lunes, 2 de noviembre de 2015

Manual básico de léxico comunista para el chavista



Manual básico de léxico comunista para el chavista

He observado con preocupación que el chavista, desde el líder galáctico hasta el  más humilde seguidor, pasando por el enchufado (especialmente por el enchufado) utiliza palabras, frases y conceptos cuyos significados no conoce aunque repite incesantemente al caletre. Ante cualquier señalamiento de las fallas y vicios de su sistema de gobierno, en especial, de los de índole económica, responde con oraciones prefabricadas que supuestamente deben satisfacer al interlocutor como lo satisfacen a él.

Así, es la regla que cuando nos quejamos de la inflación, el chavista responde que es causada por la “guerra económica” librada por la “ultraderecha y el fascismo” para provocar el fracaso de la “revolución” del “pueblo”. Pero al preguntarle por cada uno de los conceptos que emitió en esa defensa, no puede definir acertadamente ni uno solo de ellos, comenzando por “pueblo”.

Por ahí comenzaremos. “Pueblo”, diría el chavista, “es la gente humilde” (por alguna razón que desconozco, es tabú usar el término “pobre” y se utiliza “humilde” como sinónimo, incorrectamente). De manera que para el chavista, solamente los pobres son “pueblo”. Y aquí viene la primera definición de este manual. “Pueblo” es el conjunto de personas de un país. Pueblo somos todos, pobres, ricos, millonarios, chavistas, opositores, todos.

Términos como “derecha” y “ultraderecha”, la verdad, son difíciles de definir y en esto simpatizamos con el chavista que –claro está- no tiene remota idea de su significado. Se asocia a la “derecha” con posiciones conservadoras, de defensa de la propiedad privada, del capitalismo y del individualismo. El segundo, obviamente, se refiere a la posición más extremista de la derecha. La “derecha” política se opone a la “izquierda” -en la que se inscribe el chavismo (supuestamente)- que defiende el progresismo (lo que sea que esto signifique, aunque por el desempeño chavista parece significar ruina, retraso, destrucción y caos socioeconómico), la propiedad pública, el socialismo y el colectivismo. Conviene aclarar que la división del pensamiento político en “derecha” e “izquierda” pertenece al pasado remoto; es obsoleta. Hoy las políticas públicas se definen sobre bases científicas y tecnológicas en las que se busca optimizar resultados y por tanto, algunas soluciones pertenecen al ámbito de lo que alguna vez fue considerado derecha y otras al de la izquierda.

El chavista usa los términos “fascismo” y “fascista” como insultos; al igual que “burgués” y “oligarca”. El “fascismo” o “fascista”, junto a gringos, judíos, oligarcas y burgueses, es el culpable de todo, en especial, de los fracasos del comunista. Hasta de destruir los autobuses para el transporte público comprados con enormes sobreprecios por los bolichoros lo culpan, y les ponen el letrerote que acredita a la revolución de haberlos recuperado del fascismo. Pero, de nuevo, jamás hemos visto a chavista alguno, ni siquiera al liderazgo, definir estos conceptos. Así que los ayudaremos. Podríamos definir “fascismo” (palabra que proviene del Italiano fascio, y esta a su vez del Latín fasces, haces, plural de haz, que se refiere a los haces de trigo que usaban de emblema los generales romanos) como una ideología política que promueve el totalitarismo, en virtud del cual el Estado asume control absoluto sobre todos los aspectos de la vida ciudadana y de la actividad económica. Típicamente, en el fascismo se nacionalizan todos los entes de la economía y el Estado pasa a ser el gran empresario y conductor del sistema económico (cualquier similitud con el socialismo no es mera coincidencia, pues su fundador, Benito Mussolini fue originalmente marxista). Además, el Estado asume control hegemónico de medios de comunicación, actividades artísticas, sistema educativo, sistema de salud, etcétera (¿será que los extremos se tocan? Por momentos sentí que escribía sobre la revolución “bolivariana”).

De más está decir que las veces que he pedido a un chavista que defina “revolución” lo he visto quedar boquiabierto sin encontrar palabras para hacerlo. Este concepto no se lo escuchamos jamás ni a aquel gran sabio galáctico nacido en Sabaneta cuando alfabetizaba a sus seguidores en “Aló Presidente”, que lo usaba repetidamente cuando señalaba que el capitalismo destruyó la vida en Marte y que esa revolución pudo haberla salvado. Bueno, exagero: Sí decía que la revolución era la madre de todo y que estaba pariendo a la patria (tampoco jamás han explicado qué es patria, aunque es lo único que se atreven a decir que nos han dado). Entonces, aunque hoy en día sabemos que “revolución” no es más que un pretexto para enriquecerse brutalmente por medio de la toma del poder, se define “revolución” (política) como un cambio político, económico y social profundo en un país, frecuentemente violento y súbito.

Sin embargo, para definir “guerra económica” tiro la toalla y me declaro tan incompetente como el más rancio de los chavistas. Es cierto que mi incompetencia se debe en alto grado a que los venezolanos jamás hemos escuchado la definición de “guerra económica” por parte del régimen chavista, ni siquiera Nicolás Maduro que la nombra 30 veces diarias, ni el capo máximo Diosdado Cabello, ni mucho menos los sopotocientos mil generales verduleros barrigones de la FANB que luchan contra ella la han podido definir alguna vez. Nunca han explicado ni someramente cómo opera la fulana guerra. De esa guerra únicamente sabemos que es librada por los empresarios, la derecha fascista, los judíos, los gringos, los comerciantes, la burguesía, la oligarquía, el imperialismo y toda la pléyade de chivos expiatorios con que siempre ha contado el comunismo desde hace 110 años para librarse de responsabilidad en sus repetidos e inexorables fracasos.

Y como el vilipendiado empresario es el mayor culpable de la supuesta guerra según el chavista, quien tampoco, jamás en la vida, trátese de jerarca o chavista del rebaño, ha podido definir el término “empresario”, estamos obligados a emitir esa definición. “Empresario” es uno de los 3 Factores de Producción, que en la Teoría Económica son el Capital, el Trabajo y el Empresario. En pocas palabras, el empresario es quien aporta el capital (la plata, lo que no es poca cosa, pues de algún lado debe salir y a algún costo, sea financiamiento, en ocasiones dando en garantía hasta su vivienda, o de sus ahorros, caso en el que deja de ganar los intereses. Y conste, buena parte de las empresas quiebran, lo que siginifica, en tales casos,  que el empresario pierde inmensamente. O sea, el empresario arriesga) y obtiene una ganancia de la actividad económica de la empresa. En la Teoría Marxista, el Trabajo (trabajador, proletario) genera esa ganancia con su labor, que Marx llama “plusvalía”.

He aquí otro concepto que el chavista nunca ha definido, ni espontáneamente ni cuando se le interroga al respecto (lo he hecho varias veces con el único objeto de demostrarle que nunca ha leído a Marx ni tiene idea de qué es socialismo). De hecho, que ningún chavista conoce, salvo Alí Rodríguez Araque y quién sabe si Jorge Giordani. De resto, ni Chávez, ni Merentes, ni Rafael Ramírez, ni el iletrado Diosdado Cabello, ni mucho menos el indigente intelectual Nicolás han tenido noticia de que tal cosa existe. Y deberían saberlo. No sólo porque son “comunistas” (inevitable carcajada en este punto), sino porque según Marx la “plusvalía” causada por el proletario pasa al Estado que luego –dentro de su enfoque colectivista- la distribuye en la sociedad creando bienestar. Pero resulta, a la luz de las noticias acerca del formidable saqueo de Venezuela por parte del chavismo que han publicado en gran cantidad de medios internacionales, que justamente en el destino final de la plusvalía yace la diferencia fundamental entre el socialismo clásico teorizado por Marx y el nuevo socialismo del siglo XXI, ya que en este último la plusvalía definitivamente no pasa al Estado sino que parece ser que pasa a los bolsillos de los revolucionarios que la despachan expeditamente para Andorra y otros paraísos fiscales; la plusvalía, todo lo que esté mal puesto y hasta las lámparas, esto es.

Pero es necesario regresar al concepto de empresario y analizar las imputaciones que le hace el chavista como culpable de la guerra económica y sus hijas, inflación y escasez.  Por una parte, señala el chavista que la inflación es causada por la voracidad desmedida del empresario, que establece márgenes de ganancia enormes. Alega que el estado le vende dólares a BsF6,30 y BsF12 para importar la mercancía, a la cual le fija los precios a dólar libre, multiplicando la ganancia hasta 100 veces. También lo acusa de acaparar bienes para aumentar sus precios por efecto de la reducida oferta. Y le hace otras acusaciones más difusas, pero en general, sostiene que el empresario conduce la guerra económica para lucrarse, además del propósito de lesionar la revolución.

En primer lugar, le pregunto al chavista, ¿quiénes tienen acceso a los dólares preferenciales que menciona? Sabemos que solamente los afectos al chavismo pueden comprarle esos dólares al Estado. El grueso de los empresarios y comerciantes como mucho reciben una fracción de lo requerido y el resto debe adquirirlo en el mercado negro o aportarlo de sus reservas en el exterior. Por cierto, ¿quién es el que más se beneficia de que el dólar esté en BsF 800? Lógicamente el que tiene los contactos para comprarlo a BsF6,30 y BsF12, vale decir, el chavista (argumento sustentado por la evidencia de Giordani).

Otra pregunta. ¿Acaso no sabe el chavista que el costo del dólar vendido por el Estado tiene un gran sobreprecio cobrado por las mafias cambiarias del oficialismo (de acuerdo con denuncias emanadas del propio chavismo, como en el caso de Giordani y otros)? Se habla de que hay que sumarle unos BsF25 a cada dólar preferencial.

Otras más. ¿Sabrá el chavista que cuando por fin la mercancía llega a puerto el empresario tiene que pagar su peaje a autoridades, GNB y otros matraqueros y martilladores, so pena de que desaparezca? ¿Y de que para sacarla de almacenaje también tiene que pagar mordida, así como cuando el transporte pasa por las distintas alcabalas?

Y una última. ¿Cómo cree el chavista que el empresario se libra de las multas y decomisos en las inspecciones de INDEPABIS, policías y de nuevo, GNB? ¡Mordidas, matracas, martillos! Es decir, aumento del costo o disminución del margen de ganancia.

Una consideración especial. La situación económica provocada por la supuesta guerra económica, primero que a nadie, perjudica al empresario. El número de estos se ha reducido bárbaramente desde la instauración de la revolución. Cientos de miles de empresas han desaparecido y el número de nuevos cierres continúa aumentando. Precios más altos se traducen en menos ventas. El acaparamiento de productos implica paralización de las ventas. De manera que estas acusaciones se caen por su propio peso pues habría que concluir que el empresario es suicida, ya que sus supuestas maniobras de guerra económica lo está exterminando.

Por si fuera poco. El chavista, dentro de su lamentable ignorancia, soslaya un hecho indiscutible: El mejor negocio para el gobierno sería un empresario que gane mucho, muchísimo, con márgenes gigantescos, por la sencilla razón de que cobraría mucho más impuestos sobre la renta que podría reinyectar en la economía creando más bienestar. (Y que no argumente que el empresario esconde su ganancia pues si afirma que existen tales márgenes basado en datos del régimen producto de fiscalización, hay que concluir que el Estado está informado y si falla en recaudar es o torpeza o corrupción).

Hay una palabra de suma importancia para el chavista, pues además de ser uno de los principales culpables de su fracaso y los males del pueblo, lo considera enemigo mortal (gratuito pues nada le ha hecho) al punto de hacerlo blanco de la lucha de clases con el objetivo de exterminarlo como clase social: burguesía (o burgués).

Lo primero que hay que explicarle al chavista (de quién jamás he podido obtener una definición de burgués o burguesía) es que este término no tiene nada que ver con ese plato de McDonald’s que también devora cuando va a Disney World o a su mansión en Florida, y que tanto ama: la hamburguesa. No, en esencia el burgués es alguien con oficio o profesión, y la burguesía, entonces, la clase de los profesionales, médicos, artesanos, gente que está calificada para hacer algo. El origen del término es de la Edad Media, cuando las personas con oficio se aglomeraban en pequeñas poblaciones de los feudos que se llamaban burgos. El militar no pertenecía a la burguesía, esta actividad correspondía al señor feudal que como todos sabemos vivía del producto de su tierra que era trabajada por los villanos. Estos villanos, a su vez, eran reclutados cuando llegaba la hora de la guerra para pelear las batallas del señor feudal. El militar o señor feudal, era, entonces, una suerte de parásito (aunque se mantenía en buena forma y sin barriga pues, a pesar de que no vendía verduras, sí participaba en las refriegas y peleaba con una espada pesadísima que exigía fuerza y pulmón).

De forma que cuando el chavista, bien sea militar, servidor público o mendigo del Estado, en general, cliente del Estado o enchufado del régimen, acusa a hombres como Lorenzo Mendoza de empresario maluco y burgués, debe tener presente que pertenece a la clase que ha sido el verdadero motor intelectual, tecnológico y económico de la sociedad, al menos, desde el Medioevo. Y en el caso particular de Mendoza, a una familia que ha de sentirse muy orgullosa de ser burguesa pues, desde 1942, 73 años seguidos, ha trabajado en la construcción del país y en la de su propia fortuna, misma que puede justificar, no solamente con esa trayectoria de labor, sino con el tiempo invertido en esa obra, a diferencia de las injustificables de tantos revolucionarios, boliburgueses y militares que no han trabajado en el sector privado (ni en ningún lado, en realidad), y cuyas inocultables riquezas se acumularon súbitamente en esta revolución humanista en la que los niños no tienen ni pañales ni leche, y mueren de cáncer por no encontrar medicinas debido a carencia de dólares.

Y por cierto, una última reflexión. La historia de las revoluciones marxistas, desde la soviética hasta la cubana y la “bolivariana” (pobre Bolívar), prueba que cuando por fin el revolucionario accede al poder, en especial si clava sus garras en la Cosa Pública, comienza a gozar de sus riquezas y mieles convirtiéndose justamente en eso que odia y siempre quiso exterminar: burgués, aunque sin el esfuerzo del trabajo ni el talento.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe



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