lunes, 11 de enero de 2016

¿Cuál crisis institucional?





Ya es irritante escuchar que en Venezuela se ha planteado una crisis institucional. Sencillamente, no existe tal crisis. En primer lugar, porque el conflicto no es entre instituciones. En segundo, porque existe una solución lógico-jurídica de mero sentido común.

En su desesperación por aferrarse a un poder que se le va de las manos a causa de la decisión apabullante de un pueblo harto de los abusos, corrupción y fracasos de la falsa revolución, el chavismo ha recurrido a toda clase de argucias -por lo demás inútiles e infantiles- para intentar torcer, soslayar o desconocer la voluntad de ese mismo pueblo que tanto dice amar pero al que ha dejado en la más absoluta miseria haciendo colas interminables para comer, comprar medicinas o recibir atención médica.

Entre ellas, el nombramiento apresurado de magistrados chavistas al TSJ a finales de diciembre por parte de la saliente AN, la impugnación de diputados opositores electos legítimamente el 6D ante ese mismo TSJ y ahora, la anulación de las decisiones de la nueva AN electa en las parlamentarias de diciembre, por parte de ese TSJ írrito.

¿Por qué no es un conflicto entre instituciones? Simplemente porque ese TSJ que pretende regular a la AN e impugnar diputados está muy lejos de ser una institución. Los magistrados de ese supuesto poder independiente fueron designados por Diosdado Cabello en la antigua AN sin satisfacer los extremos establecidos en la Constitución Nacional. Tanto las autoridades designadas en diciembre de 2014 como las nombradas a la carrera en diciembre de 2015 (justamente con el objetivo de ejecutar estas pueriles maniobras antipopulares) lo fueron sin la mayoría calificada exigida por el texto constitucional. Esta violación de la Carta Magna equivale a golpe de estado y en este sentido priva totalmente de legitimidad a ese TSJ.

Por otra parte y aun en el supuesto falso de que ese TSJ fuera legítimamente constituido, la elección de los miembros del Poder Judicial es indirecta, la hace la AN en cuyos diputados yace la representación directa del pueblo. Mientras, la elección de las autoridades del poder legislativo, la de los diputados, es directa. El pueblo con su voto directo elige a sus representantes ante la AN. De esta manera, la elección de los magistrados viene siendo de segundo grado.

En este orden de ideas, puede afirmarse que muy en contra de la pretensión chavista de subordinar la AN a las decisiones del TSJ, es el TSJ el que está totalmente subordinado a las decisiones del Poder Legislativo. Tan cierto es esto, que la designación de los magistrados del TSJ es atribución de la AN, no a la inversa, como lo es la remoción de los mismos. Al TSJ lo elige la AN. A la AN la elige el pueblo. Punto.

El único poder con comparable representatividad popular directa y en consecuencia, legitimidad sería el Ejecutivo, elegido directamente por el pueblo. Sin embargo, en términos tanto absolutos como relativos se puede demostrar que la actual AN goza de mayor representatividad y legitimidad puesto que la proporción de participación electoral fue mucho mayor y el total de votos para los diputados de oposición también mayor en estas parlamentarias del 6D que en las elecciones presidenciales fraudulentas de 2013, en las que Nicolás Maduro obtuvo menor número de votos que los parlamentarios opositores.

En conclusión, es absurdo pensar que un poder cuyos miembros fueron designados por el dedo despótico dictatorial y totalitario de Diosdado Cabello pueda controlar, censurar, anular decisiones y darle órdenes a otro poder público elegido por el pueblo, en especial, con una mayoría tan avasallante.

Las mismas FANB que tomaron el lado de la gran mayoría el 6D ante el conato de fraude y desconocimiento de los resultados electorales por parte del chavismo, están obligadas a desconocer los pronunciamientos emanados de un TSJ ilegítimo y a impedir que el régimen continúe maniobrando para desconocer “como sea” la voluntad del pueblo con subterfugios inadmisibles. El mundo jamás verá como legítimas las sentencias del TSJ chavista en contra de la AN. El pueblo no permitirá que su voluntad le sea conculcada y su triunfo electoral del 6D arrebatado por serviles de la cúpula corrupta gobernante.

La omisión de la FANB en este sentido conduciría a una tragedia con carácter de genocidio. Y le acarrearía no solamente la responsabilidad histórica de actuar contra la voluntad de un pueblo que luego tendrá que reprimir y asesinar en la defensa de unos pocos delincuentes que detentan el poder ilegítimamente, sino la responsabilidad ante la Justicia Penal Internacional       que implacable le espera.                                                                                                                                                                                                                                                                             
Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                  b                       

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