jueves, 7 de enero de 2016

Patético funeral




El chavismo no murió el 6D. Recibió una estocada mortal ese día. Pero los desatinos, disparates, atropellos, desmanes cometidos por Nicolás, Diosdado y su dictadura en las semanas que siguieron actuaron como daga misericordiosa, acabando con lo que le restaba de vida política. El bochornoso sainete que disfrutamos el día de la instalación de la nueva Asamblea Nacional, el 5 de enero, fungió de patético funeral para lo que una vez pretendió ser un movimiento político pero que hoy claramente está reducido a una banda de malandros acorralados que disparan a lo loco sin ton ni son.

Y eso fue lo que vimos a lo largo de la sesión de instalación de la AN el 5E, una suerte de maratón de la extrañada Radio Rochela. Venezuela, siempre pronta a la risa aun en el más grave de los trances, rio a carcajadas la tragicómica representación de lo que pasará a la historia como uno de los momentos más bajos y lamentables en la vida de una institución por la que pasaron intelectos como los de Andrés Eloy Blanco, Uslar Pietri, Gallegos, Villalba, Barrios, Prieto Figueroa. El hemiciclo que llegó a albergar las mentes más ilustradas del país, ese día fue testigo de las manifestaciones más primitivas y vergonzosas que pueden manar de un cerebro humano.

Un orador encargado como director de debate en razón de su avanzada edad tuvo la responsabilidad de un discurso ininteligible en el cual apenas se discernían algunas palabras pronunciadas con dicción vergonzosa, en el que la “L” tomaba el lugar de la “R” con alarmante frecuencia. Para empeorar las cosas, no sabemos si por enfermedad o por intoxicación etílica, la pronunciación del diputado Héctor Agüero del PSUV, recodaba la de un borracho montado en la mesa durante una fiesta, brindando por los amigos idos y los momentos memorables de su vida. Si el venerable señor padecía una enfermedad que le obstaculizaba el habla, debió ser dispensado en tan crucial ocasión, no sólo en su beneficio, sino especialmente en el del chavismo y el de la majestad de la Asamblea.

Las intervenciones medidamente sobrias, quirúrgicas, precisas y doctas de la oposición, eran respondidas con improperios, groserías, insultos y todas esas consignas vacías y frases caletreadas incorporadas al repertorio comunista desde hace casi un siglo, tanto desde la bancada chavista como desde la barra de simpatizantes del pueblo ataviados con lujosas joyas. Los intentos de discurso de los diputados oficialistas, nuevamente, plagados de esos mismos elementos ofensivos, se centraban –como siempre- en el conocido guión que pasa por el Carmonazo, los muertos del Caracazo, el paquete económico de Carlos Andrés Pérez, los asesinados, torturados y desaparecidos de los años 60 del siglo pasado.

Con un diputado del PSUV de 75 años de edad en el presidium, decenas de parlamentarios oficialistas que han ocupado una curul a lo largo de todos los 17 años de la era chavista, cuestionaban que muchos opositores electos por el pueblo el 6D habían sido diputados desde la época democrática  y eran reelegidos como tales desde larga data. Agredían a algunos como Henry Ramos Allup por el simple hecho de “ser viejos”, como si la edad avanzada o la juventud fueran virtudes o defectos, calificaran o descalificaran por sí solas para ostentar un escaño. La respuesta obvia al argumento de Pedro Carreño y Héctor Rodríguez en contra de los repetidos períodos como parlamentario de Ramos Allup y otros, es precisamente que tienen que haberlo hecho sumamente bien al punto de que el pueblo reiteradamente los reelige.

Los “patriotas” del Bloque de la Patria (como Diosdado Cabello exige se le llame a la fracción oficialista) atacaban sin cuartel a los de oposición con los usuales epítetos de “fascistas”, “derechistas”, “oligarcas”, “representantes del imperialismo” y cuestionaban su presencia en el recinto sin tomar en cuenta que justamente estaban en ese recinto representación de una abrumadora mayoría que votó por ellos. Fascistas o no fascistas, vasallos del imperialismo o no, el pueblo los llevó a esa Asamblea con su sufragio, cosa que el chavismo se niega a aceptar.

Un ultrajado Diosdado Cabello reclamaba que el nuevo Presidente de la AN, Henry Ramos Allup, miembro de AD, el mismo partido contra el que dio dos golpes de Estado en 1992 y de cuyos militantes el chavismo pretendía freír las cabezas, violaba el derecho de palabra cuando los oficialistas intentaban extenderse por más de los 5 minutos reglamentarios. Se trataba del mismo Diosdado Cabello que innumerables veces negó rotunda y absolutamente el derecho de palabra a los diputados opositores y hasta golpizas ordenó propinarles en sesiones parlamentarias cuando presidía la AN.

Por último, impotentes ante la inmunidad opositora a los insultos chavistas y ante la inmutable posición del nuevo Presidente de la AN frente a los furiosos reclamos infundados del oficialismo, Diosdado Cabello ordenó la retirada del Bloque de la Patria, en el que por cierto  militan “patriotas” como Cilia Flores, la tía de los #NarcoSobrinos presos en EEUU y más de uno investigado por narcotráfico, terrorismo y lavado de capitales en países extranjeros. El humor criollo potenciado por las redes sociales de inmediato puso a correr la ocurrente especie de que Cabello y su gente emprendieron la huida cuando un opositor propuso discutir “ideas” y estos entendieron “¡ahí viene la DEA!”

Y precisamente fueron las ideas las grandes ausentes en los discursos de los revolucionarios. Más allá de los insultos, ofensas escatológicas, frases trilladas prefabricas, consignas y lemas comunistas y los cuentos del 2-A de 2002, el Carmonazo, los abusos del imperialismo en Latinoamérica, la tortura y ejecuciones políticas de hace 50 años, los miembros del Bloque de la Patria, no dijeron nada. Jamás tocaron los grandes temas vitales para los venezolanos como la economía o la inseguridad, ni siquiera cuando eran planteados por sus adversarios opositores.



El chavismo parece no comprender la debacle que enfrenta. No sabe interactuar política y democráticamente. Por su condición militarista, o es mayoría absoluta, apabullante y dictatorial para someter, dominar y aniquilar al enemigo, o es incapaz de convivencia y alternacia. Dio un vergonzoso espectáculo en el que se presentó no solamente como partido político derrotado, sino como una desarticulada pandilla de malandros desesperados en pánico dispuestos a todo, menos a lo único que puede salvarlos políticamente: negociar.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe


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