lunes, 19 de octubre de 2015

Corrupción bolivariana




Ya está suficientemente claro que la revolución comunista, especialmente esta que  no llamaré “bolivariana” por considerarlo una afrenta grave al Libertador, no es más que un pretexto para que los llamados “revolucionarios” se enriquecieran grosera y súbitamente en el poder.

Todos tenemos a algún vecino o conocido que hemos visto pasar en tiempo récord desde la pobreza más solemne a la riqueza más opulenta que no se molesta en disimular, con su paso por la Administración Pública, o como contratista del Estado haciendo fronting a algún jerarca del régimen o como su testaferro, o en el ejercicio de algún cargo militar. Todo venezolano conoce a algún revolucionario servidor público, militar o socio de algún miembro de la cúpula podrida civil-militar que antes de 1999 andaba en Metro y chancletas, y hoy se desplaza en Hummer o 4Runner ataviado con Guccis que delicadamente acarician sus callos recordatorios de su antigua pobreza.

Hubo un “pacto social” perverso y criminal, propio de familias de la mafia, engendrado a partir de la política de Estado diseñada por el comandante Presidente de los Pobres (pero padre, hermano o amigo de los ricos). “Militar venezolano, te dejo robar, narcotraficar, matraquear, saquear para que te forres de plata, y tú me dejas tranquilo en Miraflores y cuidas que nada me pase. Todos ganamos”.

Así, unos se hacen la vista gorda a cambio de jugosos contratos o un cargo, y otros se la hacen por un pollo o una bolsa de harina PAN. Estos últimos mantenidos en la ignorancia, pobreza crónica y mendicidad  para que no piensen y dependan siempre de un Estado en manos de choros y malandros ultrarrecontramultibillonarios, a quienes les trocan el voto por esos mendrugos recibidos en calidad de limosna.

De esta manera, el honesto comandante galáctico que murió pobre pero honrado (porque toda su fortuna mal habida ya estaba a nombre de sus hijos, hermanos, primos y amigos testaferros como Alejandro Andrade) y el chavismo crearon una sociedad de corruptos, carcomiendo la moral del venezolano hasta desaparecerla.

Siempre hubo corrupción y el venezolano siempre vio con naturalidad y hasta con admiración que un ministro o militar que previamente andaba con el estómago pegado al espinazo y viviendo en un barrio popular capitalino, luego de algunos meses en un cargo público ostentara la más vulgar riqueza en una mansión en el Este de Caracas.

El pueblo ve sin escandalizarse y sin cuestionar que el reloj, el flux, el carro o los zapatos de un diputado socialista o la cartera de la esposa del “presidente obrero” (con manicure) cuesten miles o cientos de miles de dólares, o el equivalente a su sueldo de decenas, cientos y aun miles de años. Con menos de $50 de sueldo mensual, el flux Armani de un diputado psuvista, denodado luchador anticorrupción le costó el equivalente a más de 4 años de salario; el reloj de otro, a más de 8 años; la 4Runner de otro, a 67 años en el cargo; los zapatos Gucci de todavía otro, año y medio de trabajo. O los servidores públicos chavistas se están “rebuscando” muy bien o están endeudados hasta las metras para pagar ese ritmo de vida. Se les debería dar un aumento de salario y bonificaciones para que puedan pagar sus tarjetas de crédito.

Cuando el gerente de un banco observa que uno de sus cajeros arriba al trabajo en un Ferrari, ataviado con Armani, Vuiton, Cartier, Rolex, Gucci y come en el mejor restaurant a la hora de almuerzo, como mínimo debe sospechar que algo extraño está ocurriendo e investigarlo. Lo mismo debería ocurrir con los signos exteriores de riqueza de los revolucionarios socialistas y sus testaferros que como buenos recién vestidos que son y que sustituyeron las alpargatas de sus pies con Guccis aunque no pudieron sacarse esas mismas alpargatas del cerebro, ostentan vulgarmente tanta riqueza que deberían llamar la atención de la Fiscalía, quien debería iniciar las investigaciones, pero esta no solamente no lo hace, sino que declara que no hay pruebas cuando se denuncian hechos de corrupción revolucionaria.

En días recientes, Diosdado Cabello llamó malnacido a Lorenzo Mendoza por decir en una conversación telefónica grabada ilegalmente por el gobierno, que preveía y creía necesario un plan de recuperación económica por parte del FMI, “planificando el futuro del pueblo desde sus millones”. Pero no se paseó por el hecho de que Mendoza sí tiene como justificar esos millones, mientras que ni él ni ningún revolucionario tiene cómo justificar la adquisición de sus ropas o vehículos. Sólo con sus sueldos de servidores públicos, ningún chavista puede justificar ingresos que le permitan pagar su dosis diaria de escocés 18 años. Tampoco pensó que si el chavismo del cual ha sido dirigente no hubiera saqueado y arruinado al país con su corrupción e ineptitud bolivarianas, el presidente de Polar no hubiera tenido que pronunciar tales palabras.

Hoy, el cucuteño que hace reír al mundo desde Miraflores y les roba el show a Laureano Márquez, Emilio Lovera, Claudio Nazoa y el Conde del Guácharo, pretende erigirse en protector del pueblo al darle un aumento de salario de 30% que lo hundirá aún más en la miseria, promoviendo la etiqueta en Twitter #MaduroProtectorDelPueblo. “Protector del (mismo) pueblo” que tiene que matarse en colas interminables para poder comer precariamente, que tiene que pagar el kilo de caraotas con el equivalente al 13% de su salario y no consigue leche para sus hijos, muchos de los cuales están muriendo en hospitales por falta de medicinas porque no hay dólares, mientras que los revolucionarios socialistas humanistas no pueden explicar el origen de sus dólares depositados en Andorra.

Además de la defensa que suele invocar el chavista, “ellos también robaron”, misma que hubiera horrorizado a San Agustín (El pecado de otro no justifica mi pecado), su alegato favorito para exculparse es “no hay pruebas contra mí”. Se olvida de que Al Capone pasó a la historia como el más sangriento y depravado capo de la mafia a pesar de que jamás ha habido una sola prueba de que lo fuera ni de los asesinatos que se conoce a ciencia cierta fue responsable, al punto de que fue sentenciado por evasión de impuestos en negocios supuestamente legítimos.

Aunque la Fiscalía no investigue y no existan pruebas de la corrupción bolivariana humanista (que sí las hay por montones), el chavismo tiene garantizada la condena de la historia, del hombre y de Dios, pues hay pecados que ningún dios deja sin castigar.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe


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