jueves, 10 de diciembre de 2015

El imperio de la maldad




Aunque nunca había habido reconocimiento oficial al respecto, era vox populi que la dictadura chavista siempre extorsionó al pueblo con fines proselitistas. La amenaza de revocarle el derecho a una Misión, a medicinas, a vivienda, a comida, a educación siempre fue uno de los métodos predilectos del chavismo para garantizarse votos. De hecho, la propia razón de existir de los planes de ayuda social y transferencias conocidos como Misiones, es únicamente su objetivo proselitista a favor del chavismo. Pero el liderazgo chavista –exhibiendo un mínimo de inteligencia- siempre se cuidó de admitir tan atroz y despreciable conducta.

Sabíamos que toda clase de abusos y trapacerías se cometían en contra de la gente necesitada con el objeto de beneficiarse con su voto. Algunos funcionarios o sus agentes, llegaban a cobrar comisiones de los beneficiarios de misiones, bonos y transferencias del Estado. Se sabía que los solicitantes de un apartamento o casa de la Misión Vivienda tenían que dar dinero a algún gestor para obtener la llave o siquiera entrar en la lista de espera para recibir ese beneficio.

También se escuchaban los cuentos de familias desalojadas de viviendas otorgadas por el gobierno por manifestar simpatías por opositores al régimen o por haber votado por la oposición. Tan sólo por cacerolear se les privaba de su vivienda, después de haber recibido ráfagas de fusil por parte de los luchadores sociales humanistas.

Pero era impensable que un Chávez, con todo lo bárbaro e impúdico que era, ni ningún funcionario chavista, por bruto que fuera, reconocería la extorsión del chavismo humanista sobre su amado pueblo venezolano. Jamás confesarían ser vampiros o zamuros que medran sobre las miserias de los hermanos más necesitados.

Esto es, hasta que llegó la bestia anencefálica Nicolás. En la monserga de lamentos, alaridos, lloriqueos, amenazas, pataleos, disparates y las siempre presentes imbecilidades de su discurso que viene soltando desde la masiva derrota electoral que sufrió el chavismo este domingo, en gran medida gracias a la arrechera que el pueblo le tiene en su calidad de agente cubano cucuteño usurpador del poder y remedo de hombre, dejó caer una amenaza –una confesión- en extremo grave.

Anoche Maduro le dijo al pueblo "tengo en duda construir viviendas, porque pedí tu apoyo y no me lo diste". Abundó explicando “no es que no pueda construirlas, yo puedo construirlas, pero pedí tu apoyo y no me lo diste”. Y lo insólito es que a tan abominable amenaza, a tan baja y ruin confesión, la audiencia de jerarcas socialistas humanistas reaccionó con un entusiasta aplauso.

La ignominiosa advertencia en muchos sentidos es violatoria de principios jurídicos elementales, incluso, de Derechos Humanos. En primer lugar está declarando abierta y diáfanamente que en Venezuela solamente los simpatizantes del régimen tienen derecho a la vivienda. En consecuencia a los no chavistas, confiesa, les viola ese Derecho Humano. Además, confiesa el fraude electoral, ese que llaman “ventajismo”, ya que en cadena pública de TV le está diciendo al electorado “si no votas por mí, no tendrás tu vivienda”, lo cual equivale a ponerle una pistola en el pecho al elector, es violencia electoral que vicia la voluntad del votante, de acuerdo con las leyes electorales.

Poco le importa a ese primate que todavía no se ha desprendido del rabo prensil con que se guinda de las ramas, reconocer que incumple sus obligaciones como conductor del Estado. El Derecho a la Vivienda lo debe garantizar el Estado y es la obligación el gobernante satisfacer ese derecho a todo ciudadano sin ninguna distinción de raza, credo o posición política, eso ordena la Constitución…

Pero bien sabemos, que como sociópata que es, el liderazgo humanista chavista tiene total y absoluto desprecio por la Constitución y las leyes, poco le importan ética y moral, hasta los Diez Mandamientos se los pasa por el paltó. Para el chavista normas y moral no existen, solamente existen para dañar a quienes piensen distinto a él.

¿Puede existir mayor maldad que chantajear desde el poder con una necesidad y derecho básicos como el techo a otro ser humano débil, desvalido y necesitado? No cabe duda de que en Venezuela se libra una batalla entre el bien y el mal, y que amenazas como las de Nicolás dejan muy en claro que es representante del mal encarnado en el chavismo humanista en su intento de instaurar en nuestra tierra el imperio de la maldad.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

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