domingo, 27 de diciembre de 2015

Los Franelas Rojas




Toda dictadura fascista nacionalista militarista ha tenido su versión de “los colectivos” chavistas o Franelas Rojas. El nazismo, los infames Camisas Pardas. El franquismo, los Camisas Azules de Primo de Rivera. El fascismo, los Camisas Negras. Los de Manuel Antonio Noriega, en Panamá, usaban guayaberas. Los Comités de Defensa de la Revolución en Cuba visten pañoletas rojas con sus camisas café. Los Tonton Macoute de Francois Duvalier en Haití vestían de negro sólido con anteojos también negros. Un denominador común une a estos grupos paramilitares: todos mancharon sus camisas con la sangre del pueblo.

La dictadura chavista que oprime y arruina a Venezuela se resiste a aceptar la avasallante derrota que recibió cuando el pueblo se pronunció en su contra en las elecciones parlamentarias del 6D eligiendo una AN 70% opositora. Pretende cumplir la promesa de Nicolás de desconocer el resultado electoral adverso e “irse a la calle con el pueblo” en caso de perderlas. Y claro está, la absurda amenaza lógicamente no la puede ejecutar con “el pueblo” puesto que justamente “el pueblo” votó en su contra, de manera que ese “pueblo” al que hace referencia el chavismo para violentar la voluntad popular no es otro que “los colectivos” o Franelas Rojas, grupos armados paramilitares de la dictadura cuya principal función es el exterminio de la clase media y la defensa armada de la revolución, fase en la que precisamente ha entrado la revolución llamada bolivariana.

La nueva Asamblea Nacional se instalará el 5 de enero de 2016. Para ese día, con total impudicia, demostrando su sociopático desprecio por la Constitución y las leyes y por la voluntad de ese pueblo que dice amar, el régimen ha convocado a sus colectivos o Franelas Rojas para que impidan la instalación de esa nueva AN. Su misión será evitar el arribo de los parlamentarios electos al Capitolio.

Por una misteriosa razón que nadie termina de comprender, el chavista jura que puede hacer lo que jamás funcionó para otros en toda la historia y que inexorablemente condujo a la perdición de quienes se aventuraron a hacerlo: contrariar y represar la voluntad popular.

Recurriendo a toda clase de subterfugios, artificios y acrobacias el chavismo  intenta fútilmente evitar o posponer lo que ya ocurrió, su derrota a manos de un pueblo harto de sus atropellos, crímenes y excesos. No logra entender que precipitando el nombramiento írrito de un pelotón de magistrados al TSJ afectos al oficialismo sin tener la mayoría calificada de la AN, o instalando a dedo un Parlamento Comunal ilegítimo que no existe en la Constitución sino en una ley anticonstitucional, al cual subordinaría la legítima recién electa Asamblea, o impidiendo con violencia de los Franelas Rojas que los representantes del pueblo electos el 6D constituyan el nuevo Poder Legislativo, no revertirá su derrota ni mucho menos evitará su inevitable derrocamiento. Y lo que es más grave, que tales desmanes solamente catalizarán su definitiva perdición.

Después de la paliza recibida el 6D, la única posibilidad de supervivencia para el chavismo yacía en la negociación. De inmediato debió caer de rodillas e intentar negociar con el resto del país –incluyendo sectores militares opuestos- una transición que le asegurara el salvamento de algunas parcelas de poder y de los líderes menos corruptos no incursos en delitos de lesa humanidad. Aún inmediatamente después del 6D el chavismo tenía la opción de negociar y salvar algo de su capital político. Es lo que cualquier político del mundo hubiera hecho: aceptar su derrota, negociar su salida, replegarse, reorganizarse y preparase para un eventual regreso. Es la esencia de la política, ganar en unas ocasiones y perder  en otras.

Pero el chavista no es político, es militar y malandro. Perder no es una opción. Sus opciones son el todo o nada, aniquilar o morir, vida o muerte. Y evidentemente, con las medidas desesperadas y maromas por las que ha optado y esas  maniobras violentas que ejecutarán sus Franelas Rojas en contra de la decisión irrefrenable del pueblo, el chavismo se garantizó el camino de la muerte, de la nada, de su propia destrucción.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe                       

No hay comentarios:

Publicar un comentario