sus fluxes Armani , sus zapatos Gucci, sus Rolex en la muñeca.

Y para seguir disfrutando de ese consumismo capitalista financiado con dólares ensangrentados por la muerte de bebés, los sodomitas revolucionarios -marranos disociados que pretenden continuar la orgía a cualquier costo-, ciegos ante el hecho de que les llegó la hora final, de que ya son historia, historia cloacal, pretenden aferrarse al poder –entiéndase “al botín”- recurriendo a subterfugios y triquiñuelas leguleyas adjetivas para dilatar el referéndum revocatorio y la gestión de la nueva AN elegida por ese pueblo víctima del genocidio. Es decir, pretendiendo represar la voluntad popular sin entender que tal pretensión no es más que una forma de garantizarse el suicidio, administrado por persona interpuesta, por la furia de un pueblo que ya no aguanta más.

Aunque merecen La Haya, con su imbecilidad y ceguera están alejando esa justicia ordinaria y acercándose peligrosamente a la justicia popular, que suele ser sumaria y cruel, tal como lo podrían testimoniar Mussolini, Ceaucescu o Khadafi.

Feliz Día de la Madre.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

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