domingo, 30 de agosto de 2015

¡Y prohibido quejarse!




Los vacacionistas intentaban olvidar bajo el sol de Morrocoy las miserias que vivimos a diario los venezolanos en las colas para comprar comida y medicinas, el terror de transitar por las calles sin saber si algún motorizado nos tiene reservada una bala a cambio del celular, el dolor por nuestros amigos y parientes asesinados por el hampa, las muertes de niños y demás enfermos por falta de dólares para abastecer de medicamentos al país, los apagones, las caraotas a Bs 1.100 el kilo y los huevos a Bs 1.000 el cartón, la ruina económica. De olvidar el miedo, la indignación, la rabia…



Pero la ministra de Turismo, hoy miembro de una de las familias más ricas del orbe en virtud de la buena administración del salario de servidor público del esposo en los últimos 16 años, y la gobernadora de Falcón, otra multibillonaria súbita por causa legítima de la revolución socialista, desembarcaron en la playa de Cayo Sal para recordarles los horrores que pretendían olvidar por breves horas con la brisa marina y el sonido de las olas, de los cuales, por cierto, ellas, sus esposos, copartidarios y colegas de la boligarquía y boliburguesía chavistas son responsables.



La reacción de los bañistas, primitiva, espontánea, animal, justificada y hasta predecible, fue saltar de las cómodas esterillas sobre las que se asoleaban y comenzar a abuchear y gritar consignas de protesta contra la élite bolivariana humanista que saqueó y arruinó al país, y que ha dejado sin leche, pañales y medicinas a los niños venezolanos. Contra los socialistas que hambrean al pueblo mientras dan propinas de 100.000 euros en Paris y tienen abarrotados con sus ahorritos de funcionarios públicos los bancos de Andorra, Suiza y otros paraísos fiscales.



Sencillamente, reclamaban el más grave crimen cometido contra país alguno en la historia de la humanidad. Y sobre todo, que en esos instantes de evasión de la aterradora realidad que viven cotidianamente, se presentaran las parásitas opresoras incapaces y corruptas a recordarles no solamente ese crimen, sino la condena que el mismo ha impuesto en sus hijos, pues tendrán que pagar durante generaciones la carga económica y emocional resultante de la destrucción de Venezuela por el chavismo.



Por el terrible delito de protestar; protesta que consta en cientos de videos en los que no se perciben más que abucheos, gritos y consignas aunados al movimiento de manos ultrajadas; 5 personas fueron apresadas, una de ellas, joven dama de 26 años, salvajemente golpeada hasta fracturarle un brazo.



En las múltiples filmaciones por cortesía de celulares inteligentes presentes en Cayo Sal, no se ven ni pedradas, ni botellazos, ni palazos, ni amenazas a la seguridad personal de las corruptas funcionarias, como dijera en su democrático programa de TV, Con el Mazo Dando, en el cual rinde culto a la tolerancia a punta de garrotazos y amenazas, Diosdado Cabello. Oportunidad que aprovechó para advertir a los presentes en la protesta que todavía no habían sido detenidos, que recibirían una visita en sus viviendas: “-TUN, TUN. -¿Quién es? –Es el SEBIN”. En un país “democrático” con independencia de poderes el Presidente del Poder Legislativo no tiene prurito de confesar que ordenó a un cuerpo de seguridad dependiente del Poder Ejecutivo la venganza de su esposa.



Así como el chavista es patriota (¿acaso no lo repite en cada oración aunque entregue el Esequibo o nuestras riquezas a China y Cuba?), así como es honesto (¿es que no lo proclama todos los días ataviado con Armani, Louis Vuiton, Rolex y Gucci desde su Hummer?), y es humanista (¿quién puede dudarlo cuando ríe del sonido hueco que hace una bala de fusil al atravesar la cabeza de (un niño) escuálido?), también es amoroso. Recuerden al líder supremo pronunciando la palabra amor con la misma frecuencia de “soy yo o la guerra civil”.



Por esta razón, por ese desbordante amor que siente por su pueblo (que gracias a él no tiene ni papel tualé), es que el chavista no puede admitir -su organismo es incapaz de metabolizar- que no se le ame. ¡Y es que el chavista es amor! (¿Quién se atreve a negar que creó un despacho ministerial para la felicidad del pueblo sólo movido por amor?) De manera que necesita garantizarse ese amor recíproco de su pueblo.



Pero como con sus desmanes, latrocinio, corrupción, saqueo, ostentación, ineptitud, violaciones de DDHH, en fin, con su fracaso y sus crímenes le resulta un tanto difícil ganarse ese amor que tanto merece de forma espontánea, tendrá que recurrir a lo que suele ser su solución con relación a todos los aspectos de la vida social del ciudadano, en general: la regula. Tendrá que crear normas que le garanticen ese amor. Hay precedentes, ya creó el Día del Amor a Chávez.



Ahora, con toda seguridad creará el Día del Amor al Capo Chavista e introducirá reformas legislativas al respecto. No es descartable que introduzca en la Constitución el derecho del jerarca chavista a ser amado, y en especial, la obligación de todo ciudadano de amar a sus gobernantes y dirigentes chavistas. Y también reformará el Código Penal, tipificando el delito de desamor al chavista, con severas penas. De esta manera conseguirá ese amor espontáneo, incondicional e ilimitado que tanto anhela y evitará que vuelvan a ocurrir tan injustos hechos como los de Cayo Sal, que, después de todo, no son sino hechos aislados producto del ánimo desestabilizador de algunos desadaptados pagados por la oposición, la CIA, la Mossad, Marco Rubio, Alvaro Uribe, el fascismo y la ultraderecha.



Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe

sábado, 22 de agosto de 2015

El legado de Chávez





En los primeros meses del gobierno de Hugo Chávez, en 1999, me quedaba pasmado cuando escuchaba a amigos en las altas y medianas esferas del chavismo hablando del “proceso”, de defenestrar a la burguesía y oligarquía, de Tierra Arrasada y del establecimiento del dominio de una nueva casta social. Las únicas palabras que faltaban en esas conversaciones eran: fusilar, ejecutar, exterminar, genocidio…

Cierto es que no hablaban del genocidio sistemático de las clases que serían sustituidas por la nueva casta, pero el Plan Tierra Arrasada ya preveía métodos de exterminio no convencionales que harían más remota la posibilidad de intervención extranjera y de que los líderes del “proceso” enfrentaran la Justicia Penal Internacional.

Los fusilamientos, campos de concentración, cámaras de gas a lo Stalin, Castro, Pol Pot y Hitler serían sustituidos por medios más sutiles pero no menos efectivos, inscritos dentro de la “lucha social” y la “planificación económica”. La delincuencia común y los grupos subversivos de izquierda serían dotados de equipos, motocicletas, dinero y armamento sofisticado de alta potencia para –como luchadores sociales- encargarlos de la eliminación de las clases pensantes, con secuestros, asesinatos, atracos y robos, que por una parte causaban la muerte directa de cientos de miles, y el éxodo de millones aterrorizados. A esto se agregarían la ruina económica y la destrucción del aparato productivo, que causarían la escasez y la inflación que conducirían a la aniquilación de esas clases pensantes por medio del hambre y a más emigración.

Una vez convertida Venezuela en un desierto en virtud del Plan Tierra Arrasada y las clases medias, obreras y profesionales eliminadas, sería reconstruida con los recursos petroleros que Chávez creía infinitos. No contaron con la caída del precio del petróleo.

Coetáneamente con el Plan Tierra Arrasada y también como política de Estado, Chávez instauró la corrupción administrativa y en general, la corrupción moral de la sociedad venezolana. El expolio de la nación era necesario para dar fortaleza financiera a la nueva casta dominante emergente, formada por militares, ex guerrilleros, delincuentes comunes, dinosaurios de la izquierda pro soviética y colaboracionistas mercenarios de la oposición. La corrupción total de la sociedad era indispensable para que esta permitiera el enriquecimiento de la jerarquía gobernante y del estamento militar a cambio de pollos, harina, una chamba en un ministerio o un contrato con el Estado. Y por último, la corrupción del sector militar garantizaba a Hugo Chávez la lealtad de los soldados que no se alzarían ante sus desmanes, satisfechos con el enriquecimiento proveniente de delitos que van desde el contrabando hasta el narcotráfico, pasando por el saqueo de las Arcas Públicas.


Lamentablemente el cáncer impidió a Hugo Chávez ver la culminación de su obra. Lo ideal hubiera sido que hubiese estado presente en el hundimiento de su proyecto, que enfrentara su histórico fracaso, asumiera su responsabilidad y esta no recayera en un imbécil que seleccionó para que lo sucediera. Así que tuvo que designar al también iletrado e incapaz Nicolás Maduro para que terminara su trabajo, o sea, la total destrucción del país. Chávez destruyó a Venezuela y nos regaló a Nicolás Maduro para que le diera el tiro de gracia.

Designó a Maduro sencillamente porque fueron las órdenes de los hermanos Castro, quienes necesitaban a su agente formado en La Habana dentro de Miraflores para garantizarse el sustento de Cuba mientras se negociara su entrada en el sistema capitalista, como aliada de EEUU y la EU. Es decir, para exprimir a la teta venezolana hasta el final, sacrificar a Venezuela en favor de la salvación de la dinastía Castro y su paupérrima isla.

No es necesario decir que Nicolás simplemente continuó las políticas de su mentor, claro está, con mucho más ineficacia y torpeza. Que profundizó la crisis moral y económica para sostenerse en el poder. Permitió tanto a civiles como militares que lo apoyan el saqueo definitivo de los últimos recursos disponibles, incluyendo las Reservas Internacionales, que se desangran para financiar el sistema de control cambiario y de precios, y el pago de deuda pública a acreedores con bonos del Estado de la boliburguesía. Mientras los niños y enfermos de cáncer y de riñón  mueren en los hospitales públicos por falta de medicinas y equipos, de dólares, esa nueva casta dominante compra dólares a Bs F 6,30 para revenderlos a 100 veces su costo, y cobra la deuda que compró en Bonos de Deuda Pública, con pingües ganancias.

Causa una mezcla de lástima, repulsión e indignación escuchar que Nicolás, Diosdado y el resto de “sus hijos” traicionaron el “legado de Chávez”, cuando son precisamente ellos, en especial, el primero, ese legado, junto con la ruina, la corrupción, la escasez, la hiperinflación, la violencia y la muerte.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

miércoles, 19 de agosto de 2015

Conspiración chimba





Como con todo suceso, trátese de un apagón o de la escasez de papel tualé, pasando por el saqueo de CADIVI, la dictadura chavista, dentro de la tradición fascista y nazi goebbelsiana,  crea una versión con la que sustituye la realidad y pretende culpar a terceros –CIA, congresistas gringos, judíos, MOSSAD, iguanas, rabipelados, la burguesía y la oposición-. Así, hoy los culpa por el asesinato y descuartizamiento de una señora que simplemente fue víctima de una estafa y de la venganza de hampones comunes de rasgos psicopáticos.



Según la versión previamente publicada en Twitter por el hermano de uno de los perpetradores y autor intelectual, Carlos Trejo, el asesinato y descuartizamiento se originó a causa de la venta fraudulenta de un vehículo por parte de este a Liana Hergueta, a quien le recibió el dinero y jamás le entregó el bien adquirido. La señora los denunció en las redes sociales y finalmente el estafador decidió asesinarla.



Esa versión contrasta con la del gobierno, adelantada por Nicolás Maduro. Según esta, el crimen es consecuencia de una estafa en una negociación cambiaria con la señora. Pero el oficialismo ha ido más allá. No sabemos con qué lazos vincula a la CIA, la MOSSAD, el Congreso de EEUU y la oposición venezolana con este espantoso delito común perpetrado en la persona de una desconocida, y pretende convertirlo en un crimen dirigido a derrocar al régimen chavista.



Con una creatividad solamente comparable a su imbecilidad, el gobierno asegura que el descuartizamiento de la pobre señora es de carácter político y ha sido cometido por los enemigos de la revolución y del pueblo. Pero la señora Hergueta no era ni dirigente política, ni militante del PSUV, ni activista, ni nada. Era una simple mujer dedicada a su vida privada cuyo asesinato no afectaba a nadie. Por lo menos, no afectaba más que los 26.000 homicidios anuales que se registran en Venezuela y que seguramente, en cualquier momento el chavismo anunciará que fueron también ordenados por la CIA, la MOSSAD y la oposición.



Ha trascendido que José Rafael Pérez Venta, junto a Samuel Angulo, fue buscado por Trejo para cometer el crimen. Este individuo tenía por actividad infiltrarse en partidos políticos con el objeto de obtener beneficios personales. Lo hizo prácticamente con todos. Lo intentó con el PSUV, PJ, VP. Se fotografiaba con los líderes de los mismos en actos de calle y publicaba las fotos en Twitter, en dónde, por cierto, era también muy activo en apoyo del chavismo y dirigía tuits continuamente a Hugo Chávez, Diosdado Cabello y Héctor Rodríguez. Sencillamente, Pérez Venta “le daba palo a todo mogote” para ver dónde la pegaba.



Su filiación con el chavismo quedó manifiesta cuando, según señalan distintos periodistas investigadores, en calidad de Patriota Cooperante delató falsamente a la química Araminta González como terrorista fabricante de explosivos, quien hoy se encuentra presa en el SEBIN desde entonces, sin juicio.

Sin embargo, el gobierno ha insistido en señalar como prueba de la conspiración internacional contrarrevolucionaria para matar a la señora Hergueta, que los perpetradores pertenecen a la oposición. De esta manera afirman que Carlos Trejo es dirigente de Primero Justicia. Aun siendo esto cierto, eso no le da carácter de conspiración al abominable hecho, pues un militante o dirigente de un partido puede ser delincuente común en la clandestinidad sin el conocimiento de ese partido.



La versión conspirativa del régimen se basa en gran medida, en la amplia colección de fotos de Pérez Venta con líderes opositores. Si la aceptamos como buena, necesariamente hay que concluir una de dos cosas: 1) la CIA, MOSSAD, congresistas gringos y oposición venezolana son tan, pero tan chimbos, que antes de que el psicópata ejecutara el plan desestabilizador macabro que le ordenaron, le hicieron fotografiarse con todo el liderazgo opositor para que no cupiera duda de que el descuartizamiento era obra de ellos; o 2) la CIA, MOSSAD, congresistas gringos y oposición venezolana son tan chavistas que se proponen desacreditar a la propia oposición. No cabe otra conclusión.



Como suele ser el caso con los estúpidos, los chavistas presumen la estupidez del otro. Está probado que el chavismo ha basado su existencia en esa presunción de que el pueblo es tan estúpido que siempre se tragará sus mentiras por imbéciles y descabelladas que parezcan. Pero ya nadie cree en los cuentos chavistas, sea el de la guerra económica, el de las iguanas saboteadoras eléctricas o el de la destrucción de la vida en Marte por el capitalismo. En todo caso, esta historia del descuartizador burgués de la CIA solamente profundizará la inmensa decepción de aquellos que alguna vez le creyeron a esa partida de choros saqueadores que se aprovecharon de sus necesidades, y el descrédito y rechazo por ese pretexto para expoliar a un país, conocido como chavismo.

Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe