viernes, 5 de febrero de 2016

Chavistas, ¿qué parte de “¡váyanse pa’l carajo!” no entendieron?




Apenas la nueva Asamblea Nacional electa el 6 de diciembre con inédita participación y por masiva decisión popular asumió sus funciones, fui partidario de marcar prudente distancia del lenguaje bárbaro y escatológico al que nos tiene acostumbrados  el chavismo desde que con su característico salvajismo irrumpió en la vida política nacional. Pero en ocasiones su comportamiento hace pensar que el chavista solamente es capaz de comprender las más bajas y primitivas expresiones humanas. De ahí la licencia que me he tomado para titular el presente, en un esfuerzo –quizás fútil- de hacerles entender a los secuestradores  del país la formidable magnitud del problema en el que están metidos y en el que han metido a Venezuela.
­
Así, que, siendo vulgar a lo criollo –y conste que vulgo es pueblo-, el pueblo le dijo muy diáfanamente a los jerarcas chavistas “¡váyanse pa’l carajo!”, ese histórico 6 de diciembre de 2015; fecha en que Venezuela emprendió el camino de retorno a la democracia (de este retorno no se tenga duda). Más claro no canta un gallo, esto es, para toda aquel que no está enchufado en la dictadura chavista.

Pero resistiéndose entender que el pueblo les ordenó la salida del poder, que su turno al timón llegó a su fin, que en democracia el que lo hace mal va para afuera, que el poder no es eterno y que la alternabilidad es la regla (cosa para lo que genéticamente no está programado el totalitarista y despótico chavista)­, que, en fin, el pueblo iracundo, extremadamente arrecho, arrechísimo, les dijo “¡basta, fuera, váyanse pa’l carajo!”, a los capos-pranes chavistas no se les ocurrió nada mejor que recurrir a una sarta de imbecilidades, consignas idiotas, mentiras disfrazadas de doctrina, y sobre todo, triquiñuelas para fingir una crisis institucional en la que los poderes públicos controlados por el partido de gobierno y por lo tanto, ilegítimos,  pretenden alienar a la muy legítima AN recién elegida por un pueblo que al fin abrió los ojos y decidió enfrentarse al opresor que lo utilizó para enriquecerse. ¡Pretenden que el TSJ elegido indirectamente a dedo por Diosdado Cabello sin cumplir los extremos exigidos por la Constitución Nacional anule a la AN elegida directamente por el pueblo de Venezuela!

En un esfuerzo inútil por aliviar la profunda arrechera popular, acuden a las promesas que vienen haciendo desde hace 18 años. Ahora sí seremos (algún día) una potencia económica. Ahora sí tendremos soberanía alimentaria, aunque no se consigue ni arroz, ni harina, ni azúcar, ni nada y un cartón de huevos cuesta 16% del salario mínimo… ¿Pero cómo harán el milagro? Muy sencillo: ¡conucos!, ¡conucos urbanos! (OK, yo sé que es muy difícil reprimir las carcajadas, pero no ría, amable lector; el asunto es serio –además de trágico y triste- pues ellos creen muy en serio en su “solución”). Ahora sí alcanzaremos independencia energética, ¡la Faja del Orinoco será el motor del nuevamente prometido desarrollo del país! ¡Ahora sí, después de 17 años de cagadas encontrarán la fórmula (que por supuesto, sigue siendo la misma socialista hasta ahora fallida) para hacernos una gran potencia mundial! ¡Y salvaremos a la humanidad!

Los disparates de los jefes chavistas son para coger palco. Aunque usted no lo crea, Diosdado Cabello, el hombre más odiado de Venezuela, aún más que Nicolás Maduro, dice que ante la arremetida de “la derecha” en la AN se declara ¡“en rebelión popular”! ¡”Popular”! ¡¿Con cuál pueblo?! ¡Ni el cubano lo quiere, como quiere a Nicolás!

Y la incapacidad metabólica del revolucionario para aceptar la pérdida del poder por decisión popular llega a extremos que no es que sorprendan, sino que mueven, por su desvergüenza y –sobre todo- falta de ubicación en la realidad, a la risa. Iris Varela y el general Néstor Reverol fueron citados por el pueblo (la AN es el pueblo) para  ser interpelados con motivo de la situación carcelaria. Olímpicamente se negaron a asistir. O sea, se consideran con más autoridad y representatividad popular que la propia AN. ¿A quién en su sano juicio se le ocurre que una Asamblea elegida por el pueblo pueda mandar más que un General? Hablemos de complejos de superioridad…

Pero lo que realmente rompe todos los estupidómetros es el asunto de los conucos hogareños en las ciudades. Pareciera que el mensaje subyacente –ya que la dirigencia chavista desgraciadamente sí cree a pies juntillas que tal dislate es el remedio para la crisis humanitaria que se avecina y para levantar la economía nacional- es “sí, es cierto, desbaratamos el país, lo desguazamos. Pero no todo está perdido. Hay una cosa que llaman “conuco” que nos salvará. Nosotros, los autores del desastre tenemos la cura para el desastre”. Y de un plumazo, o más precisamente, de un coñazo, nos mandan para el Neolítico. Ahora inventarán la rueda. El chavismo, compadre, es una máquina del tiempo sólo capaz de viajar al pasado…

Claro está que la causa del cataclismo económico que acabó con Venezuela no fue una mezcla de ideologías obsoletas que también fracasaron en otras latitudes, unidas a una inédita y atroz corrupción, y a una incompetencia rayana en lo criminal. No, la causa es “la Guerra Económica” librada por el capitalismo y la derecha. Esa cosa que el chavismo jamás ha terminado de explicar cómo funciona, es la causa del fracaso de la revolución socialista.

Poco importa que imputarle a una fulana guerra (que de paso no existe) la victoria del “inferior” capitalismo sobre el “superior” socialismo, una y otra vez, equivale a confesar que, incuestionablemente, el siempre triunfador capitalismo es un mejor sistema económico que el siempre derrotado comunismo. “Lo que cuenta es culpar a otro, el pueblo idiota, nos creerá, como siempre”.

Si existe una guerra económica contra Venezuela, esta tiene nombre y apellido: Chavismo y Nicolás Maduro. Lo que estamos viviendo hoy, en efecto, es el resultado de 17 años de esa guerra económica que, con expropiaciones, controles, nacionalizaciones, regulaciones, cuotas, subsidios, etc., la revolución bolivariana libró contra el pueblo venezolano.

“En Venezuela manda el pueblo”. Lástima de que por estar haciendo colas para comprar comida y papel tualé, y para morir en hospitales por falta de medicinas, ese pueblo no se percate de que manda tanto.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe






No hay comentarios:

Publicar un comentario