jueves, 10 de diciembre de 2015

La Guerra Económica




No dudo que cuando se discutía en Consejo de Ministros a quién culpar de la escasez, inflación, devaluación, en fin, del desastre económico provocado por las medidas socialistas y la corrupción chavista, alguien descartó la idea de culpar a las iguanas y rabipelados de la CIA que han destruido la infraestructura eléctrica propuesta por algún Jorge Arreaza del gabinete. No es que la idea fuera mala, pero era difícil poner a uno de esos saurios o marsupiales al frente de Polar. Nadie creería que un animalito de esos pudiera vestir flux y corbata.

También, con toda seguridad, fue desechada la proposición de uno de los genios de la intriga que conforman el tren ejecutivo de culpar a El Niño. No era tarea fácil establecer una relación de causalidad para explicársela al pueblo ingenuo, entre una corriente del Océano Pacífico y la cotización del dólar.

Decir que la desaparición del papel tualé era consecuencia de las lluvias o de la sequía, como hace el gobierno para justificar el racionamiento del agua (culpa a las lluvias en el Invierno y a la sequía en el Verano) lucía cuesta arriba, así que tampoco fue aprobada esta moción.

Fue entonces que un asesor cubano, seguramente con años de entrenamiento en el antiguo arte comunista de culpar a terceros por las fallas propias, saltó con la idea de endosarle la responsabilidad por la catástrofe a lo que desde ese momento bautizaron como “guerra económica”. Estaban encantados, ya nada más que el nombre sonaba prometedor.

Y el chavismo se dedicó a armar y predicar el modelo de esa Guerra Económica. Soslayó totalmente que justamente los mismos síntomas de esa guerra han tenido lugar en todo experimento marxista comunista que se ha hecho a lo largo de la historia. Escasez, desabastecimiento, inflación, pobreza, miseria, destrucción, contaminación ambiental desbordada, arrase del aparato productivo, ruina de la infraestructura, son fenómenos típicos de las economías marxistas. Sucedió en China, en la Unión Soviética, en Corea del Norte, en Cuba… Ningún ensayo de comunismo ha escapado a esas plagas, razón por la cual China abandonó el modelo maoísta de comunas en 1978 bajo Deng Xiaoping y ahora es capitalista (tan capitalista que entró en la meca del capitalismo: el FMI); la Unión Soviética se derrumbó precisamente a causa de ellas y hoy los países que la integraban son los capitalistas más salvajes que conoce el hombre (curioso que a los rusos con lo vivos que son no se les ocurriera la genialidad de la “guerra económica” para echarle la culpa de su debacle); y por la cual Cuba, pidiendo ser aceptada como país capitalista, se fue con sus odiados gringos (a quienes no sería cortés culpar del fracaso castrocomunista con el cuento de la “guerra económica”, so pena de que los catires se arrepientan de aliarse y  financiar a los Castro).

Pero el chavismo apostó a la ignorancia y la credulidad del chavista para el éxito de la fábula de la “Guerra Económica”. Y no podía ser de otra manera: ¿Acaso muchos venezolanos todavía no están esperando el apartamento que les prometieron en 1999, o la descontaminación del Guaire, o la Base Espacial de Guasdualito, o el tren Caracas-Buenos Aires, o el Eje Orinoco-Apure, o el canal desde el Orinoco al Caribe, o el sistema petroquímico de 20 petroquímicas en todo el territorio, o el Sistema Ferroviario Nacional, o las ciudades socialistas, o la fábrica de cohetes espaciales? ¿Acaso muchos compatriotas no están esperando, después de 17 años, que Venezuela se convierta en potencia mundial y que salve a la humanidad? Lo de la “Guerra Económica” sería “conchas de maní” al lado de todos los demás cuentos chavistas…

Por supuesto, montar una tramoya verosímil para la fulana guerra era una empresa difícil. Necesitarían no uno, sino varios chivos expiatorios (esta era la parte fácil). La parte difícil era crear una explicación plausible acerca de los mecanismos en que esta supuesta guerra existente sólo en las primitivas mentes de la jerarquía chavista opera.

Para el elenco de malucos de la historia –recuérdese que el chavismo simplistamente divide a la humanidad en dos: “los buenos” (“nosotros”, los chavistas) y “los malos” (“ellos”, los que no son chavistas, sin importar lo que sean, a quienes también llamamos “derecha, fascistas, burgueses y oligarcas”)- no había problema. Tenían a los usuales comodines “todo uso” con los que siempre el comunista ha quedado de maravilla ante su fanaticada mundial: los gringos, los judíos, la derecha, el fascismo, la burguesía y la oligarquía. Pero algún ministro envidioso de esos que jamás trabajó en su vida y menos fuera de la Administración Pública, decidió hacer un aporte a la trama y adelantó un nuevo personaje: el empresario.

Vamos a estar claros, lo del empresario le venía como anillo al dedo a un régimen dirigido por marxistas de corazón pero capitalistas salvajes de bolsillo. El empresario no es más que el capitalista en la Teoría Económica, y el enemigo del pueblo (más precisamente, del proletariado, el obrero) en la mitología marxista es justamente el capitalista.

Como es bien sabido, el chavista es una especie particular de marxista. Aunque se parece mucho a lo que siempre conocimos como socialista o comunista, se diferencia en algo fundamental: jamás ha leído un libro y frecuentemente no ha aprobado más que la primaria, a menos que sea militar, caso en el cual suele ser uno de los últimos de su promoción. Además, es un marxista antiimperialista que odia al imperio pero con un amor inusitado por su moneda, bancos, bienes en su territorio y  Disney World. Quizás es precisamente para ser consecuentes con su espíritu antiimperialista a pesar de sus veleidades imperialistas, es que oligarcas chavistas –“los buenos” de la película, en lenguaje de Nicolás- exportan drogas hacia el Imperio, según han confesado dos cachorros presidenciales revolucionarios humanistas que cayeron recientemente en manos de la DEA ante un tribunal imperial de New York.

El chavista tiene una concepción muy especial de esa víctima del empresario que llaman “pueblo”. En la cosmología chavista, el pueblo es únicamente la gente pobre. El empresario, por ejemplo, que como el rico, el pobre, el opositor, el oficialista, como todo poblador de un país es también pueblo, para el chavista es otra cosa. ¿Qué exactamente? Nadie sabe, pero es otra cosa, pueblo, jamás.

Así, ese empresario, “el malo” de la película en la Guerra Económica, es enfrentado por “los buenos”, es decir, los revolucionarios chavistas que, a diferencia de ese empresario que ha trabajado toda su vida en el sector privado y frecuentemente desciende de otros empresarios que por generaciones han laborado en la consolidación de una fortuna en la empresa privada, que ha arriesgado su dinero para montar un negocio, que genera fuentes de trabajo, que contribuye al desarrollo de la economía produciendo bienes y servicios que mejoran la calidad de vida y el nivel de empleo de la sociedad; jamás han percibido un solo centavo que no provenga de su cheque de 15 y último como empleados públicos, pero que hay que reconocer, administran maravillosamente bien, pues generalmente sus fortunas superan con creces las de la mayoría de los empresarios privados, ¡y sin cobrar ni comisiones, ni mordidas, ni coimas, pues el revolucionario socialista humanista es un servidor honesto del pueblo!.

Entonces, apartando a los usuales chivos expiatorios de la mitología chavocomunista –gringos, judíos, derecha, fascismo, burguesía, oligarquía, rabipelados e iguanas de la CIA y del Comando Sur-, tenemos tres protagonistas principales de la Guerra Económica: el empresario, el pueblo y el gobierno. En ese modelo se supone que el empresario maniobra causando daño al pueblo para perjudicar al gobierno que es culpado por el pueblo del desastre económico.

Estas maniobras del empresario incluyen desaparición, por cese de producción o acaparamiento, de productos; e incrementos desorbitantes de precios (inflación) para que el pueblo no pueda comprar los productos y pase hambre. El empresario además, conspira a través del portal web DolarToday que patrocina para causar devaluación, incremento de los precios y mayor inflación.

Si se examinan con detenimiento estas supuestas maniobras del empresario se notará que todas atentan contra sus propios intereses, todas, sin excepción causarían su eventual quiebra. Si desaparece o acapara sus propios productos o cesa en la producción, sencillamente, no vende. Si incrementa desmesuradamente los precios, de nuevo, tampoco vende pues la gente no tiene con qué pagarle. Es obvio que si el empresario no vende, no gana y no tardará en quebrar su empresa. Si patrocina a DolarToday para que suba el dólar, le cuesta más bolívares (que no está recibiendo porque no vende)  importar la materia prima o bienes que comercia, porque el empresario, a menos que esté enchufado con el régimen, no tiene acceso a dólares preferenciales y tiene que comprar a precios de DólarToday, y por lo tanto, no vende, pues sus precios son muy altos e inaccesibles para el pueblo.

Y esta es la principal falla del modelo “Guerra Económica”, el empresario se garantiza su propia destrucción intentando defenestrar al gobierno que es mucho más rico, poderoso y tiene más recursos que él. Pero este es un muy pequeño detalle que o los genios del liderazgo chavista calculan que nadie notará o del cual no se percataron cuando forjaban su mito.

En resumen, en ese modelo de Guerra Económica según el chavismo, el empresario se suicida, a menos que pueda comprar dólares a Bs12 y venderlos en forma de bienes a Bs 900. Y solamente pueden comprar el dólar a Bs 12 los chavistas. Aquí valdría la pena preguntarse “¿será el chavismo precisamente el que tenga más interés en que exista DolarToday y así comprar dólares preferenciales a Bs 12 y vender productos a Bs 900?" ¡No vale, no creo…!

Un par de cosas más. El chavista vincula al empresario con la burguesía y la oligarquía. Sin embargo, para el pueblo es claro que eso que el chavista llama “burgués” pero que jamás llega a definir muy bien y tiende a presentar como sinónimo de rico o “sifrino” es justamente en lo que se convirtió el chavista cuando tomó el poder siendo un pobre de solemnidad hasta ese día. Sus atuendos, sus hábitos, sus relojes, sus joyas, sus carteras, sus camionetotas, sus mansiones en Valle Arriba y "El Country", sus yates, sus gustos en whisky y champán, sus viajes en jet privado, o sea, su ritmo ostentoso y nuevo rico de vida así lo testimonian. Y más paradójico aún: aunque llama "oligarcas” a los empresarios que como en el caso de Lorenzo Mendoza es de oposición y en consecuencia, no está en el gobierno, resulta que el oligarca es justamente el chavista, puesto que la palabra “oligarquía” significa “gobierno de unos pocos”. Y esto nadie lo puede discutir, si el “gobierno de unos pocos” alguna vez existió en Venezuela, es justamente la dictadura chavista.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

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