jueves, 31 de diciembre de 2015

¿Acaso el chavismo controla a Capriles?





“No nos enganchemos en que si hubo o no hubo fraude. Pasemos la página”. Las sorpresivas palabras que helaron la sangre de muchos y que de inmediato me hicieron especular si era posible que la dictadura chavista tuviera algún medio de extorsión sobre el joven líder, todavía resuenan en mi mente. Así se expresó Henrique Capriles Radonsky ante el pueblo enardecido que luego de un mes de protestas gritaba “¡FRAUDE!” frente a la Alcaldía de Baruta en Bello Monte, cuando aún con barba, saliendo de su detención de 3 meses en la DISIP, pidió desde la tarima de orador que cesaran las protestas contra el patente fraude electoral en el Referéndum Revocatorio de 2004 que evidentemente había perdido Hugo Chávez.

Una conducta similar vimos 9 años después cuando el joven Capriles -señalado con algunos sórdidos cargos que iban desde escándalos sexuales hasta corrupción que implicaba a empresas familiares, por Pedro Carreño ante la AN que luego, convenientemente, el chavismo ha callado- entregó unas elecciones que ganó claramente a Nicolás Maduro en 2013, traicionando la voluntad de un pueblo que le dio el voto que había jurado defender. En esa ocasión, con el lema “ganaremos y cobraremos” el candidato de la Unidad convenció a los venezolanos de que se arriesgaran a darle el voto (votar contra el régimen es un riesgo en Venezuela, se arriesga empleo, alimentación, vivienda, y otras cosas) con el compromiso de presentar al país el 100% de las Actas de Verificación Ciudadana (que todavía estamos esperando, ni una presentó), de defender el voto popular hasta el final y de no permitir bajo ninguna circunstancia que el seguro triunfo opositor contra el candidato chavista Nicolás Maduro le fuera fraudulentamente arrebatado. Sin embargo, la historia registró como definitiva respuesta de Capriles su orden a la población de “bailar salsa” en sus casas como única protesta al impúdico fraude.

Lo insólito de la orden de protestar bailando en privado de Capriles es que él mismo acusaba al régimen de fraude electoral, que hizo ruedas de prensa internacionales denunciándolo, que convocó inicialmente a una gran marcha nacional sobre Caracas en protesta que luego abortó por presión de la dictadura y que introdujo un recurso de impugnación de las elecciones por ante el TSJ.

Capriles, de esta manera, traicionó al pueblo venezolano que depositó su confianza en él en, al menos, dos procesos electorales.

Hoy se repite la conducta inadmisible de Capriles, que no es más que la continuidad de la sostenida por lo menos, desde 2004. Haciéndole un carísimo servicio a la dictadura asume una posición crítica a lo que se conoce como “La Salida”, en lo que es no solamente un acto de cobardía –o de suma idiotez- por ser una agresión y ofensa a hombres y mujeres que terminaron asesinados, torturados y presos.

Capriles ha amenazado a la vital Unidad opositora –crucial y única vía y posibilidad de victoria frente la dictadura, puesto que sin Unidad no existe la más mínima probabilidad de éxito para la causa democrática-, con división si se adoptan protestas contra el régimen: “Señores, o ustedes
cambian la política que están planteando o hay una ruptura. Lo digo clarito”. Lo hace justamente en el momento en que las protestas no violentas en todos los terrenos, además previsibles y necesarias como complemento del voto y su defensa, se presentan como el último camino constitucional y eficaz que le resta a la democracia para enfrentar las pretensiones de la dictadura de desconocer el pronunciamiento popular del 6 de diciembre de 2015.

Capriles amenaza con romper la Unidad si el pueblo protesta precisamente cuando la dictadura pretende con tretas y subterfugios delictuales y anticonstitucionales como la instalación de un Parlamento Comunal que no existe en la Constitución, de nombramientos en el TSJ sin satisfacer los extremos exigidos constitucionalmente e impugnaciones sin fundamento jaladas por los pelos que solamente persiguen reducir la mayoría calificada en la AN ganada por el pueblo  en las recientes parlamentaria. Todas estas, no más que trampitas infantiles que pretenden inútilmente torcer la voluntad de un pueblo que habló muy fuerte y claro en contra de la dictadura chavista. Nadie en el planeta aceptará como legítimas ni mucho menos serias estas artimañas anticonstitucionales que demuestran la desesperación del chavismo por aferrarse a un poder que se le escapa como un cerdo ensebado.

Mas en este desesperado instante para la dictadura, Capriles le arroja una tabla de salvación repitiendo contra La Salida -cual loro o títere de Miraflores- y la protesta popular que se avecina indetenible si el régimen persiste en su desconocimiento de la decisión del pueblo, exactamente el mismo discurso chavista que le adjudica a la gloriosa gesta de estudiantes y ciudadanos heroicos que puso de rodillas al gobierno y lo desnudó ante el mundo como forajido violador de DDHH y autor de muchos otros delitos. Una gesta que costó la vida de 43 jóvenes estudiantes, la tortura y detención de cientos y la prisión de decenas que hoy no pueden defenderse ante los señalamientos cobardes de Nicolás y Capriles.

Capriles critica acremente con las mismas palabras que el chavismo a La Salida que jamás hubiera existido si él no hubiera entregado por lo menos una elección presidencial. La Salida solamente pudo existir gracias a la traición de Capriles, pues si no hubiera depuesto la lucha en los días subsiguientes al fraude que llevó a Nicolás a Miraflores, ninguna “salida” hubiera sido necesaria.

Argumenta Capriles que salvó miles de vidas entregando las elecciones. Falso, muchas vidas se perdieron y continuaron perdiendo como consecuencia directa o indirecta de la permanencia del chavismo en el poder. Desde las ejecuciones de jóvenes estudiantes con tiros en la cabeza, hasta los muertos por escasez de medicinas, pasando por los 90 asesinados diariamente a manos del hampa patrocinada por el Estado.

La conducta inveterada colaboracionista o como mínimo condescendiente de Capriles que se puede verificar, cuando menos, desde 2004, nos hace preguntarnos si el régimen ejerce sobre él algún tipo de extorsión, como lo sugieren las imputaciones que le hiciera Pedro Carreño en la AN, hoy misteriosamente silenciadas. La única explicación alternativa para los actos inadmisibles del joven gobernador, si admitimos su buena fe, es la más absoluta imbecilidad. Aunque por muchos signos exteriores de ella que manifieste, luce la menos plausible.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

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