miércoles, 25 de noviembre de 2015

Tenemos Patria





Primero fue Elías Jaua, ahora lo dice Aristóbulo Istúriz: “la patria es más importante que un rollo de papel higiénico o que hacer colas para comprar comida”. En realidad, jamás he entendido esta disyuntiva planteada por los buchones líderes chavistas antiimperialistas socialistas humanistas: o patria o papel tualé, o patria o comida. Sinceramente, no veo por qué patria y bienestar son conceptos excluyentes. Después de todo, en Francia, Colombia, Perú, Brasil, España, Alemania, EEUU, Uruguay y Chile, como en todos los demás países del orbe, el pueblo no se priva de papel tualé o comida para tener su patria. Es más, desde que nací en 1958, he tenido patria –como todos los venezolanos- y hasta que llegó el chavismo, en esa patria no faltaba el papel tualé ni había que hacer colas para comprar comida.

El chavismo se acredita el mérito de habernos dado patria a los venezolanos, mérito que habíamos aprendido en la escuela, correspondía a nuestros próceres, comenzando por Bolívar.

De hecho, hasta 1999 ningún venezolano se había planteado la carencia de patria, muy por el contrario, nos sentíamos muy orgullosos de tener una patria pujante que llevó libertad y dio patria a cinco pueblos del continente. Teníamos una patria sin apagones, que producía 3,4 millones de barriles diarios de petróleo y tenía planes de producir 7 millones. Que construyó El Guri y un sistema eléctrico nacional que funcionaba sin fallas y que –resistiendo la destrucción revolucionaria- es el que provee la electricidad a esa “patria” del chavismo que no ha construido ni una sola central eléctrica. Que edificó un sistema de escuelas, universidades y academias militares que formó, incluso, a quienes hoy niegan su existencia a pesar de haberse formado en él, al cual no le han agregado nada, más allá de centros de adoctrinamiento comunista. Que construyó una planta industrial –hoy desaparecida por obra de quienes pretenden darnos patria- capaz de proveer a la economía nacional y aun exportar al resto del mundo. Que formaba parte importante de la lucha mundial contra flagelos como el terrorismo y el narcotráfico y cuyos dirigentes no tenían sobrinos presos por contrabandear drogas. Que hizo el “23 de enero” y Caricuao para proveer viviendas en propiedad plena con condiciones dignas. En fin, que construyó casi todo lo que conocemos como la Venezuela moderna y que el chavismo no ha logrado terminar de destruir sin haber construido ni una sola obra de importancia en su “creación” de patria.

Así que cuando escucho frases como la citada de Jaua e Istúriz o como la ya célebre “ahora tenemos patria” me pregunto si para el chavista “tener patria” significa tener apagones; haber arruinado al otrora emporio petrolero que ya no exporta 3,4 millones de barriles de crudo sino solamente 2,3 millones e importa combustible; haber reducido a PDVSA a casi escombros y llevarla al borde de la quiebra; patrocinar el terrorismo y el narcotráfico; haber causado una ruina económica de tales dimensiones que se cierne la cierta amenaza de hambruna presagiada por las enormes colas para comprar la escasa comida y las desaparecidas medicinas; ver la muerte de niños y adultos a causa de la falta de medicamentos; que los bebés no tengan leche ni pañales y sean depositados en cajas de cartón al nacer, pues en los hospitales no hay cunas; que 83 familias al día sumen su duelo al de otras 280.000 que han perdido a sus deudos a manos de la inseguridad patrocinada por la revolución…

Pero es posible que el chavista sienta que tiene patria y que esta es más valiosa que un rollo de papel tualé o que hacer colas para comprar comida cuando calcula el saldo de su cuenta cifrada en Andorra o Suiza, repleta de dólares que no hubiera saqueado sin su patriótica revolución. O cuando se pasea con su superyate por aguas del Caribe. O cuando participa en las orgías que monta en los exclusivos paraísos antillanos reservados solamente para ricos y famosos. O cuando regala una propina de 100 mil euros en un hotel de Paris. O cuando se desplaza por las avenidas de Caracas en su Hummer mientras lo ven los peatones que votaron por él en su camino al Metro. O cuando chapea con su pasaporte diplomático a los policías antinarcóticos que intentan revisar su alijo de drogas en algún país extranjero. O cuando hace mercado en Aruba o Miami para comprar esa comida y ese papel tualé que valen menos que la patria. O cuando encarga fluxes de $10.000 en Italia que manda a buscar en su jet privado. O cuando cada mediodía paga 4 salarios mínimos por una botella de escocés 18 años en algún lujoso restaurant de Caracas. O cuando…

Pero llama la atención el cinismo de personas que están desenmascaradas frente a la humanidad como saqueadores de un país con cuentas en Andorra y Suiza de cuyos fondos no pueden explicar legítima procedencia; que forman parte de un gobierno que otorga pasaportes diplomáticos a narcotraficantes que además, son sobrinos del Presidente de la República, a quienes ese gobierno provee hasta abogados defensores en tribunales extranjeros; que están desacreditados como gobernantes por llevar a uno de los países más ricos del mundo a la quiebra, aun teniendo los más grandes ingresos de su historia; que están señalados por delitos de lesa humanidad con pruebas, aun gráficas, que saturan Internet. Esas personas obesas que nadan en riquezas desmesuradas mal habidas, todavía, a estas alturas del partido, se atreven a decirle desde sus ostentosos palacios a ese pueblo sumido en la miseria por su latrocinio: “la patria es más importante que el papel tualé y la comida”.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

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