martes, 20 de octubre de 2015

Una mujer, como Venezuela






Venezuela es mujer. Madre generosa de mujeres y hombres de valía. Sus hijas son conocidas como las más hermosas del planeta. Pero también han demostrado a lo largo de la historia y especialmente en los últimos 17 años, ser las más luchadoras, las más indoblegables, las más incorruptibles. Las Luisas Cáceres de Arismendi son la regla en nuestra raza.

Como era natural, una mujer decidió salirle al paso a la ignominia. Una mujer –que es madre e hija- se hartó de la dictadura PSUV-MUD, esa coalición perversa en la que uno comete fraude electoral y el otro lo acepta a cambio de las sobras de la mesa. Y decidió ser noticia en vez de limitarse a escribirla.

Berenice Gómez anunció al país que sería candidata a diputada a la Asamblea Nacional por el circuito 3 de Caracas.

Con su decisión, Berenice les dio esperanza y, sobre todo, una alternativa honorable a quienes se abstendrían de votar disuadidos por la repugnancia y el asco de tener que hacerlo por defensores mercenarios de bolichicos, socios de revolucionarios con piel de opositores, colaboracionistas capaces de ser copartícipes de un golpe de Estado como el perpetrado en diciembre de 2014 por el chavismo cuando designó autoridades para los poderes públicos a dedo (de Diosdado Cabello) sin contar con la mayoría calificada del parlamento, en un pacto perverso con sectores de la MUD cuyas costuras eran visibles aun desde los confines del Universo.

Berenice decidió rebelarse contra la extorsión de esa “oposición seria “ (léase colaboracionista y dócil), como la califica el régimen,  que pretende aferrarse a parcelas de poder para gozar de los mendrugos sobrantes del festín expoliador del país: “si no votas por mí le estás dando tu voto a un chavista”.

Ya los electores del circuito 3 de Caracas no tienen que abstenerse ni votar tapándose la nariz con un pañuelo. Cualquiera que sea el escrutinio final producto de los croupiers del CNE y sus ruletas arregladas de Smartmatic, saben que votarán con dignidad, con esperanza, con propósito.

Berenice asumió el apodo “La Bicha” cuando el sociópata Hugo Chávez lo adoptó para demostrar su total desprecio por la Constitución Nacional que él mismo ordenó confeccionar a la medida de sus intereses, apodándola “La Bicha”. Con ello la aguerrida periodista le decía al tirano “tú no la respetas, pero yo sí”. Y así la Bere asumió el sobrenombre de esa Magna Carta que el chavismo, madriguera de sociópatas amorales para quienes las leyes no existen, ha usado como papel tualé y como instrumento para la persecución de la disidencia, único caso en que le reconoce valor a sus normas.

“La Bicha” optó por romper con ese contrato depravado MUD-PSUV  por medio del cual se establece la ficción de democracia necesaria para consolidar la dictadura. Toda dictadura comunista necesita y crea una oposición servil. Más la chavista que necesitaba presentarse ante el país y el mundo como democracia, con múltiples elecciones que siempre gana el gobierno en contra de lo que dicen las encuestas, exit polls y lo que se percibe en las calles. Ganadas con fraude pero que recibían el sello de aprobación de los mansos “muderos” que reconocían los triunfos. Y con la impudicia de incumplir las promesas reiteradamente de presentar las pruebas de la pulcritud de los procesos electorales. Todavía estamos esperando que la MUD presente los Certificados de Verificación Ciudadana ofrecidos al pueblo como prueba de la defensa de su voto en los dos últimos procesos electorales presidenciales.

No es necesario comentar la valentía y honestidad incorruptibles de La Bicha. Toda Venezuela conoce cómo sin pelos en su temible lengua que hace temblar a dictadores y corruptos, arremete para exponer las verdades y noticias. También sabemos todos que no se ha detenido ni siquiera en el sacrificio personal y ha preferido ser “dueña de su hambre” que claudicar y capitular ante la MUD-PSUV que sin duda debe haber intentado seducirla con sus mieles.

En Berenice Gómez, en nuestras mujeres, en esas madres que se rehúsan a ver a sus hijos sumidos en la esclavitud, yace la esperanza de un futuro luminoso para Venezuela. Y sus hijos podrán transitar el camino de la reconstrucción allanado por ellas.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

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