miércoles, 16 de diciembre de 2015

El pueblo dijo “no”, ¿no lo escuchaste, Nicolás?







Siempre podremos confiar en la vocación suicida del chavismo


Cuando un gobierno hegemónico, totalitario, abusivo, corrupto, que comete fraude electoral de todas las maneras concebibles –que no puede perder elecciones, pues- es apaleado por la oposición en unas elecciones parlamentarias, ha encontrado su debacle, su final. Clara e inequívocamente el pueblo le está diciendo “basta, fuera, ¡no!”

Justamente esto le sucedió a la dictadura chavista el 6 de diciembre. La oposición se armó con el 70% de la AN, con un porcentaje de participación electoral inédito en la historia. 75% del país salió a votar. Ese porcentaje es casi el doble de lo que típicamente se observa en unas parlamentarias, y por lo menos 25% mayor que lo que suele observarse en presidenciales. Desde todo punto de vista tan nutrida participación electoral es un fenómeno poco común en cualquier parte del mundo. ¿Acaso ese 75% era en su mayoría chavistas entusiastas en apoyo de su gobierno? ¡Por supuesto que no! Conocemos la inocultable apatía del chavista por su revolución y su dirigencia en los actuales momentos. De manera que la única conclusión posible es que la avalancha de votantes obedeció al impulso de ponerle fin a este esperpento, pretexto para el saqueo, que llaman revolución bolivariana (defecando en la memoria del Libertador).

Votos falsos, los cadáveres del REP, millón y medio de fantasmas del REP, nacionalizaciones ad hoc, autobuses de PDVSA repletos de electores arreados, amenazas a 3,5 millones de empleados públicos, extorsión a millones de beneficiarios de misiones, voto “asistido” con coacción, sobornos (con neveras, lavadoras, cocinas, vivienda, carros, taxis, comida, dinero en efectivo, tablets –y esto no es teoría, Nicolás lo confesó-) y –aunque muchos dicen que este gobierno es corrupto en todos, todos, absolutamente todos los aspectos y hace fraude en todo, todo, absolutamente todo “salvo en el conteo de votos”- trampa en el escrutinio de los votos. ¡Y lo más que pudo obtener fue 40% de los sufragios y 30% de la AN! ¿Imagina el lector qué hubiera sido del chavismo si hubiese acudido a estas elecciones en oposición? ¿Cuántos votos sacaría el chavismo sin contar con los recursos ilimitados del Estado? Obviamente la respuesta es que jamás, ni remotamente, ese 40% y que se vería reducido a su mínima aunque justa expresión como fuerza política.

De forma que por donde quiera que se le vea, la derrota del chavismo en las elecciones parlamentarias fue aplastante. La propia reacción del liderazgo chavista, desubicada, desatinada, incoherente, nerviosa, disparatada, amenazante mostrada en los discursos de los días subsiguientes definen la magnitud del formidable revés. Y sobre este punto hay coincidencia en todo el planeta.

En las primeras horas, las palabras apagadas de un Nicolás “mansito” que aceptaba la avasallante decisión del pueblo, confirmaban su comprensión de los hechos. Pero en los días siguientes entró en negación y, secundado por Diosdado y otros voceros, comenzó a vociferar, quejarse, amenazar, regañar, lloriquear, patalear, hacer pucheros y a asomar un lenguaje que desconocía la magnitud de su predicamento.

El demócrata del domingo empezó a anunciar cambios para restarle autoridad a la nueva AN designada por el pueblo comicialmente. Habló de leyes y nombramientos de última hora aplicados apresuradamente antes de la instauración de la recién nombrada Asamblea (medidas inútiles, por lo demás, pues ningún maquillaje ni artificio puede anular o derogar el pronunciamiento popular de ese domingo y la nueva AN se encargará de deshacer las maromas chavistas de última hora con el apoyo del pueblo).

Por último anunció que con la Ley Orgánica de Comunas de 2010, profundizaría el socialismo; ese mismo socialismo que llevó a la ruina del país y a la debacle del chavismo. Ese mismo socialismo que recibió el “¡no!” rotundo, inequívoco y lapidario del pueblo venezolano. Las comunas reemplazarían al Parlamento, en este proyecto de Nicolás. “La solución a la crisis de la revolución es más socialismo”, sentenció el desesperado e iletrado macaco desvinculado de la realidad. “Entregarle el poder al pueblo”, así lo proclamó Nicolás en el colmo de la imbecilidad, ya que justamente el pueblo harto y arrecho le dijo “¡no!” -dándole el preaviso a él y a sus secuaces para que recojan sus macundales y se vayan-  ese 6 de diciembre que pasará a la historia como el día en que Venezuela rompió las cadenas del chavismo.

En lo que es sin duda un caso para “Aunque usted no lo crea” de Ripley, Nicolás ha tenido la osadía de decirle a la gran mayoría que votó en contra de su socialismo que le va a meter más socialismo por el pecho. Le está diciendo a ese pueblo que no se tragó el cuento –por lo demás inverosímil- de la “guerra económica” y que sabe que fueron las expropiaciones, las trabas, las nacionalizaciones, las regulaciones, los controles, las manipulaciones del Ordenamiento Jurídico todos característicos del socialismo los que llevaron a la ruina del aparato productivo, a la escasez, a la destrucción económica, a la mayor inflación del orbe y a la miseria del otrora próspero venezolano que jamás antes del socialismo había tenido que hacer colas para comer ni para comprar medicinas, ni había tenido nunca que dejarse morir resignado por falta de medicamentos; ni había visto jamás a sus hijos sin pañales ni leche.


Sólo a alguien profundamente trastornado, desesperado, desubicado, disociado y suicida se le ocurre provocar la ira infinita de un pueblo que ya copó su capacidad de arrecharse, desafiándolo. Pues no quepa duda, el pueblo no se volcó el 6D a votar por la oposición. El pueblo salió masivamente ese día a manifestar en las urnas electorales su profunda arrechera contra el chavismo y su socialismo. El venezolano acudió con rabia ilimitada, arrecho como nunca antes lo había estado,  a decirles a Nicolás y a sus secuaces: “¡No! ¡Fuera! ¡Váyanse!” ¡¿No lo escuchaste, Nicolás?!



Por lo demás, desconocer a la nueva AN con la imposición de un Parlamento Comunitario (o gobierno de comunas o como se llame) no es más que un golpe de estado, pues es anticonstitucional y –más grave aún- es desconocer la voluntad popular expresada el 6D. Significaría la instauración oficial de una dictadura, pero téngase muy claro, de la dictadura de la minoría; de una ínfima minoría. Y por supuesto, sería una aventura que no tiene la más mínima probabilidad de éxito, pues hasta para dar golpes de estado y declarar dictaduras hay que gozar de un mínimo de apoyo popular, de un mínimo de soporte internacional y de un mínimo de prestigio, de los cuales todos, el chavismo carece.
 



La historia nos dice que ningún dictador o gobernante ha podido desafiar jamás una orden del pueblo de esta naturaleza y sobrevivido para contarlo. Pero –no me canso de decirlo- siempre podremos confiar en la vocación suicida del chavismo.

Y es lamentable, pues la humanidad, las generaciones futuras, necesitan verlos condenados por tribunales legítimos, no linchados en la venganza del que fue una vez su propio pueblo.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe



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