sábado, 22 de agosto de 2015

El legado de Chávez





En los primeros meses del gobierno de Hugo Chávez, en 1999, me quedaba pasmado cuando escuchaba a amigos en las altas y medianas esferas del chavismo hablando del “proceso”, de defenestrar a la burguesía y oligarquía, de Tierra Arrasada y del establecimiento del dominio de una nueva casta social. Las únicas palabras que faltaban en esas conversaciones eran: fusilar, ejecutar, exterminar, genocidio…

Cierto es que no hablaban del genocidio sistemático de las clases que serían sustituidas por la nueva casta, pero el Plan Tierra Arrasada ya preveía métodos de exterminio no convencionales que harían más remota la posibilidad de intervención extranjera y de que los líderes del “proceso” enfrentaran la Justicia Penal Internacional.

Los fusilamientos, campos de concentración, cámaras de gas a lo Stalin, Castro, Pol Pot y Hitler serían sustituidos por medios más sutiles pero no menos efectivos, inscritos dentro de la “lucha social” y la “planificación económica”. La delincuencia común y los grupos subversivos de izquierda serían dotados de equipos, motocicletas, dinero y armamento sofisticado de alta potencia para –como luchadores sociales- encargarlos de la eliminación de las clases pensantes, con secuestros, asesinatos, atracos y robos, que por una parte causaban la muerte directa de cientos de miles, y el éxodo de millones aterrorizados. A esto se agregarían la ruina económica y la destrucción del aparato productivo, que causarían la escasez y la inflación que conducirían a la aniquilación de esas clases pensantes por medio del hambre y a más emigración.

Una vez convertida Venezuela en un desierto en virtud del Plan Tierra Arrasada y las clases medias, obreras y profesionales eliminadas, sería reconstruida con los recursos petroleros que Chávez creía infinitos. No contaron con la caída del precio del petróleo.

Coetáneamente con el Plan Tierra Arrasada y también como política de Estado, Chávez instauró la corrupción administrativa y en general, la corrupción moral de la sociedad venezolana. El expolio de la nación era necesario para dar fortaleza financiera a la nueva casta dominante emergente, formada por militares, ex guerrilleros, delincuentes comunes, dinosaurios de la izquierda pro soviética y colaboracionistas mercenarios de la oposición. La corrupción total de la sociedad era indispensable para que esta permitiera el enriquecimiento de la jerarquía gobernante y del estamento militar a cambio de pollos, harina, una chamba en un ministerio o un contrato con el Estado. Y por último, la corrupción del sector militar garantizaba a Hugo Chávez la lealtad de los soldados que no se alzarían ante sus desmanes, satisfechos con el enriquecimiento proveniente de delitos que van desde el contrabando hasta el narcotráfico, pasando por el saqueo de las Arcas Públicas.


Lamentablemente el cáncer impidió a Hugo Chávez ver la culminación de su obra. Lo ideal hubiera sido que hubiese estado presente en el hundimiento de su proyecto, que enfrentara su histórico fracaso, asumiera su responsabilidad y esta no recayera en un imbécil que seleccionó para que lo sucediera. Así que tuvo que designar al también iletrado e incapaz Nicolás Maduro para que terminara su trabajo, o sea, la total destrucción del país. Chávez destruyó a Venezuela y nos regaló a Nicolás Maduro para que le diera el tiro de gracia.

Designó a Maduro sencillamente porque fueron las órdenes de los hermanos Castro, quienes necesitaban a su agente formado en La Habana dentro de Miraflores para garantizarse el sustento de Cuba mientras se negociara su entrada en el sistema capitalista, como aliada de EEUU y la EU. Es decir, para exprimir a la teta venezolana hasta el final, sacrificar a Venezuela en favor de la salvación de la dinastía Castro y su paupérrima isla.

No es necesario decir que Nicolás simplemente continuó las políticas de su mentor, claro está, con mucho más ineficacia y torpeza. Que profundizó la crisis moral y económica para sostenerse en el poder. Permitió tanto a civiles como militares que lo apoyan el saqueo definitivo de los últimos recursos disponibles, incluyendo las Reservas Internacionales, que se desangran para financiar el sistema de control cambiario y de precios, y el pago de deuda pública a acreedores con bonos del Estado de la boliburguesía. Mientras los niños y enfermos de cáncer y de riñón  mueren en los hospitales públicos por falta de medicinas y equipos, de dólares, esa nueva casta dominante compra dólares a Bs F 6,30 para revenderlos a 100 veces su costo, y cobra la deuda que compró en Bonos de Deuda Pública, con pingües ganancias.

Causa una mezcla de lástima, repulsión e indignación escuchar que Nicolás, Diosdado y el resto de “sus hijos” traicionaron el “legado de Chávez”, cuando son precisamente ellos, en especial, el primero, ese legado, junto con la ruina, la corrupción, la escasez, la hiperinflación, la violencia y la muerte.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

No hay comentarios:

Publicar un comentario