viernes, 17 de julio de 2015

El Presidente de los Pobres







Casi al unísono todo el planeta celebraba hasta hace pocos meses el milagro del mesías de la revolución bolivariana, Hugo Chávez Frías, el Presidente de los Pobres. Sólo con sus manos logró sacar de la pobreza a un 44% de la población venezolana que permanecía sumida en ella gracias a los desaciertos y crímenes de la llamada “Cuarta República”.



Líderes internacionales de todos los signos políticos, funcionarios de organismos internacionales como la propia ONU y su FAO, cantaban loas al sacrificado y desinteresado centauro de Sabaneta que por fin había sacado a su amado pueblo de la miseria a la que lo había condenado la democracia.





Ciertamente, las cifras presentadas por el gobierno chavista a esos organismos que tanto alababan su obra, mostraban la reducción del infame índice desde niveles de 45% a cerca de 14%. Un milagro solamente superado por la multiplicación de los panes por parte de Jesús. No en balde sus fieles lo situaban a la diestra del Señor: “¡después de Dios, Chávez!”




Pero el “modelo” del eterno tonto traidor y mentiroso no previó su principal cojera y perdición. Se fundamentaba en una premisa falsa: el precio del petróleo se mantendría eternamente por encima de los $100 por barril.




Y ese llamado “modelo” no era más que un mecanismo de soborno del pueblo mediante lo que en Economía se conoce como transferencias, vale decir, planes sociales, misiones, bonificaciones, subsidios y, en general, todo tipo de dádivas provenientes del Estado, para garantizar que los beneficiados por las mismas jamás se opusieran al saqueo del país por parte de la nomenklatura militar-civil que detentaba el poder. Algo no muy alejado del anterior modelo adeco-copeyano, que se diferenció en dos aspectos principales: la magnitud del expolio fue infinitesimal en comparación con el orgíaco latrocinio chavista; y los demócratas eran constructores con visión de estadistas, no meros hampones con la visión de inmediatez propia de cualquier cobrador de peaje de barrio o atracador en motocicleta.




Pero como toda la especie humana -salvo los chavistas- podía prever, sucedió lo que cíclicamente sucede en la historia: el precio del petróleo cayó abruptamente y la torre de barro construida sobre mentiras por la revolución bolivariana se derrumbó con la misma rapidez que se derrumbó el ingreso petrolero.



La baja de los precios del crudo puso en evidencia el fracaso del chavismo y el fraude que es socialismo del siglo XXI. La ruina económica y la destrucción del país. La ilusión de bienestar que creó y que su triunfo sobre la pobreza fue apenas un espejismo de taumaturgia malintencionada y criminal.




Pero la tragedia fue más allá del simple retorno de la pobreza a niveles aun superiores a los encontrados por los revolucionarios en 1999. Además de que los índices de pobreza abruptamente regresaron y excedieron los de aquel momento, la devaluación de la moneda ubicó el salario mínimo en 8,5% del monto que tenía en 1999, $15 para julio de 2015 comparado con $175 de aquel año.



Más grave todavía. La inflación que oficialmente se ubica en cerca de 200% pero que todo venezolano sabe que ronda 1.000% cuando pasa por la caja registradora del mercado con la comida del día, más que pobreza y miseria está generando esclavitud.



Ya en artículos anteriores explicaba que cuando el humano trabaja tan sólo para cubrir sus necesidades básicas de alimentación, vestido y vivienda es un esclavo. Y eso es lo que ha causado la inflación socialista, para no mencionar la escasez de productos básicos. Hoy, la casi totalidad de la población labora para apenas subsistir, por lo tanto se encuentra en situación de esclavitud.



Si a lo anterior agregamos el peso de la deuda externa, cuyo pago ya está empeorando la miseria del pueblo pues las escasas divisas necesarias para su abastecimiento se están destinando al pago de la misma, encontramos que el venezolano será esclavo por generaciones, incluso si se resolviere en corto plazo la plaga de la inflación.



No es sorpresa que el comunismo requiriera más gente pobre. Medra gracias a la pobreza. Solamente los pobres entregarán su “lealtad” y votos a cambio de un pollo, un kilo de harina o el derecho a vivir en un apartamento del Estado en lugar de hacerlo en un rancho de cartón. Lo dijo Jorge Giordani: “los necesitamos pobres”, y lo reiteró Héctor Rodríguez: “no es que los vamos a sacar de la pobreza para que se vuelvan escuálidos”. Sencillamente, sin pobres dependientes del Estado –hoy un Estado colapsado y fallando- el comunismo populista –como todo populismo- es imposible.




El chavismo, con la promesa de generar bienestar erradicando la corrupción, sumió a Venezuela en extrema pobreza, en miseria total. El número de venezolanos pobres, en términos relativos y absolutos, es mayor que los que encontró en 1999. Hugo Chávez y su legado (Nicolás es parte fundamental de tal legado) aumentaron el número de pobres. Con toda razón lo proclaman “el Presidente de los Pobres”.



Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe

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