domingo, 8 de noviembre de 2015

Mi Bicha



Tengo el honor de ser uno de los primeros chivos expiatorios de esta revolución. Años de atropellos me llevaron al colapso, al punto de sentirme desahuciado física e intelectualmente. Un día de junio de 2012 le narraba unos cuentos de mi amada tía Mariela Silva Estrada a mi amiga María Amparo Pocoví, quien de inmediato me solicitó que escribiera el relato. En unos veinte minutos lo terminé y se lo envié por correo electrónico. Lo disfrutó inmensamente. Fue un éxito. Pero es que el personaje es tremendo. Así descubrí la escritura y comprendí que mis neuronas por fin habían hecho sinapsis.

Dos meses después, en el realme de Twitter,  un escrito que titulé La Madre (publicado en este blog) cayó en manos de una mujer a quien consideraba ya digna hija de Venezuela –que también es mujer- por su temple, por su espíritu de lucha indoblegable, por su entereza, por su calidad humana, por su honestidad, por su alegría de vivir.

Me envió un mensaje celebrando el escrito y me pidió autorización para publicarlo en su sitio web TururuTururu.com. Difícil expresar el orgullo y distinción que sentí. Recibir la bendición de La Bicha –cuyo muy humilde pero muy privilegiado intelecto admiraba- era como una especie de consagración para mí. Así comenzó una colaboración en la que me ha otorgado el honor de publicar todo lo que escribo.

Lo que no sabe Berenice, mi Bicha, es que su gesto fue capital en rescatarme de una tenebrosa sima en la que mi vida estaba seriamente amenazada. Un ángel disfrazado de demonio –vamos a estar claros, la Bere puede ser buena gente pero tiene múltiples facetas, muchas de carácter demoníaco para quien se ubique en el lado equivocado de la calle para delinquir, oprimir, saquear, expoliar, violar derechos, dominar o lesionar a los inocentes- me ayudó a recuperar mi fe en otros seres humanos y a reconciliarme con la vida.

La Bicha es de amplio espectro. Divina cuando se encuentra con la honestidad, el talento y la bondad. Implacable cuando se enfrenta con el delito, la barbarie y la maldad. No la detiene el miedo. No la compra el dinero. Sólo se ablanda ante el amor, el cual es capaz de entregar sin límites ni condiciones. Me consta.

Poco tiempo después de conocernos virtualmente Berenice me invitó a su programa radial “La Bicha y La Cuaima” en RCR. Fue una experiencia deliciosa y emocionante. Impactante disfrutar de esa arrolladora personalidad. Irreverente; plena de cultura, conocimiento y sabiduría; desbordante de alegría; valiente hasta lo arriesgada; incorruptible; pero sobre todo amorosa. Es cierto que con esa lengua cuyo veneno sin antídoto es capaz de fulminar al más perverso corrupto también puede profesar palabras de amor que reflejan sus actos y la luminosidad de su alma. Sinceramente, no sólo me siento honrado con su amistad, sobre todo, me siento aliviado de no ser su adversario.

Berenice no lo sabe. Pocos lo saben pues las vicisitudes y dificultades han hecho que se proteja con una coraza férrea de extrema dureza. Pero el almíbar de su espíritu lo podemos percibir esos que hemos podido ganarnos su cariño. Por favor, no lo repitan pues no conviene para su lucha contra los malandros y choros de ambos lados: la Bere es tierna y dulce, en especial, con aquellos que necesitamos sus intangibles caricias del alma. Lo sé. Esa dulzura me ha sacado de más de un atolladero.

Por supuesto, cuando la Bicha es bicha, no finge dureza. Es dura como el diamante. También lo sé. No ha tenido empacho en confrontarme con mis errores. En regañarme, aun. A veces sus regaños logran sacudirme hasta las entrañas. En ocasiones me revelan aspectos de mí que me avergüenzan. Pero debo decir en justicia que ni uno solo ha sido gratuito. Y que todos me han fortalecido.

Berenice Gómez Velázquez no es una valiente tonta ni loca. Es una valiente con total consciencia de cuánto arriesga. Es una valiente con total convicción de su deber y su rol histórico como mujer, madre, abuela, periodista y venezolana. Conoce perfectamente la responsabilidad que le toca en estos momentos desesperados y graves que vive otra madre, su amada Venezuela. Consciente de que se enfrenta a todo el poder del Estado en manos de delincuentes comunes psicópatas y a la vez, a serviles patrocinados por ese mismo Estado forajido sin escrúpulos que no se para ante la tortura, cárcel ni muerte, decidió asumir el deber que le correspondía hacia sus compatriotas, amigos y familia, y lanzarse como candidata a la Asamblea Nacional para poner al servicio del bien que todavía habita en la mayoría de los venezolanos su temible lengua peluda y ponzoñosa solomatamalucos, y su honestidad a prueba de chequeras rojas o azules y de chantaje, palangre, soborno, extorsión o amenazas.

La Bicha en la AN es la garantía de que la dignidad, bonhomía, templanza, incorruptibilidad, beligerancia y nobleza de la mujer venezolana -que es la esencia de la venezolanidad pues la transmite en su ADN, en su leche materna, en sus caricias y en su lucha- estarán al servicio del pueblo de Venezuela contra la amenaza y delitos de una dictadura sangrienta y corrupta y de sus serviles colaboradores mercenarios de supuesta oposición.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

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