viernes, 11 de diciembre de 2015

Vida o muerte





“Podrán matarnos a todos, pero jamás podrán derrotar al pueblo”
Ho Chi Min

El chavismo se niega a aceptar su derrota electoral en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre. Los desafueros y disparates emanados de la dirigencia chavista en los días que han seguido al lapidario pronunciamiento popular de ese día revelan consternación, desesperación, terror, incapacidad para comprender y desvinculación de la realidad. Esto se debe a dos factores principales: el predominio en el chavismo de la pulsión de muerte, de la muerte que signa su esencia; y a que jamás fue un movimiento político conducido por políticos, apenas una gavilla de maleantes –militares brutos, delincuentes y ex guerrilleros, todos iletrados- circunstancialmente unidos para saquear un país.

El tema de la asociación del chavismo con la muerte en su calidad de secta fanática destructiva, lo he abordado hasta el hartazgo a lo largo de los años. La muerte y la guerra fue un tema recurrente del amo galáctico que continuaron sus sucesores.

Como militares y delincuentes que son, muy lejos de ser políticos, no conciben un principio de la política, no solamente de la democracia pues hasta en las monarquías y dictaduras es necesario: la negociación. El político persigue convivir con el adversario con quien comparte o alterna el poder. El chavista no, ve el devenir político con visión de todo o nada, de vida o muerte. Es justamente la ejecución del Contrato Social la profesión del político: negociar para conducir una sociedad. El militar y el malandro buscan la aniquilación del adversario o de la competencia. El político busca opciones de vida. El militar y el hampón, de muerte.

Esta actitud: “si no venzo a mi adversario, si no lo extermino, entonces moriré yo” –si no aniquilo a mi adversario “me sacarán muerto de la AN” o “no me entregaré”, como dijeron Diosdado y Nicolás antes de la elecciones- es totalmente ajena a la política. Pero es precisamente la que vimos antes y después de los comicios por parte de los personeros del régimen.

Para el político es tan natural ganar elecciones como perderlas, más perderlas que ganarlas (el caso de Rafael Caldera, por ejemplo). Pero hoy nos encontramos con un Nicolás Maduro y un Diosdado Cabello sorprendidos porque, “a pesar de que les regalamos taxis, neveras, casas, tablets, comida, medicinas, de todo, ustedes no me apoyaron”. ¡Declarando abierta e impúdicamente que no les sirvió de nada comprar votos –el fraude electoral- pues el pueblo votó en su contra! Sin duda un hecho inédito en la historia de la democracia. Jamás se había visto en ningún lugar del mundo a un “político” lloriqueando, haciendo pucheros, amenazando y reclamándole al pueblo -¡culpándolo!- que no votó por él. Además de muy infantil, es la conducta de alguien que sencillamente no comprende ni la política ni la democracia ni la vida.

Ni la vida. Por la sencilla razón de que en la vida todo es cíclico. Lo enseñan la experiencia y las ciencias, desde la Física hasta la Economía: las órbitas de los planetas, su rotación, el día y la noche, las olas del mar, las ondas electromagnéticas, las ondas sonoras, el ciclo económico, los ciclos históricos. Un día se está en la cresta del ciclo, otro en el valle. Un día arriba, otro abajo. Todo es cíclico. Circular.

En su frenesí desesperado, en ese trance que solamente puede causar el terror extremo, Nicolás y Diosdado ejecutan su venganza y la vociferan sin recato ni temor a las consecuencias. Los despidos en el sector público son masivos. Anunciaron que no proveerán viviendas, medicinas, comida, nada, en retaliación por el voto en contra.

Poco les importa confesar, no solamente que sobornaron con los recursos del Estado para conseguir votos –ya un grave delito de lesa humanidad-, sino que como no votaron por ellos les violarán Derechos Humanos como a la vivienda, a la alimentación y a la salud.

Hay que hacer empatía y colocarse en la mente cuartelera de un militar de pobre intelecto y formación, último de su clase, y de un autobusero bruto que no pasó de educación primaria para entender el proceso mental que lleva a alguien a pensar que, en democracia, la gente está obligada a votar por el gobernante –o por quien sea- por el hecho de que este cumpla con su deber legal de garantizar las necesidades básicas de la población. Y aun así, cuesta mucho entenderlo.

¡Pero es que estos no cumplieron! ¡No sólo llevaron al pueblo a la miseria, sino que comprometieron el futuro de generaciones con la destrucción de la infraestructura, de la planta productiva, de la economía y una deuda externa brutal! ¡Promovieron el asesinato de 280.000 venezolanos, todos vivimos el duelo! ¡Y no conformes con no haber cumplido una sola promesa, de haber arrasado con todo, se robaron hasta las lámparas y se las descubrieron en Andorra y Suiza! ¡Y por si fuera poco agarran a miembros de la familia presidencial traficando drogas! ¿Qué creen que es el pueblo venezolano, una manada de cómplices sinvergüenzas? ¿Un rebaño de idiotas alcahuetas?

La maldad infinita de personas que le quitan al necesitado casa, comida, medicinas y empleo hace pensar que son seres que provienen de hogares            –cuando menos- disfuncionales en los que deben haber recibido los más crueles abusos de toda índole, quizás hasta sexuales (muy a la manera en que el comandante supremo narraba que fue su temprana infancia antes de que se lo regalaran a su abuela). Por cierto, explica la psiquiatría que justamente ese tipo de niñez es el caldo de cultivo del psicópata.

Negarle a la población hundida en la miseria por el socialismo chavista la satisfacción de sus necesidades básicas por el simple hecho de no haber vendido su voto, es de psicópatas muy malvados y trastornados, dispuestos al genocidio, que quizás si hubieran nacido en otras latitudes se habrían desahogado como asesinos en serie.

Pero no se conforman con eso. Sus laboratorios de guerra psicológica liberan continuamente rumores. Se filtra que Diosdado amenaza con guerra civil. Nicolás públicamente en cadena nacional advierte que es momento de un nuevo 4F, es decir, autogolpe de estado. ¡Avisan que serán criminales de lesa humanidad por el mismo delito que Slobodan Milosevic, llevar un país a la guerra y el genocidio! Como psicópatas de la peor calaña, no tienen límites.

Es obvio que la aventura temeraria y criminal que se proponen Diosdado y el huerfanito de Cuba Nicolás tiene una probabilidad de éxito exactamente igual a 0. Si no, que le pregunten a Saddam Hussein, a Moamar Khadafi, a Nicolae Ceausescu, o al propio Slobodan Milosevic. No es posible y nunca ha sucedido, que una partida de psicópatas armados con el poder –que siempre es efímero- logren represar la voluntad del pueblo. Simplemente jamás ha pasado y jamás pasará. El pueblo siempre termina imponiéndose. Lo prueba la historia.

Y me permito recordarles a esos psicópatas genocidas las palabras de un comunista ilustrado, Ho Chi Min, el Tío Ho: “Podrán matarnos a todos, pero jamás podrán derrotar al pueblo”.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilva Be

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