miércoles, 16 de septiembre de 2015

Justicia popular





Cuando las panaderías parisinas se quedaron sin harina para hacer pan, el pueblo hambriento tomó La Bastilla y terminó decapitando a Luis XVI y su esposa María Antonieta, quienes –por contraste- comían, bebían, vestían y vivían a todo lujo en Versalles junto con el resto de la corrupta e insensible corte real.



El dictador rumano Nicolae Ceausescu y su esposa fueron interceptados en su huida luego de la caída de su dictadura, y ejecutados al terminar un brevísimo juicio sumario por parte del pueblo, acusados de causar la ruina económica del país al tiempo de enriquecerse groseramente. El fusilamiento de la pareja fue captado en video para que la posteridad sepa que un pueblo traicionado es ferozmente vengativo.



Benito Musolini y su amante Clara Petacci fueron salvajemente linchados por el pueblo sumido en la miseria por la dictadura fascista y su aventura bélica en la Segunda Guerra Mundial como aliado de los nazis. Las imágenes de sus cadáveres mutilados colgados por los pies testimonian ante la historia la furia de un pueblo arruinado, engañado, usado y decepcionado por el líder que alguna vez idolatró.



Cuando el brutal dictador filipino Ferdinand Marcos murió, el pueblo asaltó bárbaramente su ostentoso palacio para saquearlo. Ese pueblo empobrecido y hambreado por la dictadura corrupta, entre muchos lujos de la pareja gobernante, encontró la colección de miles de zapatos de la frívola y semianalfabeta viuda, Imelda Marcos, quien logró huir al exilio en EEUU.



Cuando vemos en Internet las fotos de Cilia Flores y Nicolás Maduro, de sus hijos, de las infantas Chávez, en general, de los miembros de la boligarquía chavista derrochando lujos en ropa, joyas, vehículos, y estilos de vida mientras el pueblo hace colas y se mata a golpes por un pollo o un paquete de harina para apenas subsistir  en virtud de la inflación y la escasez, no podemos dejar de pensar que la historia está plena de ejemplos de la venganza popular en contra de gobernantes enrriquecidos gracias a los votos de esa misma gente –ahora vengativa- que pasa hambre y necesidad por su culpa, obtenidos con la promesa de una mejor vida, de bienestar.



Ya la cartera Chanel de $ 5.500 dólares de la Primera Combatiente es célebre. Igual los trajes Armani y las corbatas Louis Vuiton del diputado Pedro Carreño o el multimillonario yate de Aristóbulo Istúriz. Los suntuosos atavíos, trajes, relojes, joyas, automóviles, aviones, mansiones, yates de los revolucionarios humanistas socialistas en la Administración Pública, de los jerarcas militares y sus parientes, de sus testaferros, de la boliburguesía, de los enchufados, en fin, de toda la fauna corrupta que medra orbitando las Arcas del Estado, ofenden al pueblo que muere sin insulina, sin drogas antineoplásicas, sin leche, sin azúcar, sin carne.



¿Acaso la madre transida de dolor con el niño muriendo de cáncer en sus brazos por falta de medicinas pues los dólares desaparecieron del país para reaparecer en cuentas en Andorra no ha de sentir una rabia animal muy primitiva en contra de los culpables de que no haya divisas para salvar a su hijo? ¿Acaso se justifica la muerte de niños en el hospital J. M. de los Ríos por escasez de medicamentos mientras el primo del ex Presidente de PDVSA regala propinas de 100 mil euros en el Hotel Crillon de Paris? ¿Es admisible que un venezolano tenga que mendigar azúcar y café en interminables colas mientras los jerarcas envían chefs privados en sus aviones particulares a comprar manjares en Aruba, Miami y Dubai para la parrillada del domingo? ¿Es aceptable que el pueblo privado de comida y medicamentos, con apagones, con agua racionada debido a la extrema escasez de dólares que fueron saqueados al país tenga que soportar que se importen cientos de camionetas de lujo Renault, a razón de $ 32.000 cada una, para los proliferantes generales barrigones bachaqueros de la patria?



Hay pecados que ningún dios se permite perdonar y dejar de castigar. Hibris los llamaban los griegos. Los pecados del chavismo jamás serán absueltos por dios alguno. Tampoco los absolverá la justicia legítima y formal del hombre. Y es muy improbable que los absuelva la justicia ilegítima del pueblo enardecido por el hambre, la muerte y la ruina causados por el expolio chavista de las riquezas que en derecho le pertenecían. Su ira no perdonará al tirano que se baña en champán comprado con los dólares que debían haber adquirido la droga anticancerosa cuya ausencia causó la muerte de sus hijos.


Por pecados mucho menores Luis y María Antonieta, Ceausescu y señora, Musolini y Clara fueron víctimas de la justicia popular.
 




Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe

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