domingo, 25 de octubre de 2015

El suicidio del chavismo





A lo largo de muchos años he sostenido que el chavismo es una secta fanática destructiva con liderazgo psicopático, como lo tiene toda asociación de esta naturaleza. Esta tesis ha sido desarrollada por diversos psiquiatras venezolanos y extranjeros, como Franzel Delgado Senior y Hugo Marietan. Además, he propuesto que como es característico en este tipo de sectas, es autodestructiva. Posee una predominante pulsión de muerte que determina todos sus actos, los cuales, desde su concepción, forjaron el camino hacia su final fracaso y desaparición.



En los primeros tiempos de la infección chavista comprendí que Venezuela no enfrentaba un problema político sino psiquiátrico. Desde su desarrollo embrionario comenzó a cavar su tumba. Sus ataques y amenazas, incluso de perpetrar asesinatos masivos y genocidio (“freiremos sus cabezas”) que cautivaron a tantos, muchos hoy coversos; su misognia desquiciada (violación de imágenes de La Virgen y otras agresiones a símbolos de la feminidad y maternidad, a mujeres como Andreína Flores, Condoleeza Rice y otras: “Marisabel, esta noche te doy lo tuyo”); su desprecio por normas, leyes y moral fueron las primeras señales de trastornos profundamente morbosos de carácter colectivo. Esta percepción me llevó a consultar con reputados psiquiatras y psicoanalistas como mi suegro Julio Aray, Gonzalo González y Tomás Godoy, quienes corroboraron mi opinión y me guiaron en el estudio del problema.



Una característica preeminente de la personalidad sociopática es el desprecio absoluto por cualquier tipo de norma, ley, autoridad, límites y moral. El sociópata es amoral. Además es incapaz de hacer empatía con otros seres humanos, carece de sentimientos humanos (salvo el miedo) como la culpa, es deshumanizado.



El haber bautizado la Constitución Nacional como “La Bicha” denota ese desprecio por la Ley por parte líder de la secta, así como tantos actos en los que ignoraba totalmente las normas legales y que continuamos viendo en sus sucesores. También podemos recordar muestras de deshumanización del líder, como el reproche a la señora Fadoull, madre de los 3 niños asesinados presumiblemente por allegados al oficialismo: “señora, deje de lloriquear y deje que esos niños descansen en paz”; la frase “el show debe continuar” en medio de la tragedia de Amuay o cantarle una ranchera a la madre que lloraba la muerte de su hijo en la misma tragedia. Muchos actos del líder del chavismo sugieren una personalidad hipernarcisista, ególatra y psicopática, como son típicas en las sectas fanáticas destructivas.



Toda secta fanática destructiva es autodestructiva. La experiencia así lo demuestra. Sobran los ejemplos. El nazismo labró su propia destrucción. La secta El Templo del Pueblo del Reverendo Jim Jones terminó en el suicidio colectivo de casi 1.000 miembros en Jonestown, Guyana. Los Davidianos de David Koresh en Waco, Texas se “inmolaron” por la interpuesta persona de la ATF de EEUU. La Orden del Templo Solar de Suiza es otro caso en el que los suicidios colectivos y asesinatos entre miembros autoaniquilaron la secta. Todavía otro ejemplo es el de la secta Heaven´s Gate, cuyos miembros se suicidaron colectivamente para abordar la nave espacial en la que creían que seguirían a un cometa y encontrarían una mejor vida.



No es necesario que la conducta suicida sea consciente. En el chavismo se observan actos conscientes e inconscientes conducentes a ese suicidio colectivo.  El mismo saqueo del país sin prever ni evitar su ruina, su total destrucción, es un acto suicida. Matar a la gallina de los huevos de oro es suicidio. Si el chavismo hubiera construido mientas expoliaba, si hubiera cuidado la infraestructura y la economía para ofrecer un adecuado nivel de bienestar, se hubiera garantizado su perpetuación en el poder. Pero hizo exactamente lo contrario. Se acorraló a sí mismo acabando con todo a su paso sin dejar siquiera una ruta de escape. Hoy el pueblo no solamente lo rechaza sino que lo odia y lo responsabiliza con toda razón por las penurias que padece a diario para precariamente cubrir sus necesidades básicas, mientras que gobernantes y testaferros, boliburgueses y boligarcas, se pasean en carros de lujo ostentando riquezas y derrochando dólares públicamente.



Y existen otros ejemplos de conducta suicida en el chavismo. La vida disipada y de excesos del primo y testaferro de Rafael Ramírez, Diego Salazar, precipitó la investigación que condujo a la intervención de la Banca Privada de Andorra, al descubrimiento de cuentas milmillonarias de humanistas socialistas chavistas en ese paraíso fiscal y otros bancos del orbe, y a la investigación del gigadesfalco de PDVSA por parte de Ramírez, su banda y la jerarquía chavista. Esta semana vimos la noticia de la investigación en progreso por parte de los organismos de inteligencia financiera norteamericanos en the WSJ y otros periódicos estadounidenses, que se centra en Ramírez y Salazar, a quienes señalan de movilizar ilegítimamente muchos miles de millones de dólares sustraídos a la petrolera estatal. Luego de bañarse en champán en el hotel Crillón de Paris, Diego le dio una propina de 100.000 euros al concierge, este declaró el ingreso al impuesto, el fisco, suspicaz, informó a la Sureté, la Sureté a la Policía de Andorra y la Gendarmería de España, y el Departamento del Tesoro de USA entró para tomar la batuta.



No es necesario ya argumentar demasiado para demostrar que el chavismo ha desarrollado una vocación destructiva en su ejercicio del poder en Venezuela. Con los más grandes ingresos en toda su historia, el país está destruido, la revolución no tiene una sola obra de envergadura que mostrar, la sociedad está enferma, empobrecida y alienada, la podredumbre moral como política de Estado ha carcomido la fibra social, al igual que la inseguridad y la ruina económica. El chavismo logró llevar a la miseria al emporio petrolero más rico y pujante del planeta, al punto de que ese país que ayudó a ganar la Segunda Guerra Mundial exportando el 60% del combustible que propulsó a los aliados, que fue clave para la reconstrucción de Europa con sus exportaciones petroleras, que fue motor de la economía norteamericana hasta la década de 1960 exportándole el 50% del combustible, y que tiene los yacimientos petroleros más grandes de toda la Tierra, hoy se ve forzado a importar gasolina.



Dar propinas de Bs 100.000.000 millones, derrochar en champán y whisky 18 años, hacer parrillas con carne traída de Miami y Aruba, manejar Hummers y BMWs mientras el pueblo literalmente se mata a golpes en colas para intentar comprar un pollo o un kilo de harina ganando un salario $13 dólares mensuales, y sus hijos mueren en hospitales porque no hay dólares para comprar medicinas, es suicida. Tiene un tufo muy intenso a Luis XVI y María Antonieta, a toma de la Bastilla y a asalto a Versalles.



El chavismo no se destruyó con la muerte de Hugo Chávez, pero esta si fue un catalizador en un proceso que venía gestándose desde el mismo día de su nacimiento. El centauro galáctico de Sabaneta dejó al país en la ruina y terminó de arrasar sus recursos para ganar las últimas elecciones. Designó a Nicolás para que se encargara de darle el misericordioso tiro de gracia a la desangrada Venezuela. Pero sin duda su muerte sí dio inicio a la fragmentación de la secta que hoy a todas luces encara su hora final.



No es una exageración. Cuando escuchamos amenazas como “si gana la oposición vendrán tiempos de masacre y muerte”, “si perdemos la AN se acabará la paz en el país”, “si perdemos la revolución entrará en otra etapa”, “ganaremos las elecciones del 6D como sea”, no podemos más que concluir que el liderazgo chavista está consciente de que se aproxima esa hora final y de que está dispuesto a lo que sea para evitar su inexorable caída, incluso, a delinquir (lo cual ya ha hecho inveteradamente hasta el cansancio). Es diáfanamente claro que los dictadores nos están diciendo “no existe manera de que ganemos esas elecciones limpiamente y nos mantengamos en el poder, estamos acorralados adentro y afuera del país, nos estamos hundiendo, pero nos los llevaremos a todos en los cachos”. No cabe otra interpretación.



Ante el cuadre de Cuba con EEUU y la alianza de este último con China, evidenciada tanto en su intercambio comercial y financiero, el de más volumen del capitalismo, como en su asociación para explotar en Guyana y en el Esequibo; ante las investigaciones por lavado, narcotráfico, terrorismo y otros delitos de lesa humanidad contra funcionarios del régimen chavista; ante el desenmascaramiento de la dictadura frente al concierto de naciones que ya lo percibe como un régimen forajido; ante el desprestigio por el desastroso manejo económico; el chavismo quedó en evidencia como un dinosaurio criminal que no tiene cabida en el mundo moderno de la globalización, la informática, la tecnología y el libre comercio. Hasta las puertas de Raúl Castro se le están cerrando. Y ya es una carga insostenible para China.



A nadie más que al chavismo puede culpar el chavismo de su propia destrucción. Ni las trilladas e idiotas acusaciones contra el imperialismo, ni la fantasía muy imbécil de la guerra económica, ni los señalamientos contra Lorenzo Mendoza y otros empresarios, ni las de conspiraciones de la derecha fascista. Nada puede ya disipar de la consciencia del pueblo la clara convicción acerca de la responsabilidad histórica del chavismo por el que después de las grandes guerras, es el peor crimen cometido contra país alguno. Y ese formidable y depravado crimen es en sí mismo el acto suicida de esa infame peste purulenta y necrosante que disfrazada de movimiento político infectó al noble país llamado Venezuela.



Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe

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