domingo, 2 de agosto de 2015

Vale todo




El chavista tiene una forma muy particular de concebir la democracia. Por ejemplo, se llena la boca afirmando que hay libertad de expresión, pero cuando el presidente del gremio licorero declara que hay posibilidad de crisis en su sector por efectos de la devaluación y los impuestos, va preso directo para el SEBIN y no se sabe más de él. O habla de la independencia de poderes y del Estado de Derecho, pero el Presidente de la República anuncia que no aceptará observación internacional en las elecciones parlamentarias, arrogándose atribuciones exclusivas del Poder Electoral que le están vedadas. O el cavernario Presidente de la AN –garrote en mano- amenaza por televisión desde el canal del Estado a todo aquel que piense distinto, y acusa penalmente –usando jueces que le son leales a su partido- a los dueños de medios que reseñen noticias en su contra. La democracia chavista es única.



Es única y en ella vale todo cuando se trata de ganar, o en este caso, no perder por avalancha unas elecciones. Desde el fraude masivo, tan evidente y de tales proporciones que no se pueden dar el lujo de permitir la apertura de las urnas, mucho menos una auditoría independiente como la pidieron hasta sus socios de UNASUR cuando Nicolás Maduro dizque le ganó a Capriles las presidenciales, ni la publicación de las Actas de Verificación Ciudadana, ni la revisión del REP y menos aún su depuración, ni la revisión de las huellas dactilares ni de los Cuadernos de Votación.

La democracia chavista es única y en ella todo lo concerniente a los procesos electorales es manejado arbitrariamente por el CNE forajido manejado desde Miraflores y es mantenido oculto a los ojos de todo el que no sea chavista o cubano, que es lo mismo.



Y todos los poderes “independientes” del Estado chavista hacen campaña electoral. El TSJ interviene partidos para instalar directivas compradas por el gobierno. La contraloría inhabilita por no declarar diez Cestatickets que el mismo Estado les dio a los candidatos a los que no les pueden “ganar” ni con el más grosero de los fraudes, ejerciendo funciones que le son exclusivas al Poder Judicial, violando la Constitución. El INE reduce la población de las jurisdicciones tradicionalmente opositoras en las que el chavismo no puede ganar ni con magia para disminuir el número de diputados de oposición, y la aumenta en los circuitos de población chavista para incrementar el número de parlamentarios oficialistas; para luego de efectuadas las elecciones, revertir los datos a la situación anterior. Y –claro está- no puede dejar la Fiscalía de colaborar en esta campaña electoral imputando a candidatos que no pueden perder ante el oficialismo. Todos los Poderes Públicos “autónomos” trabajan en el enorme esfuerzo mancomunado para intentar vanamente de ganar unas elecciones y salvar al PSUV. Esta es la belleza de la democracia chavista.



No podemos olvidar esa operación absolutamente velada que es el escrutinio de votos por parte del CNE con la ayudita de Smartmatic (compañía hoy investigada en EEUU por fraude electoral en ese país y vinculación accionaria con el Estado chavista), que ha producido todas esos sorpresivos resultados de última hora desde el Referéndum Revocatorio de 2004, ocasión en la que las exit polls daban un triunfo opositor holgado que sacaría de la Presidencia a Hugo Chávez a las 7:00 p.m., para que luego de un black out informativo de casi 9 horas, aparecieran los jerarcas del CNE volteando la tortilla a favor del traidor eterno. Tan evidente fue la maniobra que a partir de ese momento tuvieron que prohibir las exit polls en Venezuela para que no se le vieran las costuras al fraude, hasta el sol de hoy.



La democracia chavista ciertamente es única. Todas las democracias del planeta permiten observación internacional independiente. La chavista no. En su lugar inventó una figura que llama “acompañantes”. Estos acompañantes son nada menos y nada más que sus panas, o mejor dicho, sus sirvientes asalariados de organismos creados por el chavismo como UNASUR y ALBA. Sólo estos amigos de otros países en la nómina del PSUV pueden ver –y solamente muy de lejos- la olla podrida que es un proceso electoral venezolano.



Pero dentro de todo, la reticencia del chavismo a dejar ver por terceros sus trapacerías electorales y todas las demás maniobras impúdicas para impedir su derrota electoral, constituyen una confesión ante el mundo de su absoluta orfandad de pueblo y de que ejerce una férrea dictadura en la que la violación de todos los derechos ciudadanos, incluso humanos, es la regla. Es sin duda una conducta totalmente pueril muy imbécil que no hace más que engrosar el cúmulo de pruebas que un día serán vistas por jueces penales internacionales en La Haya.



No queda más que agradecer al chavismo que facilite de esta manera su futuro enjuiciamiento por parte de la Corte Penal Internacional y por la historia. Y en lo que a mí respecta, el aliciente que me brinda para no permitir que –junto con sus serviles de la MUD- me arrebaten mi derecho al voto pretendiendo desesperanzarme con la perspectiva del fraude y de ordenarme bailar salsa como protesta; mismo que ejerceré el 6 de diciembre pues será una forma de dar mi testimonio en La Haya con la mera existencia de mi boleta de votación en una urna que jamás será abierta.



La democracia chavista es única, porta el germen de su propia destrucción.



Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe

No hay comentarios:

Publicar un comentario