sábado, 19 de diciembre de 2015

Hara Kiri





Hara Kiri

El seppukku o suicidio ritual coloquialmente conocido como hara kiri, que el budoka ejecuta en cumplimiento del código de honor del budo cuando falla en sus obligaciones o en alcanzar sus objetivos, bien auto impuestos, bien impuestos por sus superiores, cuando fracasa, es lo que correspondería en estos momentos al liderazgo chavista. Esto es, en caso de que ese liderazgo tuviera, como tiene el guerrero japonés un alto sentido ético del cumplimiento del deber, de observancia a los principios del camino del guerrero, del honor y de la debida obediencia a sus superiores.

Pero este no es el caso del jerarca chavista. En primer lugar, el chavista no tiene ni honor ni principios éticos, mucho menos un código de conducta más allá de la ambición desmedida por dólares y euros.

Y lo más grave es que el jerarca chavista tiene un total y absoluto desprecio por ese que, proclama, es su superior, su señor, a quien sirve y ama: el pueblo.

Pretendió “enseñarnos” el liderazgo chavista en 1999, con el objeto de derogar la inderogable Constitución de 1961 y convocar a una Asamblea Constituyente, que el señor supremo, el poder supremo, es el pueblo. Que nada está por encima de la voluntad popular, a la cual sirve y se somete.

Nadie en su sano juicio pone en duda que el pueblo manifestó su voluntad inequívoca, contundente y lapidariamente contra el chavismo, su socialismo, su fracaso, su corrupción, sus crímenes, su saqueo y destrucción del país ese domingo histórico en el que Venezuela rompió las cadenas del secuestro de la opresiva dictadura de maleantes chavista.

Únicamente el chavismo pretende ignorar el pronunciamiento masivo del pueblo en su contra, asumiendo una conducta absolutamente desvinculada de la realidad en la que atribuye a factores que sólo existen en el realme de esa fantasía solamente capaz de florecer en las mentes ideologizadas dogmáticamente de fanáticos autodestructivos: guerra económica, conspiración de la derecha, ataques del fascismo, intervención imperialista, y todas las demás pendejadas de la mitología chavomarxista a que nos tiene acostumbrados para depositar siempre en terceros la responsabilidad de su fracaso.

Dentro de esta disociada actitud, luego de unos días de confusión, llantos, pataleos y amenazas, el chavismo se reagrupó y decidió lidiar con la derrota del 6D con medidas artificiosas, desesperadas, pero sobre todo, inútiles, que pretenden todas soslayar la voluntad de ese pueblo que le dijo “¡fuera!” en una paliza electoral sin precedentes.

Hacen nombramientos apresurados y a destiempo de Magistrados al TSJ y otros malabarismos dirigidos a disminuir el poder de la nueva AN, con la idea errada de que con tecnicismos y vivezas tontas se pudiera torcer la decisión del pueblo expresada en las elecciones parlamentarias. Con la creación de un Parlamento Comunal que solamente existe en una ley orgánica delirante contraria a la Constitución (para el chavista la Pirámide de Kelsen fue construida por Tutankamón y queda en Egipto) pretenden avasallar a la nueva AN de mayoría opositora calificada.

Y el colmo es que pretenden impugnar el resultado de las elecciones alegando fraude opositor. Como con el caso de las denuncias de Giordani acerca de CADIVI en el que culpan a la oposición del saqueo de $25.000 millones como si no fuera el PSUV sino los adecos los que administraban esa nefasta oficina, ahora culpan a la MUD de un fraude que solamente podría cometer el CNE chavista. ¡El mejor sistema electoral del mundo era invulnerable y blindado cuando nos ganaban fraudulentamente y pedíamos auditorías; ahora es vulnerable cuando pierden! Son unos niños malucos…

No entienden los kamikazes chavistas –suicidas que marchan en masa como lemmings al barranco de la muerte- que todas esas acrobacias con que pretenden remendar la paliza comicial, intentan desconocer la voluntad del pueblo, son tan ilegítimas como y equivalen al fraude abortado por los militares ese domingo o al irrespeto a los resultados electorales anunciado por Nicolás. Pero lo más importante es que son total y absolutamente inútiles. Nada puede represar la voluntad popular que siempre, fatal e inexorablemente termina imponiéndose, como lo enseña la historia del mundo. Retar la ira del pueblo equivale a un hara kiri orillero.

La secta decidió suicidarse.


Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe


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