sábado, 12 de septiembre de 2015

¿Cuál es la sorpresa?




Desde su ascenso en 1999 el chavismo nos enseñó a esperar lo peor de sí. Cuando la llamada sociedad civil elevaba una consulta, pedía pronunciamiento o solicitaba amparo al TSJ, la respuesta siempre fue a favor del régimen, atropellando los derechos del pueblo con sentencias que magistrados competentes pero inescrupulosos sacaban y sacan del éter jurídico, cuyo único objeto era la dominación. Lo mismo sucedía con los procesos electorales desde el Referéndum Revocatorio de 2004, por lo menos: siempre salió victorioso el régimen aun cuando las encuestas, el clima en las calles y las exit polls indicaban su derrota. Por su parte, la Fiscalía General reiteradamente ha ignorado las graves denuncias soportadas con sobradas pruebas contra funcionarios revolucionarios, pero procesa despiadadamente, aun sin evidencia, a opositores por los delitos más insignificantes e incluso, inexistentes. De la Defensoría del Pueblo baste decir que se comporta como una oficina de Relaciones Públicas de Miraflores y el PSUV, y no como un órgano de un poder político independiente. Sobre la AN no es necesario comentar nada pues jamás ha ejercido su función legislativa y nunca ha pasado de ser una suerte de foro, o, mejor, peluquería, en la que se hablan pendejadas y chismes que incluyen, pero no se limitan, a rencillas entre actores, pitas y cacerolazos.



De manera que resultaba inexplicable que tantos venezolanos esperaran que la “juez” Susana Barreiros, suplente de la doctora María Lourdes Afiuni, absolviera a Leopoldo López en el juicio que le ha seguido por delitos creados para lesionarlo, neutralizarlo, para sacarlo de la arena política, ya que lo único que hizo este disidente fue protestar y convocar a la protesta. Es decir, ejercer un derecho constitucional. Sin pruebas, y peor aún, obviando pruebas claramente absolutorias hasta el punto de declararlas inadmisibles, la señora “juez” violó continua y reiteradamente el derecho a la defensa y a juicio justo del líder opositor.



Pero, ¿qué es para la dictadura chavista y sus juristas del horror, como la “juez” Barreiros, violar los Derechos Humanos de un solo individuo y sus hijos cuando hace unos días violaron los DDHH de 15.000 colombianos? ¿Cuando se han violado los DDHH a 260.000 asesinados a quienes el Estado no les ha garantizado la seguridad? ¿Cuando diariamente se violan los DDHH de enfermos y niños que mueren en hospitales sin medicinas por la escasez de recursos que debía proveer el Estado, es decir, a quienes tampoco se les garantiza el derecho a la salud? ¿O cuando viola el derecho a la alimentación de todo un pueblo obligado a hacer colas y a reñir para comprar mendrugos? ¿Y qué se puede decir de la violación de los DDHH de todos los presos políticos y de los “escuálidos” cuyas “cabezas hacen un ruido hueco cuando la atraviesa una bala” oficialista? El credo del chavismo “humanista” es la violación de Derechos Humanos.



Claro está que esta sentencia, así como la larga hilera de errores que ha cometido el chavismo a lo largo de su breve historia, se inscribe dentro de su conducta autodestructiva, suicida. Hugo Chávez cometía el mismo tipo de error (aunque hay que reconocer que con toda su barbarie era menos torpe que sus herederos) pero contaba con la superficie de teflón que le proveía la abultada petrochequera. La situación hoy es otra. La petrochequera quedó sin fondos y estamos viviendo de la caridad de los chinos y otros “amigos” interesados en el control de nuestros recursos.



Sin la protección del teflón, el régimen Cabello-Maduro pagará y está pagando muy cara cada equivocación que comete. Fue el caso de las firmas contra el decreto Obama. Del conflicto con Guyana y los gringos de la Exxon-Mobil (pasando por alto el hecho de que guyaneses, chinos, cubanos y gringos están asociados en la explotación del Esequibo en contra de los intereses de Venezuela). Del caso del descuartizador. De las deportaciones masivas de colombianos en la frontera. Y ahora, la sentencia condenatoria contra Leopoldo López, el prisionero político más famoso del planeta.



Susana Barreiros, cumpliendo órdenes de la dictadura, condenó a Leopoldo López. Pero en realidad condenó al chavismo, pues despejó cualquier duda que pudiera existir en el orbe acerca de su carácter dictatorial, totalitario y forajido. Le garantizó a sus líderes -y a sí misma- una segura visita a la Corte Penal Internacional en La Haya. Distinta hubiese sido la historia si el líder opositor hubiera sido absuelto: se habrían constituido en campeones de la democracia y habrían puesto difícil la argumentación a favor del carácter tiránico y criminal del régimen.



Pero siempre se puede confiar en la torpeza de la inteligencia militar, en particular, de la chavista. A los pocos días de haber creado un conflicto internacional y escándalo planetario con el desplazamiento de hermanos neogranadinos en la frontera y los insultos a Colombia y la colombianidad, viola todos los derechos de Leopoldo López como para subrayar su talante delictual impúdico.



El chavismo no niega este talante. Ya el día anterior Diosdado Cabello había manifestado que la CIDH no tenía jurisdicción sobre Venezuela, comentando sobre la sentencia en el caso de RCTV. Es claro que el liderazgo chavista –y esto ya era patente en Hugo Chávez- considera que tiene la potestad de sustraerse del sistema internacional de defensa de DDHH. Otros ya han pensado de la misma manera, como Saddam Hussein, Slobodan Milosevic y Moamar Kadafi, por ejemplo.



Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe

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