domingo, 29 de noviembre de 2015

¿Agente encubierto?




De las tantas declaraciones inexplicables de Henri Falcón, dos merecen análisis, en especial, la última acerca el pronunciamiento de Luis Almagro, Secretario General de la OEA, con relación al asesinato del dirigente de Acción democrática, Luis Manuel Díaz.

Cuando el gobierno de EEUU emitió el famoso Decreto Obama, el cual de forma individualizada y personalísima sancionó a 7 funcionarios chavistas acusados de violación de Derechos Humanos, a quienes se les congelaron sus cuentas bancarias en ese país y se les revocaron las visas, el señor opositor Henri Falcón saltó con exactamente las mismas palabras que el régimen en esa oportunidad: “es una agresión contra Venezuela y el pueblo venezolano”, y pidió fuera derogado. ¡¿”Una agresión contra Venezuela y el pueblo venezolano”?! ¡¿Siete esbirros violadores de los Derechos Humanos del pueblo venezolano son el pueblo venezolano?! Aun si los siete sancionados fueran pilares de la comunidad, el argumento de Falcón sería falso pues las sanciones no fueron contra Venezuela, sino única y exclusivamente contra siete personas plenamente identificadas, 29.999.993 venezolanos quedaron excluidos de ese decreto.

En reacción al asesinato de Luis Manuel Díaz, Luis Almagro declaró que era “una herida a la democracia”, sin señalar perpetrador ni remotamente acusar a partido alguno. Apenas hizo una emisión de principios: el asesinato es lesivo a la democracia, venga de donde venga. Además, exhortó al gobierno a esmerarse en la protección de la vida de los ciudadanos y actores del proceso electoral que se avecina, a garantizar la vida humana en esta campaña.

Almagro no pidió nada extraordinario. Garantizar la vida de los ciudadanos es función básica primaria de todo Estado. Y creo que todos estamos de acuerdo en que las plomazones y asesinatos no son muy saludables que digamos ni para la democracia ni para los ciudadanos, los cometa quien los cometa.

Por si fuera poco, Henri tiene las pelotas de afirmar que la OEA debe esperar el resultado de una investigación (y a que haya más muertos, claro). ¡Esperar a que Luisa Ortega nos diga el año que viene qué fue lo que pasó! ¡¿Tiene sentido que para pedir cese a la violencia, para exhortar a proteger a los venezolanos hasta y el 6 de diciembre haya que esperar hasta el año que viene a que esté concluida una investigación?! ¡Las elecciones son en una semana! Perdone, señor Falcón, pero su argumento no aguanta un round de análisis.

Hay dos posibles explicaciones para la conducta del gobernador Falcón (si hay una tercera, agradecería que alguien la expusiera): o tiene alguna clase de pacto con el chavismo o incluso es su agente, como señalan algunos malintencionados, o tiene un grave retardo mental. Le doy el beneficio de la duda.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe



viernes, 27 de noviembre de 2015

Maldad infinita





Cuando el adolescente de 14 años Kluiverth Roa fue asesinado con un disparo a la cabeza por un PNB que muy probablemente se sentía protegido por la Resolución 8610, en virtud de la cual el general Padrino López se autorizaba a sí mismo y a los cuerpos de seguridad nacional a violar Derechos Humanos y disponer de la vida humana sin fórmula de juicio, Nicolás intentó desacreditar a la víctima declarando que pertenecía a una secta de ultraderecha conspiradora (se trataba de los Boys Scouts de Venezuela). En un acto de infinita ruindad y maldad, pretendió erigir a la víctima –casi un niño- en victimario para escurrir la responsabilidad del régimen en el aberrante hecho.

Poco después, el depravado Embajador de Venezuela ante la OEA, Roy Chadderton, un demócrata cristiano que tardía pero súbitamente se descubrió comunista revolucionario cuando los comunistas revolucionarios llegaron al poder y él laboraba en la Cancillería como lo había hecho a lo largo de la era democrática, declaró con risa incontenible que la bala de un fusil “hacía un sonido hueco al atravesar el cráneo de un escuálido”.

Hoy, de nuevo Nicolás pretende inculpar a la víctima, desacreditarla y hacerla delincuente ante los ojos de una opinión pública nacional e internacional que felizmente ya es refractaria a las aviesas aunque muy imbéciles y pueriles versiones que salen del chavismo. La humanidad tiene absolutamente claro el carácter forajido de la dictadura chavista. Dos sobrinos del dictador en un tribunal de New York y decenas de cuentas injustificables en Andorra, Suiza y Panamá lo certifican.



A tan solo horas del espantoso asesinato del dirigente adeco Luis Manuel Díaz en Altagracia de Orituco, quien se encontraba apenas a centímetros de la esposa de Leopoldo López, Lilian Tintori en la tarima de un acto político opositor multitudinario, Nicolás osó declarar que el móvil del asesinato “apunta a un ajuste de cuentas” (presumimos que entre bandas delictivas pues entre sacerdotes no podría ser). Es decir, pretende rebajar a la víctima a la condición de criminal común cuyos delitos lo llevaron a ser ejecutado por una banda rival. Existe en criollo una expresión de 11 letras que se relaciona con ciertas partes de la progenitora para definir a tan abyecta persona capaz de este maligno infundio.

Por supuesto, la infantil e idiota declaración del tío de los más famosos huéspedes de la DEA es insostenible, inverosímil y solamente la pueden creer los más fanáticos afectados de muerte cerebral masiva. Dos preguntas y su respuesta constituyen un argumento que derriba la declaración de Nicolás: ¿Por qué asesinarlo en un acto político público ante cámaras y la mirada de miles de testigos? ¿Por qué no asesinarlo en algún paraje solitario, en alguna calle oscura lejos de la mirada de testigos? Sencillamente, fue atacado en un acto político porque se trata de un asesinato político. Escogieron un mitin político de la oposición pues querían hacerle llegar un mensaje político a la oposición. No lo hicieron en una calle solitaria pues el mensaje (“ganaremos como sea, nadie está seguro con nosotros, somos dueños de sus vidas, asegúrense de votar por nosotros o los mataremos pues somos candela con burundanga, déjennos tranquilitos en el poder”) jamás llegaría a los candidatos y al electorado de oposición. No hay espacio para otra interpretación.

La reacción de la OEA y de otros países no se hizo esperar. El repudio al hecho es unánime. Se lo considera un atentado grave contra la democracia. Y aunque no ha habido señalamiento expreso contra el régimen más allá del exhorto a mantener el proceso electoral libre de violencia, la reacción de la dictadura ha sido virulenta, al  punto de llegar al insulto. Nicolás llamó “basura, con el perdón de la basura” al socialista Luis Almagro, Secretario General de la OEA. Delcy la Cancillera acusó de “mala fe” al gobierno de EEUU por afirmar que la violencia política no tiene cabida en democracia y exhortar al gobierno chavista a proteger a todos los candidatos. Lejos de señalamientos al régimen, ambos apenas hacen un pronunciamiento de principios (violencia y democracia son excluyentes) y un petitorio al gobierno de que cumpla sus funciones como garante de la vida de los ciudadanos. Pero la reacción violenta del chavismo es más allá de toda duda, una confesión de culpa en los hechos condenados.

La humanidad jamás se tragará la historia del ajuste de cuentas entre delincuentes rivales que está cocinando el régimen. Menos creerá la de que es la propia oposición la autora de los atentados. Y la razón es simple: no se trata de un hecho aislado. El mundo ya está habituado a los salvajes ataques de los asesinos patrocinados por el oficialismo en distintos actos y protestas pacíficas de oposición que han resultado en muertes o lesiones y que no es necesario enumerar en este artículo.

Con esas versiones emanadas de sus jerarcas, que son producto de mentes muy primitivas ancladas en los primeros estadios de la civilización, aquellos en que la manada era guiada por un macho con un garrote de cavernícola como el de Diosdado Cabello en VTV; de mentes, además, oligofrénicas muy párvulas, si bien muy psicopáticas; el chavismo se hunde aún más que lo que sus propios delitos lo han hundido y siguen hundiendo.

Lejos de lesionar a la disidencia con sus crímenes, el régimen chavista la fortalece. Por más que este asesinato es un atentado contra todos los venezolanos, en realidad es un servicio que le hace a la causa democrática. La democracia se debilita con el asesinato, pero el deseo de democracia se acrecienta y potencia con él. Con cada hermano que asesina, el chavismo irremediablemente se sumerge más en su propia hez y acerca más al pueblo venezolano a la democracia y a la libertad.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

jueves, 26 de noviembre de 2015

Chavismo y muerte





Si algo define al chavismo, es la palabra “muerte”. No solamente porque nació a la luz pública causando muerte y destrucción en los fallidos golpes de estado de 1992, sino porque la muerte ha signado su discurso y procederes, especialmente, desde que tomó el poder. Y no solamente porque todo lo que toca lo mata, llámese Agroisleña-Agropatria o PDVSA.

La campaña de Hugo Chávez en 1998, que a tantos intelectuales, periodistas, empresarios y académicos sedujo, se basó en buena parte en la amenaza de muerte masiva a importantes sectores del país: “Freiré sus cabezas”. Que hoy los conversos no digan que los engañó o lo malinterpretaron, para freír una cabeza hay que decapitar primero, es decir, matar. La muerte llevó al monstruo traidor y resentido de Sabaneta al poder.

Ya en la Presidencia, el cobardón Teniente Coronel constantemente amenazaba con guerra civil: “Soy yo o la guerra”, “esta revolución es pacífica pero armada con fusiles, tanques, aviones…”, etc.. Y es que el rencoroso macaco veía la guerra como una necesidad para purificar a la sociedad venezolana. Estando cautivo en la prisión de Yare escribió “la guerra civil es fratricida pero necesaria”. Guerra es muerte. Las amenazas de guerra por parte de los herederos del difunto dictador continuaron después de su muerte.

Los asesinatos de chavistas, que desde familiares de los fallecidos hasta periodistas de investigación relacionan con pugnas internas del chavismo, como los casos de Danilo Anderson, Jesús Aguilarte, Eliécer Otaiza, Robert Serra y otros menos notorios, confirman el carácter tanático de esta secta fanática destructiva.

El nexo con la muerte característico del chavismo se pone de manifiesto de distintas maneras. Una, no de poca relevancia, es el culto necrofílico al cadáver y figura del galáctico eterno. “¡Chávez vive, la lucha sigue!”, los ojos de Chávez y su rúbrica en cada rincón urbano, las constantes invocaciones de su nombre, también denotan el tánatos chavista. Inequívocamente, expresiones morbosas de personas que no existen sin la presencia –aunque sea en la imaginación- del fallecido amo.

En fecha reciente, Nicolás amenazó con violencia a la sociedad venezolana en caso de perder las elecciones del 6 de diciembre. Luego de un amenazante “ganaremos como sea”. Declaró “si perdemos no entregaremos e iremos a la calle (…) y en la calle somos candela con burundanga”. Diáfanamente, estas palabras conllevan la amenaza de genocidio.

Pocos dudaron del significado homicida del “como sea” de Nicolás. Y a los pocos días vimos ejemplos de ese “como sea”. La caravana proselitista del candidato opositor por el circuito 3 de Miranda, Miguel Pizarro, fue atacada a tiros por matones vinculados al oficialismo, algunas fuentes señalan que eran escoltas del saltimbanqui mercenario William Ojeda, candidato del PSUV. Que se sepa, ni siquiera una averiguación abrió el Ministerio Público.

Anoche vivimos otro caso del “como sea” del depravado seguidor de Sai Baba. El Secretario General de Acción Democrática en Guárico, Luis Manuel Díaz, fue asesinado por una banda de “luchadores sociales socialistas humanistas” afectos a la dictadura, sin duda, siguiendo órdenes superiores. Cuando el mitin de Altagracia de Orituco, en el cual compartía tarima con Lilian Tintori la esposa de Leopoldo López y quizás el verdadero blanco de los sicarios, llegaba a su final, hacia las 7:30 p.m., se escucharon unos disparos y la víctima se desplomó exánime.

No hay palabras para calificar el abominable hecho, todas suenan triviales, huecas frente a la magnitud del avieso crimen. Con este asesinato una parte de cada venezolano también murió. Las del Secretario General de la OEA, Luis Almagro, fueron particularmente significativas y fieles al sentir del pueblo: “es una herida de muerte a la democracia”.

Pero esas palabras de Almagro, que por muy cargadas de significado y sentimiento no dejan de ser extraordinariamente sobrias, y sobre todo, no acusan a partido alguno, causaron la reacción virulenta del desesperado Nicolás, quien las calificó como un ataque a Venezuela, a su pueblo y a la revolución, y tildó al dignatario de “basura”, con su depurado lenguaje de estadista que lo caracteriza.

En primer lugar, ya el venezolano está harto de que los señalamientos a criminales del chavismo, sean lavadores de dinero, narcotraficantes, choros o violadores de Derechos Humanos, sean calificados por la jerarquía chavista como “ataques contra Venezuela y el pueblo venezolano”. Son acusaciones muy específicas e individualizadas a delincuentes o directamente al gobierno, que lejos de ser el pueblo, es enemigo del pueblo, a juzgar por las miserias a que lo tiene sometido mientras los gobernantes engordan en sus yates y palacios.

En segundo lugar, pero aún más importante, las palabras de Nicolás constituyen una confesión, ya que Almagro, al no acusar, no debía haber provocado a quien es inocente, solamente a quien se siente o sabe culpable. Con su reacción desmedida y virulenta el cucuteño admitió su vinculación con el asesinato de Luis Manuel Díaz.

Si con algo siempre se puede contar, es con la torpeza del chavista; máxime si su nombre es Nicolás Maduro.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Tenemos Patria





Primero fue Elías Jaua, ahora lo dice Aristóbulo Istúriz: “la patria es más importante que un rollo de papel higiénico o que hacer colas para comprar comida”. En realidad, jamás he entendido esta disyuntiva planteada por los buchones líderes chavistas antiimperialistas socialistas humanistas: o patria o papel tualé, o patria o comida. Sinceramente, no veo por qué patria y bienestar son conceptos excluyentes. Después de todo, en Francia, Colombia, Perú, Brasil, España, Alemania, EEUU, Uruguay y Chile, como en todos los demás países del orbe, el pueblo no se priva de papel tualé o comida para tener su patria. Es más, desde que nací en 1958, he tenido patria –como todos los venezolanos- y hasta que llegó el chavismo, en esa patria no faltaba el papel tualé ni había que hacer colas para comprar comida.

El chavismo se acredita el mérito de habernos dado patria a los venezolanos, mérito que habíamos aprendido en la escuela, correspondía a nuestros próceres, comenzando por Bolívar.

De hecho, hasta 1999 ningún venezolano se había planteado la carencia de patria, muy por el contrario, nos sentíamos muy orgullosos de tener una patria pujante que llevó libertad y dio patria a cinco pueblos del continente. Teníamos una patria sin apagones, que producía 3,4 millones de barriles diarios de petróleo y tenía planes de producir 7 millones. Que construyó El Guri y un sistema eléctrico nacional que funcionaba sin fallas y que –resistiendo la destrucción revolucionaria- es el que provee la electricidad a esa “patria” del chavismo que no ha construido ni una sola central eléctrica. Que edificó un sistema de escuelas, universidades y academias militares que formó, incluso, a quienes hoy niegan su existencia a pesar de haberse formado en él, al cual no le han agregado nada, más allá de centros de adoctrinamiento comunista. Que construyó una planta industrial –hoy desaparecida por obra de quienes pretenden darnos patria- capaz de proveer a la economía nacional y aun exportar al resto del mundo. Que formaba parte importante de la lucha mundial contra flagelos como el terrorismo y el narcotráfico y cuyos dirigentes no tenían sobrinos presos por contrabandear drogas. Que hizo el “23 de enero” y Caricuao para proveer viviendas en propiedad plena con condiciones dignas. En fin, que construyó casi todo lo que conocemos como la Venezuela moderna y que el chavismo no ha logrado terminar de destruir sin haber construido ni una sola obra de importancia en su “creación” de patria.

Así que cuando escucho frases como la citada de Jaua e Istúriz o como la ya célebre “ahora tenemos patria” me pregunto si para el chavista “tener patria” significa tener apagones; haber arruinado al otrora emporio petrolero que ya no exporta 3,4 millones de barriles de crudo sino solamente 2,3 millones e importa combustible; haber reducido a PDVSA a casi escombros y llevarla al borde de la quiebra; patrocinar el terrorismo y el narcotráfico; haber causado una ruina económica de tales dimensiones que se cierne la cierta amenaza de hambruna presagiada por las enormes colas para comprar la escasa comida y las desaparecidas medicinas; ver la muerte de niños y adultos a causa de la falta de medicamentos; que los bebés no tengan leche ni pañales y sean depositados en cajas de cartón al nacer, pues en los hospitales no hay cunas; que 83 familias al día sumen su duelo al de otras 280.000 que han perdido a sus deudos a manos de la inseguridad patrocinada por la revolución…

Pero es posible que el chavista sienta que tiene patria y que esta es más valiosa que un rollo de papel tualé o que hacer colas para comprar comida cuando calcula el saldo de su cuenta cifrada en Andorra o Suiza, repleta de dólares que no hubiera saqueado sin su patriótica revolución. O cuando se pasea con su superyate por aguas del Caribe. O cuando participa en las orgías que monta en los exclusivos paraísos antillanos reservados solamente para ricos y famosos. O cuando regala una propina de 100 mil euros en un hotel de Paris. O cuando se desplaza por las avenidas de Caracas en su Hummer mientras lo ven los peatones que votaron por él en su camino al Metro. O cuando chapea con su pasaporte diplomático a los policías antinarcóticos que intentan revisar su alijo de drogas en algún país extranjero. O cuando hace mercado en Aruba o Miami para comprar esa comida y ese papel tualé que valen menos que la patria. O cuando encarga fluxes de $10.000 en Italia que manda a buscar en su jet privado. O cuando cada mediodía paga 4 salarios mínimos por una botella de escocés 18 años en algún lujoso restaurant de Caracas. O cuando…

Pero llama la atención el cinismo de personas que están desenmascaradas frente a la humanidad como saqueadores de un país con cuentas en Andorra y Suiza de cuyos fondos no pueden explicar legítima procedencia; que forman parte de un gobierno que otorga pasaportes diplomáticos a narcotraficantes que además, son sobrinos del Presidente de la República, a quienes ese gobierno provee hasta abogados defensores en tribunales extranjeros; que están desacreditados como gobernantes por llevar a uno de los países más ricos del mundo a la quiebra, aun teniendo los más grandes ingresos de su historia; que están señalados por delitos de lesa humanidad con pruebas, aun gráficas, que saturan Internet. Esas personas obesas que nadan en riquezas desmesuradas mal habidas, todavía, a estas alturas del partido, se atreven a decirle desde sus ostentosos palacios a ese pueblo sumido en la miseria por su latrocinio: “la patria es más importante que el papel tualé y la comida”.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe