domingo, 27 de septiembre de 2015

Soy yo o la guerra





El chavista es un gran demócrata, nos lo repite incesantemente -antes lo hacía el Comandante y ahora Diosdado Cabello, Nicolás Maduro y toda la jerarquía militar civil-. Un demócrata muy especial, esto es. Nos habla continuamente del “poder popular” (¿acaso todos los ministerios no son del “poder popular”?). Del “poder originario del pueblo”. “El pueblo es el que manda”. “Con Maduro manda el pueblo” “Pueblo presidente”. Nadie puede negar que en el discurso chavista la palabra “pueblo” es la única que compite con “patria” en frecuencia. Y el chavista es el representante del pueblo, de hecho, no solamente se ufana de serlo, sino que se siente el único capaz de representarlo; nadie más puede ni representar al pueblo ni interpretar el sentir del pueblo. Sólo el chavista.



Tan agudo y fiel intérprete del sentir y la voluntad del pueblo es el chavista, que incluso conoce con más precisión que el mismo pueblo lo que el pueblo quiere. Es por esta razón que encontramos en el chavismo frases como “soy yo o la guerra”, “si gana la oposición habrá muerte y destrucción”, “si gana la oposición, se acabará la paz en Venezuela”, “si gana la oposición tomaremos los fusiles rodilla en tierra” y la más reciente: “si gana la oposición no habrá más paz en el país”, original del insigne demócrata Diosdado Cabello. Es decir, el chavista comprende tanto la voluntad popular que está dispuesto a desconocer esa voluntad popular manifestada en las urnas electorales y llevar al país a la guerra civil ya que el mismo pueblo no sabe lo que quiere. Sólo el chavista sabe lo que quiere el pueblo.



Para el chavista es tan importante lo que opine y desee el pueblo, que desde que está en el poder, el chavismo ha realizado casi 20 procesos electorales. En los primeros tres años la cosa era más bien sencilla, no tenía que advertir que si el pueblo votaba por otro que no fuera él se iría a las armas. El pueblo quería al chavismo.



Pero el apoyo popular se fue erosionando y cada vez se hizo más necesario recordarle al pueblo que si se equivocaba votando por la oposición, los demócratas chavistas no tendrían más remedio que coserlo a plomo. “Esta revolución bonita es pacífica pero armada con tanques, aviones, fusiles... y la defenderemos con sangre”.



Y es que no hay duda de que el chavista cree en elecciones libres. Vale decir, cree en elecciones libres siempre que esas elecciones libres las gane el chavismo, incluso, recurriendo al fraude electoral. Y recurre al fraude no por ánimo doloso, sino porque el chavismo –que conoce mejor que el pueblo la voluntad del pueblo- se ve en la obligación de enmendar las equivocaciones del pueblo haciendo fraude. Es decir, el fraude es una suerte de mentira blanca, una paternal palmadita en el trasero de ese pueblo que en realidad no sabe lo que quiere y que vota por capitalismo y libertad totalmente confundido pues lo que en realidad desea es socialismo chavista y bota militar.



Jamás debe interpretarse que el chavista es un tirano degenerado que oprime dictatorialmente al pueblo, dominándolo e imponiéndosele con fraude electoral y una ficción de democracia apoyada en el mismo fraude y en cifras amañadas provistas por encuestadores mercenarios al servicio del mejor postor (en caso de que el lector no lo sepa, el mejor postor es el chavismo armado con nuestra petrochequera). No. El chavista es un buen padre de familia –el mejor- que se ve forzado a corregir los errores del minusválido pueblo con repetidos y cada vez mayores fraudes electorales, asistido por los desinteresados señores de Smartmatic y los “acompañantes internacionales” que comprenden la necesidad de corregir los errores del pueblo en aras del bienestar del pueblo. Al pueblo hay que protegerlo de sí mismo y nada mejor para ello que el fraude electoral.



Pero en ocasiones –y es el caso en los actuales momentos- el desatinado pueblo cree estar tan harto (en realidad no lo está, el chavista lo sabe) del chavismo que ni con fraude masivo es posible corregir su error. Entonces sólo resta amenazarlo con guerra civil: “si gana la oposición no habrá más paz en Venezuela”. En realidad, se trata de un recurso noble, una extorsión bien intencionada: “si votan por la oposición agarramos los fusiles y los masacramos a todos. ¡Pórtense bien o les vamos a dar pam pam!”


Y es que hasta la misma paz que nos garantiza el chavista es muy especial. Es una paz con más de 90 homicidios semanales a manos de la delincuencia patrocinada por el chavismo para la “lucha de clases”. Es una paz con decenas de presos políticos acusados por delitos creados por el Estado chavista para encerrarlos. Es una paz en la que hay 15.000 deportados colombianos que ya no le son convenientes al chavismo pues dejaron de votar por él. Es una paz en la que cierran fronteras por conflictos artificiales generados por el propio chavismo. Es una paz en la que hay que matarse a coñazos en las colas para comprar comida, baterías y medicinas. Es una paz en la que el que protesta termina con una bala que le atraviesa el cráneo “haciendo un sonido hueco”. Es una paz con apagones, cortes de agua y racionamiento hasta de papel tualé. Es una paz con muchos aviones Sukhoi de $ 60 millones que tienen afinidad por estrellarse con frecuencia, en la que los niños mueren sin pañales, sin leche,  sin tratamiento contra el cáncer por falta de dólares para medicinas.
 

Sin embargo, en apariencia, algo no se explica: Si el pueblo suele equivocarse votando en contra del chavismo, ¿por qué el este promueve procesos electorales? Lo lógico sería –como con toda seguridad ha considerado en numerosas ocasiones- que elimine las elecciones en Venezuela.  En primer lugar, no siempre fue así, quizás hasta 2002 el pueblo votaba por el chavismo. En segundo lugar, era indispensable para que la revolución se consolidara que existiera la ilusión, local e internacionalmente, de que había democracia y de que el chavismo reinaba por voluntad del pueblo. Pero ahora el chavismo cuenta con 90% de rechazo popular y la dictadura ha quedado en evidencia como tal, por lo tanto, la ficción de democracia no tiene sentido.



Así que la frase “si gana la oposición no habrá más paz en Venezuela” sólo puede interpretarse como el mayor desprecio del chavista por las elecciones libres y la voluntad del pueblo. ¿Acaso el chavista sólo cree en elecciones si está seguro de que las va a ganar y sólo respeta el pronunciamiento del pueblo si le favorece? No vale, no creo…



Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe

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