miércoles, 9 de diciembre de 2015

La suerte está echada

Siempre se podrá confiar en la vocación suicida del chavismo.



En anteriores entregas se describían los posibles escenarios para las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre y la probable actitud del sector militar ante una previsible derrota del chavismo. Nicolás Maduro venía planteando 2 supuestos: ganar “como sea” (fraude abierto) o desconocer los resultados, tomar las calles violentamente e instaurar oficialmente una dictadura cívico militar. Vi la necesidad de plantear un posible tercer escenario: rechazo militar a las maniobras fraudulentas e ilegítimas del chavismo, apoyo a la voluntad popular y coacción castrense al régimen para obligarlo a aceptar la segura victoria opositora.

La tercera posibilidad lucía la más probable. Garantizaba a los sectores de la FANB menos comprometidos con crímenes de lesa humanidad, lavado de capitales, narcotráfico, y demás delitos que se imputan a funcionarios del régimen la oportunidad de evitar la justicia penal internacional y nacional, que de lo contrario se verían incursos en genocidio y otras violaciones de Derechos Humanos derivados de la represión de la inmensa protesta popular que con toda seguridad se daría ante el arrebato del chavismo. La oficialidad que todavía está en capacidad de negociar con potencias extranjeras rechazaría la orden de la cúpula corrupta bajo el argumento de que no sacrificaría libertad y patrimonio para salvarles el pellejo y fortunas a los pocos que llevaron al país al abismo y que son los verdaderamente buscados por la justicia de otros países.

Esta tercera opción también es la única que aseguraba la supervivencia de la FANB como institución. Además de la amenaza de su disolución para ser sustituida por un “Ejército del Pueblo” al modo cubano -que en efecto es el plan revolucionario-, conformado por miembros de colectivos, milicias, policías y otros irregulares, la Fuerza Armada enfrentaría su desmantelamiento luego de ser confrontada por fuerzas extranjeras que tendrían derecho de actuar en caso de violación masiva de Derechos Humanos y genocidio.

La tercera opción, paradójicamente para la mentalidad chavista, era la más sana, especialmente para el propio chavismo, pues es la única que le garantizaba supervivencia. Tanto el fraude como el desconocimiento de resultados eventualmente conducirían a un conflicto con alta probabilidad de intervención internacional de tales proporciones que aseguraría la desaparición del chavismo (y la destrucción de la FANB más los consiguientes juicios en La Haya). Por el contrario, aceptar la victoria opositora, negociar una transición en la que el chavismo sobreviviera reducido a su justa dimensión, salvar lo rescatable, evitaría el baño de sangre y los procesos por delitos de lesa humanidad. Si el chavismo no reconocía la conveniencia de esta alternativa, con toda seguridad la más ilustrada oficialidad de la FANB, sí.

En las alocuciones del oficialismo después de las elecciones, fue notoria la ausencia del general Néstor Reverol, Comandante de la GNB, la guardia pretoriana del chavismo. Afirman los expertos que este componente es el único leal al gobierno. Los rumores sostienen que Cabello y Reverol se enfrentaron al Ministro de la Defensa, general Vladimir Padrino López, quien, actuando bajo presión del Alto Mando y la oficialidad de los otros componentes, Ejército, Marina y Aviación, decidió apoyar la voluntad popular, a la inmensa mayoría que se volcó a votar en formidable avalancha en contra del régimen. Los militares, de esta manera, definitivamente se cuadraron con la causa democrática. Por conveniencia o por convicción, salvaron la patria.

Desde hace mucho se habla de que los Centauros, oficiales alzados originarios del 4F y el 27N de 1992, están profundamente molestos con la conducción del país y la total ruina y destrucción a las que lo han conducido el cabellomadurismo floreado (¿qué país del mundo, no, qué condominio puede sobrevivir a la conducción de marginales indigentes intelectuales como Cabello, Nicolás y Cilia?). En esto coinciden con las trazas de institucionalidad y decencia remanentes en la FANB. Así que con toda probabilidad se ha conformado una alianza de los distintos grupos del mundo militar con los factores democráticos para rescatar la nación.

Si los militares respaldaron a los demócratas que tendrían mayoría calificada del parlamento, es muy improbable que lo hicieran para decapitarlos después de conformar la AN y dejar en el poder a autoridades íntimamente relacionadas con el narcotráfico, bajo investigación en el extranjero por blanqueo de capitales, acusadas por delitos de violación de Derechos Humanos, señaladas por patrocinio del terrorismo islamista, absolutamente desprestigiadas ante el mundo como gobernantes: en pocas palabras, forajidas incapaces criminales que arrasaron el país.

Las versiones que ruedan por las redes sociales, confirman que Padrino, presionado por los sectores nacionalistas que aglutinan desde Centauros hasta institucionalistas y demócratas del ámbito castrense, se enfrentó a Cabello y Maduro y les argumentó la imposibilidad de ejecutar el fraude electoral debido al rechazo masivo hacia el régimen que reflejarían los resultados electorales –unos 35 puntos porcentuales a favor de la oposición-. Las cifras serían bien conocidas por los oficiales del Plan República y sería inevitable que trascendieran públicamente. Para agravar las cosas, el rechazo al régimen entre los militares, de acuerdo a los sondeos internos, es exactamente igual al del mundo civil. El violento enfrentamiento llegó a insultos aunque parece ser que el despliegue de pistolas descrito en las cadenas de WhatsApp y otras redes, no tuvo lugar.

Padrino, chavista de corazón y de bolsillo, beneficiado y groseramente enriquecido por la revolución, recibió en las presiones de la oficialidad el paracaídas dorado perfecto para abandonar la nave en picada y presentarse ahora ante el mundo como un institucionalista cabal y militar ejemplar.

Lo que se infiere, entonces, si por una parte tenemos al Ejército, Marina y Aviación apoyando a los demócratas y por la otra a la Guardia Nacional (cabe preguntarse si esta es monolítica o hay efectivos institucionalistas comprometidos con la democracia) apoyando al régimen (en realidad a Diosdado, ya que Nicolás es huérfano de Cuba que se le fue con EEUU), es que estamos en presencia de una crisis militar de gravísimas implicaciones, que puede desembocar en un conflicto bélico de grandes proporciones. Cuando las Fuerzas Armadas de un país se dividen y dirimen sus diferencias con las armas, hay guerra civil.

Pero las potencias extranjeras, en particular EEUU, no tolerarán que Diosdado y sus malandros de verde, aliados a colectivos y policías controladas por el oficialismo le den un palo a la lámpara y cometan tan abominable crimen con el pretexto de defender la revolución bolivariana, pero con el verdadero fin de evitar ser llevados a la justicia y perder sus riquezas mal habidas. De manera que la atroz aventura por parte del cabellismomadurismo inexorablemente precipitaría la intervención extranjera, la caída y desaparición del chavismo y la detención (o algo peor) de Diosdado, Nicolás y la narcocúpula cívico militar del chavismo. Fuerzas extranjeras apoyarían a las fuerzas armadas internas que respaldan la institucionalidad democrática.

Hay que recalcar que la maniobra bélica criminal de Cabello y los narco grupos militares corruptos que lo apoyan no tienen ni la más remota probabilidad de éxito. Causaría muerte y destrucción en escala inédita en el país. Conduciría a intervención extranjera, crisis humanitaria y a posible lesión a la soberanía. Y finalmente desembocaría en la perdición del liderazgo corrupto que la libró, quien terminaría en cortes internacionales o en algo peor.

El plan de Diosdado y sus secuaces, de someter al país por las armas, sumirlo en guerra y atrincherarse dentro de sus fronteras para evitar la justicia internacional y preservar vida, libertad y riquezas, sencillamente, jamás tendrá éxito. Está condenado al fracaso así como sus proponentes lo están a prisión o la muerte si se embarcan en él.

Es posible que hasta mentes cavernarias como la de Diosdado Cabello y como las del resto de la narco cúpula solicitada por tráfico de drogas y otros delitos de lesa humanidad, comprendan la inviabilidad de la aventura bélica temeraria que pretenden. Pero cualquier cosa se puede esperar de un gobernante que aparece amenazando por TV a todo un país con un garrote de cavernícola que todavía no ha llegado a la Edad del Guayuco, en la mano. No hay esperanza, no solamente por su falta de capacidad intelectual y su primitivismo, sino por la desesperación y el cansancio del momento, de que entiendan que la única probabilidad que tienen de sobrevivir como individuos y como movimiento político, es aceptar la derrota y negociar, para lo cual aún hay espacio. Hasta un regreso cabría dentro de lo posible para el PSUV, como fue posible para el peronismo en Argentina. Pero la brutalidad de hombres que no son políticos -y por naturaleza negociadores-, sino militares y maleantes que sólo conciben el todo o nada, la aniquilación total del adversario o la muerte, con la actitud del malandro sitiado en el rancho por la policía y que está dispuesto a morir disparando su ametralladora para llevarse a unos cuantos consigo, a huir cobardemente hacia adelante, puede llevar a Venezuela a la más trágica pesadilla.

La suerte está echada.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe



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