jueves, 3 de diciembre de 2015

No me entregaré





“No me entregaré” es una frase que solemos escuchar de delincuentes acorralados por la policía. Propia de un John Dillinger, Ma  Baker, Jesse James, Butch Cassidy, The Sundance Kid en películas de Hollywood. James Cagney la gritó en el famoso film de 1931 The Public Enemy. La pronunció el tristemente famoso malandro conocido como Hernancito cuando secuestró a una familia que mantuvo rehén en su apartamento en Terrazas del Ávila tiempo después de haber asesinado a Gustavo Polidor. Frases similares se las escuchamos a Saddam Hussein, Manuel Antonio Noriega y Moamar Kadafi. Seguramente también estaba en los labios de Nicolae Ceausescu cuando emprendió su fallida huida. Y sin duda Hitler la debe haber proferido unas cuantas veces en su bunker. Prácticamente todo criminal de la historia alguna vez dijo “no me entregaré”. Y prácticamente todo criminal termina entregándose.



“No me entregaré”, advirtió anteayer Nicolás Maduro cuando hablaba de una posible derrota del chavismo en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre. ¿De qué estaba hablando? ¿A quién no se entregaría? ¿Al pueblo, al FBI, a la DEA, a la CIA? ¡¿O será a la FANB?! ¿Por qué habla de no entregarse en la víspera de elecciones legislativas, que no presidenciales (en las que tampoco se justificaría el uso del verbo en forma personal)? ¡Nadie le ha pedido que se entregue! ¡Y no está previsto –ni con una derrota en la elección de la AN- que se entregue! ¡”La entrega” del Presidente no está prevista en la Constitución, sólo la de su cargo! ¡No existe posibilidad de salida inmediata de su cargo de Presidente cualquiera que sea el resultado electoral del domingo! Simplemente se elegirán los nuevos diputados al parlamento. Nada más. Para que la nueva Asamblea inicie un proceso que conduzca a su salida de la Presidencia tendría que pasar mucho tiempo, de manera que su destemplada e inexplicable declaración es –cuando menos- extemporánea.



Es patente la conducta errática con declaraciones disparatadas de la dirigencia chavista en los últimos tiempos. Además de hablar de “no entregarse”, Nicolás ha amenazado abiertamente con desconocer los resultados electorales y lanzarse a la violencia a la vez que hace propuestas de pactos de respeto a los mismos. Por su parte, Diosdado ha pasado de decir que se acabará la paz en Venezuela a que lo sacarán muerto de la AN en la eventualidad de una derrota electoral el 6 de diciembre, lo que no es más que una variación sobre el tema “no me entregaré”. Ambos se expresan como malhechores sitiados y rodeados por la policía en un rancho, dispuestos a morir disparando sus ametralladoras antes que ser apresados. Lo que claramente expresan estos dislates descontrolados es terror y desesperación. Como el malandro acorralado, se saben perdidos.



Es evidente que amenazas como las de estos jerarcas no se corresponden con la realidad electoral planteada. Una derrota en elecciones parlamentarias –que a lo sumo solamente significa la pérdida parcial inmediata de poder, mas no todo el poder- no amerita un ultimátum de vida o muerte. En consecuencia, es evidente que algo mucho más grave teme el chavismo en el cortísimo plazo.



No es descartable que ante el cerco internacional que se está cerrando en torno al régimen forajido chavista, puesto en evidencia por las investigaciones acerca de narcolavado, terrorismo, narcotráfico, violación de Derechos Humanos, y otros delitos de lesa humanidad, por la fuga de Isea, Aponte Aponte, el fiscal Nieves, Leamsy Salazar y ahora, la captura de los #NacoSobrinos presidenciales, al cual debe añadirse el rechazo y arrechera del 90% del pueblo venezolano que con toda razón se siente saqueado y ultrajado (basta escuchar a la gente airada en las colas para comida o medicinas, en el Metro, en autobuses, en taxis, en expendios de comida); la jerarquía chavista tema que la derrota del 6 de diciembre obre como un catalizador en su derrocamiento e incluso, en algo peor, como la exigencia de sectores de la FANB dispuesta a salvar su pellejo, apoyados por potencias extranjeras, en el sentido de que abandone el poder por las buenas o por las malas.



En una Venezuela normal con un CNE neutral, los escrutinios mostrarían una derrota aplastante del chavismo este domingo. Sin embargo, es previsible que en la madrugada del 7, luego de un prolongado silencio, aparecerá en televisión Tibi La Obscena Irreversible para decirnos que el chavismo arrasó. Quizás esta sea la razón por la cual el inefable Luis Vicente comenzó a recular prediciendo un repunte del régimen en las encuestas. Pero ya será demasiado tarde e inequívocamente una maniobra suicida. El pueblo no se dejará arrebatar esa victoria. La arrechera de hoy se transformará en furia animal. Se lanzará a la calle dispuesto a todo. Sabe que tiene el poder de la absoluta mayoría y de la razón moral. Pedirá la sangre de los choros tiranos como lo hizo con la del Luis XVI y María Antonieta, con la de los Zares Nicolás y Alejandra, con la de Nicolae Ceausescu y señora, con la se Saddam y Kadafi.



El otro escenario sería el desconocimiento de un resultado adverso, sin alteración de los escrutinios. Tal como lo anunció Nicolás. Tomaría el medio de la calle declarando la dictadura y colocándose fuera de la Ley. En este caso, el pueblo reaccionará igual, pero con la ventaja de que no habrá discusión acerca de la legitimidad de su reclamo –como podría haberla en caso de fraude ya que el factor de duda sobre la veracidad del CNE existiría-, pues lo haría obedeciendo la orden constitucional de preservar la democracia y actuaría dentro de los mecanismos constitucionales de preservación de la misma. En este supuesto, la FANB estaría obligada a actuar del lado del pueblo, y tendría el mismo incentivo para hacerlo que en caso de fraude, vale decir, evitar la justicia nacional e internacional y garantizar supervivencia.



El “no me entregaré” propio del “enemigo público No 1” atrincherado en su guarida final,  es cuando menos, el grito agónico del chavismo en su último estertor.



Y sí se entregará. Paz a sus restos.



Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe

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