sábado, 14 de noviembre de 2015

Secuestro





Podredumbre. Fez. Cloaca. Escoria. Pus. Cáncer. Necrosis. Gangrena. Detrito. Excremento… Ya es imposible pensar o hablar del chavismo sin rayar en lo escatológico y aun así, sin encontrar palabras que describan con fidelidad su grado de corrupción; sencillamente, porque no las hay. Y no las hay porque la humanidad no había conocido una plaga de esa naturaleza y magnitud. Quizás “sodomía” lo defina. Y quizás Dios no tenga más alternativa que fulminarlo como a Sodoma y Gomorra.

Aponte Aponte. Rafael  Isea. Leamsy Salazar. HSBC, Suiza. Banca Privada Andorrana. Rafael Ramírez y su primo, Diego Salazar. Desfalco a PDVSA. Walid Makled. Decreto Obama. Violación de Derechos Humanos. Presos políticos. Torturados. Asesinados. Fraude electoral. Narcotráfico. Terrorismo. Lavado de dinero. Corrupción. Y ahora, narcosobrinos Flores; narcotráfico en la familia presidencial. Seguramente faltan otros casos. La lista de delitos de mucha gravedad, no pocos de lesa humanidad, es interminable. Por donde se le destape, el chavismo solamente destila pestilencia.

Las formidables riquezas que se muestran en las fotos de bienes incautados o allanados a los recién arrestados sobrinitos Flores, Efraín y Francisco, jóvenes casi adolescentes, y que ya vemos cotidianamente en la boligarquía y boliburguesía chavistas, no se las gastan ni jeques sauditas y revelan no sólo el aburguesamiento de los revolucionarios humanistas, sino gran insensibilidad y decadente desmesura que les permite dormir tarnquilos bañados en champán, cocaína, dólares y caviar mientras el pueblo que los sostiene en el poder hace colas para comprar mendrugos, los “bebés de la patria” carecen de pañales y leche, y los niños, al igual que los adultos, mueren de cáncer por falta de medicamentos, gracias a que sus dólares se esfumaron en los lujos sodomitas de los socialistas.

Los narcosobrinos Campos Flores y Flores de Freitas fueron detenidos con 800 kilos de cocaína portando pasaportes diplomáticos venezolanos, hecho que en sí mismo prueba una vinculación directa entre el Estado y el narcotráfico. Los medios internacionales informan que Calixto Ortega, máximo representante del gobierno venezolano en EEUU, acudió expedito para protegerlos ante las autoridades norteamericanas en New York. También que el mismo bufete de abogados que demandó a DólarToday en nombre del BCV, fue encargado de la defensa de los jóvenes delincuentes y CITGO pagó sus honorarios. De ser ciertos estos hechos, huelgan las confesiones de los tíos Maduro-Flores, imposible una declaración más diáfana de que están relacionados con el narcotráfico (y de que más brutos no pueden ser, claro está). Delito sobre delito protegidos con más delito.

También se informa que los precoces “Cara Cortada” presuntamente señalaron a Diosdado Cabello y a Tareck el Aissami como propietarios del embarque, de quienes tan solo cumplían órdenes. Cierto o falso, se sabe que el avión en el que viajaban es propiedad de Atún Eveba, compañía que se reputa –supuestamente- propiedad de Cabello por medio de testaferros. Y por si fuera poco, la nave era pilotada por un Mayor de la Fuerza Aérea Nacional Bolivariana (¿hace falta algún comentario?)

Si la décima parte de todo lo anterior es cierto, el pueblo de Venezuela merece una buena explicación por parte del régimen. Y –obviamente, como sería el caso en cualquier país de verdad, aun el más primitivo de África- Nicolás debería estar de rodillas presentando su renuncia (cosa que no va a suceder, a pesar de que la FANB dejará ir por el albañal lo que le resta de dignidad velando por la continuidad de un gobierno de tan escandalosa calaña).

Los hechos de los últimos años corroboran la tesis de que en Venezuela no hay una dictadura -lo que requiere alta organización de un poderoso Estado y algunos principios éticos al menos en cuanto a forma- sino el secuestro de la población por parte de delincuentes comunes facinerosos, psicópatas de alta peligrosidad y sin escrúpulos, que posan como políticos distando mucho de serlo, que han causado el colapso del Estado; la anomia más absoluta; el caos.

Tony Montana, el Scarface maestramente personificado por Al Pacino en la película de Brian de Palma, un marielito, gobierna a Venezuela. Este hecho se manifiesta en el saqueo, el expolio, la ruina económica, la inflación, la escasez, el colapso de los servicios, la destrucción de la infraestructura y el asesinato de 280.000 venezolanos, que se explican por el mando de un malandraje marginal, de azotes de barrio, cobradores de peaje, atracadores en motocicleta y jíbaros.

La detención de los narcosobrinos Flores prueba más allá de toda duda que en Venezuela no “manda el pueblo” como reza la propaganda gubernamental. En Venezuela manda el delito.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe



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