viernes, 27 de noviembre de 2015

Maldad infinita





Cuando el adolescente de 14 años Kluiverth Roa fue asesinado con un disparo a la cabeza por un PNB que muy probablemente se sentía protegido por la Resolución 8610, en virtud de la cual el general Padrino López se autorizaba a sí mismo y a los cuerpos de seguridad nacional a violar Derechos Humanos y disponer de la vida humana sin fórmula de juicio, Nicolás intentó desacreditar a la víctima declarando que pertenecía a una secta de ultraderecha conspiradora (se trataba de los Boys Scouts de Venezuela). En un acto de infinita ruindad y maldad, pretendió erigir a la víctima –casi un niño- en victimario para escurrir la responsabilidad del régimen en el aberrante hecho.

Poco después, el depravado Embajador de Venezuela ante la OEA, Roy Chadderton, un demócrata cristiano que tardía pero súbitamente se descubrió comunista revolucionario cuando los comunistas revolucionarios llegaron al poder y él laboraba en la Cancillería como lo había hecho a lo largo de la era democrática, declaró con risa incontenible que la bala de un fusil “hacía un sonido hueco al atravesar el cráneo de un escuálido”.

Hoy, de nuevo Nicolás pretende inculpar a la víctima, desacreditarla y hacerla delincuente ante los ojos de una opinión pública nacional e internacional que felizmente ya es refractaria a las aviesas aunque muy imbéciles y pueriles versiones que salen del chavismo. La humanidad tiene absolutamente claro el carácter forajido de la dictadura chavista. Dos sobrinos del dictador en un tribunal de New York y decenas de cuentas injustificables en Andorra, Suiza y Panamá lo certifican.



A tan solo horas del espantoso asesinato del dirigente adeco Luis Manuel Díaz en Altagracia de Orituco, quien se encontraba apenas a centímetros de la esposa de Leopoldo López, Lilian Tintori en la tarima de un acto político opositor multitudinario, Nicolás osó declarar que el móvil del asesinato “apunta a un ajuste de cuentas” (presumimos que entre bandas delictivas pues entre sacerdotes no podría ser). Es decir, pretende rebajar a la víctima a la condición de criminal común cuyos delitos lo llevaron a ser ejecutado por una banda rival. Existe en criollo una expresión de 11 letras que se relaciona con ciertas partes de la progenitora para definir a tan abyecta persona capaz de este maligno infundio.

Por supuesto, la infantil e idiota declaración del tío de los más famosos huéspedes de la DEA es insostenible, inverosímil y solamente la pueden creer los más fanáticos afectados de muerte cerebral masiva. Dos preguntas y su respuesta constituyen un argumento que derriba la declaración de Nicolás: ¿Por qué asesinarlo en un acto político público ante cámaras y la mirada de miles de testigos? ¿Por qué no asesinarlo en algún paraje solitario, en alguna calle oscura lejos de la mirada de testigos? Sencillamente, fue atacado en un acto político porque se trata de un asesinato político. Escogieron un mitin político de la oposición pues querían hacerle llegar un mensaje político a la oposición. No lo hicieron en una calle solitaria pues el mensaje (“ganaremos como sea, nadie está seguro con nosotros, somos dueños de sus vidas, asegúrense de votar por nosotros o los mataremos pues somos candela con burundanga, déjennos tranquilitos en el poder”) jamás llegaría a los candidatos y al electorado de oposición. No hay espacio para otra interpretación.

La reacción de la OEA y de otros países no se hizo esperar. El repudio al hecho es unánime. Se lo considera un atentado grave contra la democracia. Y aunque no ha habido señalamiento expreso contra el régimen más allá del exhorto a mantener el proceso electoral libre de violencia, la reacción de la dictadura ha sido virulenta, al  punto de llegar al insulto. Nicolás llamó “basura, con el perdón de la basura” al socialista Luis Almagro, Secretario General de la OEA. Delcy la Cancillera acusó de “mala fe” al gobierno de EEUU por afirmar que la violencia política no tiene cabida en democracia y exhortar al gobierno chavista a proteger a todos los candidatos. Lejos de señalamientos al régimen, ambos apenas hacen un pronunciamiento de principios (violencia y democracia son excluyentes) y un petitorio al gobierno de que cumpla sus funciones como garante de la vida de los ciudadanos. Pero la reacción violenta del chavismo es más allá de toda duda, una confesión de culpa en los hechos condenados.

La humanidad jamás se tragará la historia del ajuste de cuentas entre delincuentes rivales que está cocinando el régimen. Menos creerá la de que es la propia oposición la autora de los atentados. Y la razón es simple: no se trata de un hecho aislado. El mundo ya está habituado a los salvajes ataques de los asesinos patrocinados por el oficialismo en distintos actos y protestas pacíficas de oposición que han resultado en muertes o lesiones y que no es necesario enumerar en este artículo.

Con esas versiones emanadas de sus jerarcas, que son producto de mentes muy primitivas ancladas en los primeros estadios de la civilización, aquellos en que la manada era guiada por un macho con un garrote de cavernícola como el de Diosdado Cabello en VTV; de mentes, además, oligofrénicas muy párvulas, si bien muy psicopáticas; el chavismo se hunde aún más que lo que sus propios delitos lo han hundido y siguen hundiendo.

Lejos de lesionar a la disidencia con sus crímenes, el régimen chavista la fortalece. Por más que este asesinato es un atentado contra todos los venezolanos, en realidad es un servicio que le hace a la causa democrática. La democracia se debilita con el asesinato, pero el deseo de democracia se acrecienta y potencia con él. Con cada hermano que asesina, el chavismo irremediablemente se sumerge más en su propia hez y acerca más al pueblo venezolano a la democracia y a la libertad.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

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