sábado, 16 de enero de 2016

Para cagarse



Para cagarse

De inicio pido al lector mis sinceras disculpas por tan escatológico título, pero como podrá verse más adelante, este último recurso y licencia  lo he asumido con plena justificación compelido por los hechos.

Cuando Venezuela, uno de los países más ricos del mundo, paradójicamente atraviesa la más grave crisis económica en su historia, inmediatamente después de haber recibido los más grandes ingresos petroleros desde su fundación como república, ya al borde de una catástrofe humanitaria, el “Presidente” fraudulento multigénito y con –al menos- dos padres (un tal señor Maduro y el Comandante Supremo) en medio de su Plan de Emergencia Económica –emergencia que él mismo causó junto a su padre galáctico y secuaces-, anuncia el nombramiento como Ministro de Economía “Productiva” (?) de un señor sociólogo de la UBV (no de la UCV ni de la USB o de cualquiera de las competentísimas universidades venezolanas) y posgrado en Economía Política de una universidad chilena no acreditada por el Estado Chileno.

Bueno, yo juraba que la Economía siempre es productiva. Desde la primera clase en la Facultad de Economía en que enseñan los Factores de Producción –Empresario, Trabajo y Capital- tenemos claro que la Economía es para producir, no para no producir. Por una parte, si el chavismo define una Economía Productiva es porque admite que existe una Economía Improductiva. Por otra, si hay necesidad de crear un Ministerio de Economía Productiva, es porque todos los existentes hasta este momento han sido de Economía Improductiva. En ese mismo orden de ideas, el chavismo debería crear ministerios de Educación Educativa, de Salud Saludable y de Información Informativa, por ejemplo.

Cuando vi el discurso y las credenciales del nuevo ministro me sucedió eso que justamente me llevó a titular este escrito, como le debe haber sucedido a todo venezolano de cualquier nivel intelectual y social no cegado por el fanatismo chavocomunista. El capitán le entregó el mando del avión con tres de sus cuatro motores en bandera a alguien que jamás había pilotado ni un papagayo,  un fanático comunista, firme creyente en los mitos, leyendas, supersticiones, consignas, consejas comunistas y –sobre todo- en las mismas medidas marxistas que condujeron a Venezuela a la ruina económica actual. Luis Salas anunció más comunismo para remediar el desastre causado por el comunismo (el mismo que ha causado en cuánto experimento comunista se ha hecho en la historia de la civilización).

El ministro es sociólogo. Es cierto que tiene un posgrado en Economía Política (no calificaremos el nivel de la universidad dónde lo cursó). Por bella, crucial e interesante que sea la Economía Política –que lo es-  es nula preparación para entender y mucho menos manejar temas básicos de la Macroeconomía y Econometría.

Si a lo anterior agregamos las principales credenciales de Luis Salas, el lector seguramente me perdonará por la coprolalia en el título de este escrito. En efecto, el flamante ministro es experto en Guerra Económica (calcule usted), algo que solamente existe en la imaginación de algunos chavistas: los que la inventaron para engañar a unos pendejos culpando a otros de su desastre y los pendejos que les creen. Y es comunista fanático a toda prueba. Un dogmático absoluto de fiabilidad incuestionable para un régimen marxista. El perfecto egresado de un centro de adoctrinamiento, que no universidad, como lo es la Universidad Bolivariana de Venezuela. Alguien que no piensa, sino que repite lemas y panfletos.

O sea, el causante –junto con su mentor eterno y sus acólitos- de la ruina económica del país decidió por alguna misteriosa razón que él mismo -¡él que nos puso en esta Emergencia Económica!- puede sacar al país de esa ruina. Y para lograr ese objetivo, designa a un fanático del mismo pensamiento que llevó al país a esa ruina para que tome las mismas medidas, aunque más extremas, que condujeron al país a la ruina. Tranquilos compatriotas, estamos en las mejores manos (¿ya ve mi estimado lector por qué titulé de esa manera?).

No conforme con este nombramiento, Nicolás hizo otro pavoroso anuncio como parte de su Plan de Emergencia Económica que rescatará a Venezuela del cataclismo económico provocado por él y su chavismo. Para remediar la peor crisis económica en la historia de Venezuela que amenaza con hambruna y crisis humanitaria, en la que ya escasean con consecuencias trágicas inconmensurables medicamentos y comida, se recurrirá a algo que el chavismo ha bautizado como Agricultura Urbana ¡con ministerio y todo! ¡Nicolás propone siembras, cría y cultivos en viviendas, balcones y azoteas de las ciudades para salvarnos! ¡Dios nos agarre confesados!

Sembrar no es soplar y hacer botellas. La agricultura es justamente eso ¡cultura! Es conocimiento y tecnología. Requiere educación. No es para hobbistas, amateurs ni aficionados, en especial, cuando está en juego la supervivencia. La mayoría de los agricultores la ha aprendido por transmisión del conocimiento a lo largo generaciones –a veces de miles de años-. Otros la aprenden en una universidad. De manera que es imbécil e iluso pensar que se puede transformar a cada uno de los 30 millones de venezolanos en agricultor.

Mi experiencia personal es totalmente desalentadora. Soy aficionado al picante, así que durante 17 años he tratado infructuosamente de cultivar una mata de ají. Después de algunos años, logré unos retoños que eventualmente se convirtieron en maticas de unos 40 centímetros de altura. Al final de pocos meses, las tres modestas maticas me dieron 7 ajíes. Soñé con mis ajiceros que haría con los miles de ajíes que me darían esas planticas. Para hacer el cuento corto, los ajicitos nunca llegaron pues las plantas murieron por razones que no comprendí, ya que las cuidaba todos los días.

¿Y si tenemos éxito? ¿Cuántas matas de caraota, cebolla, ají, pimentón, ajo, laurel y cilantro hacen falta para hacer una olla de caraotas para una comida para cuatro personas? ¿Cabrían en un balcón? Las paticas que le darán sabor a esas caraotas, supongo, les serán amputadas al cochino que criaríamos en el lavandero junto con las gallinas y pollos, cuyos perniles comeremos en Navidad y Año Nuevo. Debemos ser cuidadosos con las pernilectomías pues necesitaríamos mantener vivo al noble animalito para las costillitas que comeremos en Carnaval. La alternativa sería matarlo de una vez y congelar toda la carne, pero ya sabemos que la electricidad socialista no nos garantiza que esa carne no se pudra en alguno de los múltiples apagones tan típicos de la era chavista. Bueno, siempre nos queda el salado…

Es decir, el modelo de economía chavista exige cultivos de yuca, aguacate, maíz y caraota en balcones y azoteas, la cría de cerdos y aves en el lavandero y de una vaca lechera en el baño que les dé a nuestros niños la leche que hoy les es negada, no por los gobernantes revolucionarios humanistas que se robaron el cerro de dólares para comprarla que tienen escondidos en Andorra y Suiza, sino por los conductores de esa siniestra Guerra Económica que el chavismo no termina de definir y en la que nadie, salvo Nicolás y Luis Salas, cree.

En pleno siglo XXI el chavismo nos propone como solución a la tragedia que envuelve a Venezuela y para evitar la crisis de hambre que se aproxima a la velocidad en que las reservas del país se consumen, una vuelta a etapas superadas por la humanidad,  a una suerte de Neolítico instalado en la infraestructura de concreto que nos legó el capitalismo del siglo XX.

Por cierto, ¿alguien alguna vez ha visto balcones en esos espantosos mamotretos casi sin ventanas que construye la Misión Vivienda? ¿Y el agua para regar los cultivos urbanos la proveerá la misma Hidrocapital que nos tiene secos 6 días a la semana? ¿Y los fertilizantes y pesticidas los proveerá la misma Agropatria que dejó guindando sin insumos al resto de los agricultores de todo el país, una de las cuasas eficientes de la escasez alimentaria actual? ¿Hablan en serio o es burla?

Por supuesto que algo de burla al pueblo siempre hay en todo proceder chavista, pero trágicamente hablan muy en serio. Lamentablemente, la dirigencia neurodeficitaria chavista cree en estas soluciones tanto como cree en su Guerra Económica. Quizás, "a la Goebbels" aunque automedicado, los revolucionarios llegan a creer imbecilidades y mentiras que se repiten desde la adolescencia miles de veces. Estas ideas son el producto de mentes bárbaras muy primitivas carentes de formación.

Con la visión chavista, las ventajas de la aglomeración en ciudades desaparecen. Si cada ciudadano es económicamente autosuficiente, no se justifican los centros poblados y la población puede desperdigarse en todo el territorio. Por ese camino, llegaríamos a que cada ciudadano produzca hasta sus medicinas en casa. Mientras todo se reduzca a “matas de acetaminofén”, llantén o cariaquito morado no habrá problemas. Pero con la “mata de Ciproxina”, "de Ventide" o “de Insulina” la cosa será muy distinta.

Sinceramente, mi querido lector –y me disculpa-, ¿no es para cagarse?

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

No hay comentarios:

Publicar un comentario