miércoles, 19 de agosto de 2015

Conspiración chimba





Como con todo suceso, trátese de un apagón o de la escasez de papel tualé, pasando por el saqueo de CADIVI, la dictadura chavista, dentro de la tradición fascista y nazi goebbelsiana,  crea una versión con la que sustituye la realidad y pretende culpar a terceros –CIA, congresistas gringos, judíos, MOSSAD, iguanas, rabipelados, la burguesía y la oposición-. Así, hoy los culpa por el asesinato y descuartizamiento de una señora que simplemente fue víctima de una estafa y de la venganza de hampones comunes de rasgos psicopáticos.



Según la versión previamente publicada en Twitter por el hermano de uno de los perpetradores y autor intelectual, Carlos Trejo, el asesinato y descuartizamiento se originó a causa de la venta fraudulenta de un vehículo por parte de este a Liana Hergueta, a quien le recibió el dinero y jamás le entregó el bien adquirido. La señora los denunció en las redes sociales y finalmente el estafador decidió asesinarla.



Esa versión contrasta con la del gobierno, adelantada por Nicolás Maduro. Según esta, el crimen es consecuencia de una estafa en una negociación cambiaria con la señora. Pero el oficialismo ha ido más allá. No sabemos con qué lazos vincula a la CIA, la MOSSAD, el Congreso de EEUU y la oposición venezolana con este espantoso delito común perpetrado en la persona de una desconocida, y pretende convertirlo en un crimen dirigido a derrocar al régimen chavista.



Con una creatividad solamente comparable a su imbecilidad, el gobierno asegura que el descuartizamiento de la pobre señora es de carácter político y ha sido cometido por los enemigos de la revolución y del pueblo. Pero la señora Hergueta no era ni dirigente política, ni militante del PSUV, ni activista, ni nada. Era una simple mujer dedicada a su vida privada cuyo asesinato no afectaba a nadie. Por lo menos, no afectaba más que los 26.000 homicidios anuales que se registran en Venezuela y que seguramente, en cualquier momento el chavismo anunciará que fueron también ordenados por la CIA, la MOSSAD y la oposición.



Ha trascendido que José Rafael Pérez Venta, junto a Samuel Angulo, fue buscado por Trejo para cometer el crimen. Este individuo tenía por actividad infiltrarse en partidos políticos con el objeto de obtener beneficios personales. Lo hizo prácticamente con todos. Lo intentó con el PSUV, PJ, VP. Se fotografiaba con los líderes de los mismos en actos de calle y publicaba las fotos en Twitter, en dónde, por cierto, era también muy activo en apoyo del chavismo y dirigía tuits continuamente a Hugo Chávez, Diosdado Cabello y Héctor Rodríguez. Sencillamente, Pérez Venta “le daba palo a todo mogote” para ver dónde la pegaba.



Su filiación con el chavismo quedó manifiesta cuando, según señalan distintos periodistas investigadores, en calidad de Patriota Cooperante delató falsamente a la química Araminta González como terrorista fabricante de explosivos, quien hoy se encuentra presa en el SEBIN desde entonces, sin juicio.

Sin embargo, el gobierno ha insistido en señalar como prueba de la conspiración internacional contrarrevolucionaria para matar a la señora Hergueta, que los perpetradores pertenecen a la oposición. De esta manera afirman que Carlos Trejo es dirigente de Primero Justicia. Aun siendo esto cierto, eso no le da carácter de conspiración al abominable hecho, pues un militante o dirigente de un partido puede ser delincuente común en la clandestinidad sin el conocimiento de ese partido.



La versión conspirativa del régimen se basa en gran medida, en la amplia colección de fotos de Pérez Venta con líderes opositores. Si la aceptamos como buena, necesariamente hay que concluir una de dos cosas: 1) la CIA, MOSSAD, congresistas gringos y oposición venezolana son tan, pero tan chimbos, que antes de que el psicópata ejecutara el plan desestabilizador macabro que le ordenaron, le hicieron fotografiarse con todo el liderazgo opositor para que no cupiera duda de que el descuartizamiento era obra de ellos; o 2) la CIA, MOSSAD, congresistas gringos y oposición venezolana son tan chavistas que se proponen desacreditar a la propia oposición. No cabe otra conclusión.



Como suele ser el caso con los estúpidos, los chavistas presumen la estupidez del otro. Está probado que el chavismo ha basado su existencia en esa presunción de que el pueblo es tan estúpido que siempre se tragará sus mentiras por imbéciles y descabelladas que parezcan. Pero ya nadie cree en los cuentos chavistas, sea el de la guerra económica, el de las iguanas saboteadoras eléctricas o el de la destrucción de la vida en Marte por el capitalismo. En todo caso, esta historia del descuartizador burgués de la CIA solamente profundizará la inmensa decepción de aquellos que alguna vez le creyeron a esa partida de choros saqueadores que se aprovecharon de sus necesidades, y el descrédito y rechazo por ese pretexto para expoliar a un país, conocido como chavismo.

Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe

No hay comentarios:

Publicar un comentario