viernes, 30 de octubre de 2015

Si perdemos las elecciones…




Quisiera usar el símil de un enorme remolino marino que succiona hacia el fondo del océano al chavismo y a la dictadura con que oprime a Venezuela. Pero el símil que realmente rinde fidelidad a la situación actual de ese esperpento purulento que nos gobierna, es el del vórtice que observamos al bajar la poceta. Por ahí se va el chavismo al lugar al que siempre perteneció: la cloaca de la historia.

En estos pasados 17 años ese pretexto para dominar y saquear llamado chavismo ha amenazado al pueblo venezolano con muerte si no lo mantiene en el poder. “Soy yo o la guerra […] esta revolución es pacífica pero armada […] si gana el imperialismo la AN vendrán tiempos de masacre y muerte […] si perdemos la AN se acabará la paz en el país […] si no ganamos tomaremos los fusiles rodilla en tierra”, y la novísima “si perdemos las elecciones no entregaremos el poder y gobernaremos con el pueblo en una unión cívico-militar”, proferida este jueves 29 de octubre por Nicolás.

Por una parte, esta amenaza viola uno de los más acendrados tabúes de la política: hablar de la propia derrota. Por otra, es inevitable concluir que el chavismo prevé esa derrota y que cuando acompaña la hipótesis con frases como “en el supuesto negado y transmutado (?) de que…” no hace más que reforzar la percepción de que tal derrota es no solamente inexorable, sino muy temida.

Pero lo más grave de tal declaración no es la admisión por parte de la jerarquía de que el chavismo encara su final, sino la más absoluta impudicia que le permite confesar que ni aceptará el resultado de las elecciones ni entregará el poder cuando el pueblo le diga que se vaya, es decir, que el proceso electoral no es más que un teatro para el liderazgo chavista.

La mayoría de los venezolanos siempre hemos sabido que el chavismo no concibió jamás la alternabilidad en poder. Que recurrió al fraude masivo y multifacético para aferrarse perennemente al mismo. Que –como asociación de psicopátas que es- jamás respetó límites, ni siquiera el delito, para el logro de ese objetivo. De manera que no es enteramente nuevo el aserto de Nicolás.

Pero el régimen siempre fue cuidadoso en mantener un halo de democracia en sus procederes y en el sistema político venezolano. La ficción de democracia era vital para consolidarse en el poder. No es este el caso en esta ocasión. Nicolás no solamente está anunciando un golpe de Estado, sino que está definiendo la Junta de Gobierno de carácter cívico-militar. No dudamos que intentará cumplir esta amenaza. La verdad, el chavismo no tiene otra alternativa más que ver a sus líderes y testaferros terminar en las cárceles del mundo si llega a perder el poder. En consecuencia, está dispuesto a cometer el más terrible de los crímenes, aun, genocidio, para tratar de evitar (inútilmente) ese destino que inexorablemente le aguarda.

De esta manera el gobierno nos confiesa lo que tanto he repetido en mis artículos: el chavismo no cree en elecciones libres a menos que las gane, con o sin fraude. Mientras esto era un secreto a voces y era necesaria la ficción de democracia para sostenerse en el poder, tenían sentido los procesos electorales, de ahí la necesidad de hacer tantos. Pero al quedar desnudos por las evidencias y ahora, por propia confesión, es incomprensible que la dictadura chavista persista en hacer elecciones.

Si a un mes de las elecciones parlamentarias Nicolás anuncia que si pierde su partido desconocerá el resultado, no entregará y formará una junta cívico-militar para gobernar, ¿para qué hacer elecciones?, ¿por qué insiste la dictadura en hacer otro proceso electoral cuyo resultado ya está desconociendo de antemano? (Pues no quepa duda, el chavismo no puede ganar ni con el más formidable de los fraudes, que ya está montado, por cierto).


Hay más contradicciones, lo que no sorprende pues la contradicción es algo en lo que el chavismo siempre ha brillado; la contradicción es su esencia. Inmediatamente antes de pronunciar esa amenaza, Nicolás propuso un pacto de respeto a los resultados electorales y al CNE. Obviamente pidiendo un pacto que garantice el respeto a su fraude y a los perpetradores del mismo. Acompañó tal proposición de respeto, con la advertencia de que su partido estaba dispuesto a ganar “como sea”. Mayor confesión, imposible.

Y la madre de todas las contradicciones típicas del tan “democrático” chavismo: Soslayando el hecho de que todas las encuestas, amigas o enemigas, indican que el 90% del pueblo rechaza el chavismo y a su gobierno, es indiscutible que si el chavismo pierde las elecciones es porque el pueblo votó en su contra, le dijo “¡fuera!” Entonces, ¿cuál es ese pueblo con el que Nicolás piensa dar el golpe y gobernar?, ¿el cubano, el chino, el ruso? Porque es clarísimo que si pierde es porque el pueblo venezolano votó contra su “revolución”.

Y como ese pueblo del que habla Nicolás no existe, sólo resta el “militar” de esa junta cívico-militar. Lo que no es una novedad, pues son los milicos detrás del trono los que gobiernan este país justamente de espaldas a ese pueblo que padece extremas penurias y miseria, muerte por falta de medicinas, colas para precariamente alimentarse, brutal inflación que lo esclaviza pues trabaja para ni siquiera llegar a cubrir sus necesidades básicas, apagones y cortes agua en un emporio energético e hídrico tropical; mientras ellos, los de verde, se enriquecen groseramente y guardan los miles de millones dólares robados a ese mismo pueblo –a ese mismo bebé que muere sin medicinas anticancerosas en el JM de Los Ríos- en cuentas congeladas en el Imperio y Andorra.

Así que lo que dijo Nicolás es que ya únicamente cuenta con las armas de lo más corrupto del sector militar como la brocha que lo sostiene a la pared del poder.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

domingo, 25 de octubre de 2015

El suicidio del chavismo





A lo largo de muchos años he sostenido que el chavismo es una secta fanática destructiva con liderazgo psicopático, como lo tiene toda asociación de esta naturaleza. Esta tesis ha sido desarrollada por diversos psiquiatras venezolanos y extranjeros, como Franzel Delgado Senior y Hugo Marietan. Además, he propuesto que como es característico en este tipo de sectas, es autodestructiva. Posee una predominante pulsión de muerte que determina todos sus actos, los cuales, desde su concepción, forjaron el camino hacia su final fracaso y desaparición.



En los primeros tiempos de la infección chavista comprendí que Venezuela no enfrentaba un problema político sino psiquiátrico. Desde su desarrollo embrionario comenzó a cavar su tumba. Sus ataques y amenazas, incluso de perpetrar asesinatos masivos y genocidio (“freiremos sus cabezas”) que cautivaron a tantos, muchos hoy coversos; su misognia desquiciada (violación de imágenes de La Virgen y otras agresiones a símbolos de la feminidad y maternidad, a mujeres como Andreína Flores, Condoleeza Rice y otras: “Marisabel, esta noche te doy lo tuyo”); su desprecio por normas, leyes y moral fueron las primeras señales de trastornos profundamente morbosos de carácter colectivo. Esta percepción me llevó a consultar con reputados psiquiatras y psicoanalistas como mi suegro Julio Aray, Gonzalo González y Tomás Godoy, quienes corroboraron mi opinión y me guiaron en el estudio del problema.



Una característica preeminente de la personalidad sociopática es el desprecio absoluto por cualquier tipo de norma, ley, autoridad, límites y moral. El sociópata es amoral. Además es incapaz de hacer empatía con otros seres humanos, carece de sentimientos humanos (salvo el miedo) como la culpa, es deshumanizado.



El haber bautizado la Constitución Nacional como “La Bicha” denota ese desprecio por la Ley por parte líder de la secta, así como tantos actos en los que ignoraba totalmente las normas legales y que continuamos viendo en sus sucesores. También podemos recordar muestras de deshumanización del líder, como el reproche a la señora Fadoull, madre de los 3 niños asesinados presumiblemente por allegados al oficialismo: “señora, deje de lloriquear y deje que esos niños descansen en paz”; la frase “el show debe continuar” en medio de la tragedia de Amuay o cantarle una ranchera a la madre que lloraba la muerte de su hijo en la misma tragedia. Muchos actos del líder del chavismo sugieren una personalidad hipernarcisista, ególatra y psicopática, como son típicas en las sectas fanáticas destructivas.



Toda secta fanática destructiva es autodestructiva. La experiencia así lo demuestra. Sobran los ejemplos. El nazismo labró su propia destrucción. La secta El Templo del Pueblo del Reverendo Jim Jones terminó en el suicidio colectivo de casi 1.000 miembros en Jonestown, Guyana. Los Davidianos de David Koresh en Waco, Texas se “inmolaron” por la interpuesta persona de la ATF de EEUU. La Orden del Templo Solar de Suiza es otro caso en el que los suicidios colectivos y asesinatos entre miembros autoaniquilaron la secta. Todavía otro ejemplo es el de la secta Heaven´s Gate, cuyos miembros se suicidaron colectivamente para abordar la nave espacial en la que creían que seguirían a un cometa y encontrarían una mejor vida.



No es necesario que la conducta suicida sea consciente. En el chavismo se observan actos conscientes e inconscientes conducentes a ese suicidio colectivo.  El mismo saqueo del país sin prever ni evitar su ruina, su total destrucción, es un acto suicida. Matar a la gallina de los huevos de oro es suicidio. Si el chavismo hubiera construido mientas expoliaba, si hubiera cuidado la infraestructura y la economía para ofrecer un adecuado nivel de bienestar, se hubiera garantizado su perpetuación en el poder. Pero hizo exactamente lo contrario. Se acorraló a sí mismo acabando con todo a su paso sin dejar siquiera una ruta de escape. Hoy el pueblo no solamente lo rechaza sino que lo odia y lo responsabiliza con toda razón por las penurias que padece a diario para precariamente cubrir sus necesidades básicas, mientras que gobernantes y testaferros, boliburgueses y boligarcas, se pasean en carros de lujo ostentando riquezas y derrochando dólares públicamente.



Y existen otros ejemplos de conducta suicida en el chavismo. La vida disipada y de excesos del primo y testaferro de Rafael Ramírez, Diego Salazar, precipitó la investigación que condujo a la intervención de la Banca Privada de Andorra, al descubrimiento de cuentas milmillonarias de humanistas socialistas chavistas en ese paraíso fiscal y otros bancos del orbe, y a la investigación del gigadesfalco de PDVSA por parte de Ramírez, su banda y la jerarquía chavista. Esta semana vimos la noticia de la investigación en progreso por parte de los organismos de inteligencia financiera norteamericanos en the WSJ y otros periódicos estadounidenses, que se centra en Ramírez y Salazar, a quienes señalan de movilizar ilegítimamente muchos miles de millones de dólares sustraídos a la petrolera estatal. Luego de bañarse en champán en el hotel Crillón de Paris, Diego le dio una propina de 100.000 euros al concierge, este declaró el ingreso al impuesto, el fisco, suspicaz, informó a la Sureté, la Sureté a la Policía de Andorra y la Gendarmería de España, y el Departamento del Tesoro de USA entró para tomar la batuta.



No es necesario ya argumentar demasiado para demostrar que el chavismo ha desarrollado una vocación destructiva en su ejercicio del poder en Venezuela. Con los más grandes ingresos en toda su historia, el país está destruido, la revolución no tiene una sola obra de envergadura que mostrar, la sociedad está enferma, empobrecida y alienada, la podredumbre moral como política de Estado ha carcomido la fibra social, al igual que la inseguridad y la ruina económica. El chavismo logró llevar a la miseria al emporio petrolero más rico y pujante del planeta, al punto de que ese país que ayudó a ganar la Segunda Guerra Mundial exportando el 60% del combustible que propulsó a los aliados, que fue clave para la reconstrucción de Europa con sus exportaciones petroleras, que fue motor de la economía norteamericana hasta la década de 1960 exportándole el 50% del combustible, y que tiene los yacimientos petroleros más grandes de toda la Tierra, hoy se ve forzado a importar gasolina.



Dar propinas de Bs 100.000.000 millones, derrochar en champán y whisky 18 años, hacer parrillas con carne traída de Miami y Aruba, manejar Hummers y BMWs mientras el pueblo literalmente se mata a golpes en colas para intentar comprar un pollo o un kilo de harina ganando un salario $13 dólares mensuales, y sus hijos mueren en hospitales porque no hay dólares para comprar medicinas, es suicida. Tiene un tufo muy intenso a Luis XVI y María Antonieta, a toma de la Bastilla y a asalto a Versalles.



El chavismo no se destruyó con la muerte de Hugo Chávez, pero esta si fue un catalizador en un proceso que venía gestándose desde el mismo día de su nacimiento. El centauro galáctico de Sabaneta dejó al país en la ruina y terminó de arrasar sus recursos para ganar las últimas elecciones. Designó a Nicolás para que se encargara de darle el misericordioso tiro de gracia a la desangrada Venezuela. Pero sin duda su muerte sí dio inicio a la fragmentación de la secta que hoy a todas luces encara su hora final.



No es una exageración. Cuando escuchamos amenazas como “si gana la oposición vendrán tiempos de masacre y muerte”, “si perdemos la AN se acabará la paz en el país”, “si perdemos la revolución entrará en otra etapa”, “ganaremos las elecciones del 6D como sea”, no podemos más que concluir que el liderazgo chavista está consciente de que se aproxima esa hora final y de que está dispuesto a lo que sea para evitar su inexorable caída, incluso, a delinquir (lo cual ya ha hecho inveteradamente hasta el cansancio). Es diáfanamente claro que los dictadores nos están diciendo “no existe manera de que ganemos esas elecciones limpiamente y nos mantengamos en el poder, estamos acorralados adentro y afuera del país, nos estamos hundiendo, pero nos los llevaremos a todos en los cachos”. No cabe otra interpretación.



Ante el cuadre de Cuba con EEUU y la alianza de este último con China, evidenciada tanto en su intercambio comercial y financiero, el de más volumen del capitalismo, como en su asociación para explotar en Guyana y en el Esequibo; ante las investigaciones por lavado, narcotráfico, terrorismo y otros delitos de lesa humanidad contra funcionarios del régimen chavista; ante el desenmascaramiento de la dictadura frente al concierto de naciones que ya lo percibe como un régimen forajido; ante el desprestigio por el desastroso manejo económico; el chavismo quedó en evidencia como un dinosaurio criminal que no tiene cabida en el mundo moderno de la globalización, la informática, la tecnología y el libre comercio. Hasta las puertas de Raúl Castro se le están cerrando. Y ya es una carga insostenible para China.



A nadie más que al chavismo puede culpar el chavismo de su propia destrucción. Ni las trilladas e idiotas acusaciones contra el imperialismo, ni la fantasía muy imbécil de la guerra económica, ni los señalamientos contra Lorenzo Mendoza y otros empresarios, ni las de conspiraciones de la derecha fascista. Nada puede ya disipar de la consciencia del pueblo la clara convicción acerca de la responsabilidad histórica del chavismo por el que después de las grandes guerras, es el peor crimen cometido contra país alguno. Y ese formidable y depravado crimen es en sí mismo el acto suicida de esa infame peste purulenta y necrosante que disfrazada de movimiento político infectó al noble país llamado Venezuela.



Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe

jueves, 22 de octubre de 2015

Pacto de respeto





Emulando a su mentor y antecesor, Nicolás Maduro propuso un pacto de respeto a los resultados electorales y al CNE en los venideros comicios del 6 de diciembre. Sin duda, una noble propuesta.



El respeto a los resultados de elecciones libres y populares es una obligación legal. Es esencial al juego democrático y se da por descontado que los resultados de un proceso comicial deben ser respetados. Un pacto en tal sentido es, entonces, redundante y supralegal.



Es totalmente absurdo y además nulo, un pacto que obligue a respetar la Ley.  Sería desconocer la Ley y su coercibilidad. Si es necesario un pacto para respetar la Ley, entonces tal pacto tiene mayor jerarquía legal que la propia Ley y esta última carece de coercibilidad y vigor.



Tal convenio sería equivalente a que los ciudadanos firmemos pactos comprometiéndonos a no asesinar, a no robar, a no secuestrar, a no violar, a no estafar, por encima del ya existente Código Penal. Sencillamente, la Ley es de obligatorio cumplimiento con pacto o sin pacto y el que no cumpla la Ley va preso. La Ley es el pacto.



Por otra parte, proponer o tan solo sugerir que ese pacto es necesario, ya implica que las partes han pensado en el desconocimiento de los resultados. Más grave aún, es admitir que existen razones para que alguna de las partes se incline por ese desconocimiento. Es la admisión de que existen vicios en el proceso y en las autoridades que arrojan dudas acerca de sus procedimientos.



Pero es posible que el chavista, siendo tan delincuente, requiera de pactos especiales para que considere respetar las leyes. Así que me permitiré proponer algunos pactos que seguramente resultarán muy positivos para el país:



En primer lugar, firmemos un pacto de respeto a ese pacto de respeto a los resultados electorales, en virtud del cual el chavismo se compromete a no hacer fraude, respetando así la voluntad popular.



También sería muy saludable un pacto de respeto a los dineros públicos. De manera que el chavismo debería firmar uno en el que se comprometa con el pueblo a no seguir clavando sus garras en la Cosa Pública, a no matraquear ni a cobrar comisiones en contratos con el Estado, a no saquear las empresas del Estado, comenzando por PDVSA.



El pueblo apreciaría un pacto en el que el régimen chavista se obligue a dar seguridad a la población, a garantizar servicios de salud y abastecimiento de medicinas y otros insumos indispensables para la atención médica. En especial, pactemos que los enfermos de cáncer, sobre todo, niños, recibirán drogas anticancerosas que hoy escasean.



Por favor, chavistas, consideren firmar un pacto que los obligue a acabar con la inseguridad. Un pacto que impida que nos maten como perros a razón de 82 homicidios diarios.



Sería de gran importancia un pacto que nos permita conseguir pañales y leche para los bebés "de la patria".



Todos apreciaríamos un pacto por el cual los chavistas se comprometieran a no racionarnos la electricidad ni el agua, y a no reventarnos bombillos, neveras, televisores y computadoras cuando la reconectan.



Y verdaderamente les agradeceríamos un pacto que nos evite hacer colas para comprar comida. Es más, que nos garantice encontrar comida.

Un pacto importantísimo, insoslayable, es el de respetar Derechos Humanos. Que no haya presos políticos, ni torturados, ni asesinados con balas que hacen "un sonido hueco al atravesar el cráneo de un escuálido".



Pero hay un pacto que realmente sería agradecido por el pueblo en pleno: Por favor, rogamos al gobierno que respete el abastecimiento adecuado de papel tualé. Entendemos que la boliburguesía y boligarquía chavista militar-civil no lo necesitan pues para eso han tenido la Constitución Nacional y las leyes, pero el resto de los mortales lo extrañamos ya que no podemos permitirnos esa misma licencia que nos llevaría directamente a las mazmorras del SEBIN, pues para el chavismo, además de para su higiene trasera, la Constitución y las leyes solamente existen para reprimir la disidencia.



Lo que nos recuerda el pacto más importante: ¡Chavistas, comprométanse a respetar la Constitución Nacional!



Leonardo Silva Beauregard

@Leo SilvaBe








martes, 20 de octubre de 2015

Una mujer, como Venezuela






Venezuela es mujer. Madre generosa de mujeres y hombres de valía. Sus hijas son conocidas como las más hermosas del planeta. Pero también han demostrado a lo largo de la historia y especialmente en los últimos 17 años, ser las más luchadoras, las más indoblegables, las más incorruptibles. Las Luisas Cáceres de Arismendi son la regla en nuestra raza.

Como era natural, una mujer decidió salirle al paso a la ignominia. Una mujer –que es madre e hija- se hartó de la dictadura PSUV-MUD, esa coalición perversa en la que uno comete fraude electoral y el otro lo acepta a cambio de las sobras de la mesa. Y decidió ser noticia en vez de limitarse a escribirla.

Berenice Gómez anunció al país que sería candidata a diputada a la Asamblea Nacional por el circuito 3 de Caracas.

Con su decisión, Berenice les dio esperanza y, sobre todo, una alternativa honorable a quienes se abstendrían de votar disuadidos por la repugnancia y el asco de tener que hacerlo por defensores mercenarios de bolichicos, socios de revolucionarios con piel de opositores, colaboracionistas capaces de ser copartícipes de un golpe de Estado como el perpetrado en diciembre de 2014 por el chavismo cuando designó autoridades para los poderes públicos a dedo (de Diosdado Cabello) sin contar con la mayoría calificada del parlamento, en un pacto perverso con sectores de la MUD cuyas costuras eran visibles aun desde los confines del Universo.

Berenice decidió rebelarse contra la extorsión de esa “oposición seria “ (léase colaboracionista y dócil), como la califica el régimen,  que pretende aferrarse a parcelas de poder para gozar de los mendrugos sobrantes del festín expoliador del país: “si no votas por mí le estás dando tu voto a un chavista”.

Ya los electores del circuito 3 de Caracas no tienen que abstenerse ni votar tapándose la nariz con un pañuelo. Cualquiera que sea el escrutinio final producto de los croupiers del CNE y sus ruletas arregladas de Smartmatic, saben que votarán con dignidad, con esperanza, con propósito.

Berenice asumió el apodo “La Bicha” cuando el sociópata Hugo Chávez lo adoptó para demostrar su total desprecio por la Constitución Nacional que él mismo ordenó confeccionar a la medida de sus intereses, apodándola “La Bicha”. Con ello la aguerrida periodista le decía al tirano “tú no la respetas, pero yo sí”. Y así la Bere asumió el sobrenombre de esa Magna Carta que el chavismo, madriguera de sociópatas amorales para quienes las leyes no existen, ha usado como papel tualé y como instrumento para la persecución de la disidencia, único caso en que le reconoce valor a sus normas.

“La Bicha” optó por romper con ese contrato depravado MUD-PSUV  por medio del cual se establece la ficción de democracia necesaria para consolidar la dictadura. Toda dictadura comunista necesita y crea una oposición servil. Más la chavista que necesitaba presentarse ante el país y el mundo como democracia, con múltiples elecciones que siempre gana el gobierno en contra de lo que dicen las encuestas, exit polls y lo que se percibe en las calles. Ganadas con fraude pero que recibían el sello de aprobación de los mansos “muderos” que reconocían los triunfos. Y con la impudicia de incumplir las promesas reiteradamente de presentar las pruebas de la pulcritud de los procesos electorales. Todavía estamos esperando que la MUD presente los Certificados de Verificación Ciudadana ofrecidos al pueblo como prueba de la defensa de su voto en los dos últimos procesos electorales presidenciales.

No es necesario comentar la valentía y honestidad incorruptibles de La Bicha. Toda Venezuela conoce cómo sin pelos en su temible lengua que hace temblar a dictadores y corruptos, arremete para exponer las verdades y noticias. También sabemos todos que no se ha detenido ni siquiera en el sacrificio personal y ha preferido ser “dueña de su hambre” que claudicar y capitular ante la MUD-PSUV que sin duda debe haber intentado seducirla con sus mieles.

En Berenice Gómez, en nuestras mujeres, en esas madres que se rehúsan a ver a sus hijos sumidos en la esclavitud, yace la esperanza de un futuro luminoso para Venezuela. Y sus hijos podrán transitar el camino de la reconstrucción allanado por ellas.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe