jueves, 2 de julio de 2015

Misoginia chavista





El chavista siempre prefiere el camino delictual. Aun cuando es posible la vía legítima para resolver un problema, contratar o hacer un negocio, escoge la vía escabrosa del delito.

Quizás su personalidad transgresora sea producto de atavismo lombrosiano. La psicopatía y la sociopatía parecen venir en los genes. Y el chavismo es una asociación típica de psicópatas y sociópatas, de librito; basta ver su amoralidad, insensibilidad por el sufrimiento humano, ausencia de culpa y uso a conveniencia de la Ley –que no existe para él- contra sus adversarios.

Quizás sea producto de la crianza en hogares disfuncionales con pobre o ninguna figura de padre, y con madres esclavizadas por la pobreza. Quizás producto del resentimiento y el odio. Quizás por haber sido regalado a la abuela a los 3 años de edad. Quizás por todo lo anterior. Lo cierto es que el chavista delinque por hábito y parece sentir hasta placer en hacerlo.

Y es de amplio espectro. Igual comete una triquiñuela infantil que un desfalco de miles de millones de dólares con los seguros de PDVSA, con el Fondo Chino, con fraude electoral masivo, con la comida de PDVAL o con las medicinas para el pueblo que muere por desabastecimiento. Igual un atraco que el asesinato de tres niños con su chofer.

Recurre a toda clase de argucias para evitar las derrotas electorales. Desde las caprichosas migraciones de circuitos y modificaciones en base a datos demográficos falsos que luego revierte, hasta la imbecilidad de imponer una cuota de mujeres en las candidaturas para la AN, usando el eufemismo “paridad de género”.

El objetivo de la resolución de “paridad de género” emanada del CNE –del que 4 de sus 5 rectores son mujeres del régimen- es crear caos, desconcierto y enfrentamientos dentro de las filas opositoras que ya habían confeccionado las planchas en base a las elecciones primarias internas. Es decir, alevosamente, las chavistas del CNE, bajo órdenes del PSUV, esperaron a que la MUD terminara sus procesos de escogencia de candidatos para dictar la pueril medida. Recuerdan los juegos de metras en los recreos del colegio, en los que las reglas iban cambiando a capricho del niño que las fijara primero.

Justifica la fulana “paridad de género” en el argumento falaz de que es un mecanismo de protección y reivindicación de la mujer. Por cierto, de la misma mujer a la que le manda a dar coñazos en el recinto legislativo si contradice su pensamiento único.

Pero como siempre, siendo el bruto que es, se enreda en la propia maraña de sus transgresiones e inconsistencias, y de su ignorancia. Y logra el efecto opuesto.

Lejos de exaltar los valores femeninos, la norma de “paridad de género” es tremendamente denigrante para la mujer. La imposición de una cuota de mujeres para diputadas, necesariamente tiene que partir de la premisa falsa de que la mujer es inferior al hombre y no puede obtener logros por sí misma. Requiere del auxilio del Estado y de la Ley para poder acceder a cargos que le estarían negados debido a su carencia de méritos propios.

El régimen, a través de su CNE le está diciendo al mundo: “como la mujer venezolana es tan incapaz, tuve que imponer su candidatura que de otra manera jamás obtendría y así darle oportunidades”. La regla de “paridad de género” presume la minusvalía de la mujer. No cabe otra interpretación.

Además es hipócrita. Tanto como la obligación de llamar “afrodescendientes” a nuestros hermanos de la negritud que, de paso, son execrados del gobierno (con la muy notable excepción de Aristóbulo Istúriz, único negro de la jerarquía chavista). O como el uso de los nombres indígenas: Mucho Guaraira Repano y Tacarigua, mientras los indígenas mendigan en los semáforos o son apaleados por el Ejército en Amazonas, en apoyo a los garimpeiros que también los asesinan a capricho.

De más está decir que esta medida chavista es totalmente inútil y que, más allá de ser una molestia, no surtirá ningún efecto. El talento femenino, así como el masculino, sobra en las filas opositoras. La riqueza intelectual y la valentía de la mujer venezolana se concentran en la oposición, en un torrente interminable que se manifiesta a diario en las María Corinas, Delsas, Lilianas, Raymas, Fabianas, Kiaras, Estefanías, Vivianas, Berenices, Vanessas, Marianellas, Paulinas y tantas otras, millones, que nos enorgullecen como hijos que somos de mujeres. Que brillan a pesar de cualquier resolución de “paridad de género” y por encima de la peor de las adversidades. Y que son la viva imagen de Venezuela, mujer y madre, también, que simboliza la grandeza de sus hijas.

La libertad tiene nombre de mujer y vendrá de la mano de nuestras mujeres.

Leonardo Silva Beauregard
@leoSilvaBe

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