sábado, 4 de julio de 2015

El juego se llama capitalismo





Primero fue China, rescatada del abismo a la que la había llevado el Gran Salto Adelante (sistema de comunas, comunismo) de Mao Zedong por Deng Xiao Ping, a partir de 1978. Siguió la Unión Soviética, colapsada por el fracaso del sistema comunista y su imposibilidad de competir con el capitalismo tecnológica y económicamente. Hoy es Cuba, que luego de hacer padecer miseria, hambre, muerte y enfermedades al pueblo durante 55 años bajo la bandera de la dignidad antiimperialista, acaba de pactar con el imperialismo capitalista, compelida por la inviabilidad del castrocomunismo que no conforme con haber destruido su propia economía, también ha arruinado la de su colonia venezolana, colocando en emergencia a la revolución cubana que hoy se arroja en los brazos de EEUU y la UE. Los gobiernos de Raúl Castro y Barack Obama anunciaron que el 20 de julio de 2015 abrirán sus embajadas en los dos países.

La historia demuestra más allá de toda duda que Karl Marx omitió en su teoría -jamás verificada por la realidad- que el último estadio del Materialismo Histórico es la vuelta al capitalismo, luego del fracaso del comunismo. China, Rusia y ahora Cuba, son la prueba viviente de que el autor de El Capital nunca estuvo ni remotamente cerca de acertar en sus predicciones. Todas, absolutamente todas las experiencias comunistas de la humanidad han terminado en capitalismo.

El chavismo pretendió haber “inventado la rueda” iniciando un nuevo experimento comunista que no tenía por qué ser distinto a los anteriores, máxime, tomando en cuenta la incapacidad y corrupción características de esta pseudoideología constituida por la monserga de pensamientos que albergaba la perturbada y limitada mente del hipernarcisista sociópata Hugo Chávez. Como era previsible desde su gestación, fracasó y hundió a Venezuela en la peor crisis económica, política y social de su historia. En dos palabras, la llamada revolución bolivariana –que seguramente se llama así por el desmedido gusto de los patriotas revolucionarios socialistas por los bolívares del Erario Público- destruyó al que debía ser en este momento el país más rico de Latinoamérica, y quizás del mundo, a la manera de Dubai; desperdiciando así lo que puede ser su última oportunidad de salir del subdesarrollo.

Las destructivas políticas económicas de Chávez y su equipo, bajo la tutela de los hermanos Castro, acabaron con todo el aparato productivo del país, desde la agricultura hasta la industria. Nada se salvó. Ni siquiera PDVSA.

Pero quizás lo más grave fue que durante el período de más altos precios petroleros que ha conocido la civilización, y de mayores ingresos para Venezuela desde el Descubrimiento de América, el chavismo dilapidó en regalos, gastos, financiamiento de la imagen de su líder mesiánico, consumo, ilusión de eliminación de la pobreza con dádivas y transferencias, y muy especialmente, en saqueo de la Cosa Pública, casi $3 billones ($3.000.000.000.000). Y más grave aún, contrajo para el país una deuda externa cuya magnitud real es desconocida, pero que en base a lo que se conoce, garantiza a varias generaciones de venezolanos miseria y esclavitud. Casi toda esa deuda ha sido contraída con China, con quién pactó una alianza (así llaman ahora a la entrega), por recomendación de Cuba.

La gravedad de la situación política, social y económica de Venezuela, creada por el chavismo, pone en peligro la soberanía nacional como jamás lo había estado antes. Ya desde 2001 se preveía que las políticas de confrontación con EEUU y el mundo capitalista, de alianza con los regímenes más forajidos del planeta y el terrorismo islamista, podrían revertirse y el discurso de supuesta liberación de las opresoras cadenas del imperialismo, finalmente condujera a sucumbir ante este último y aun, a perder territorio en el proceso, o por lo menos, al fraccionamiento del mismo. En aquella época e incluso, muchos años después, muchos veían descabelladas estas ideas. Hoy, esa tragedia se plantea como una posibilidad, más todavía si son ciertas los señalamientos de narcoterrorismo en gran escala contra la dirigencia política y militar.

El conflicto del Esequibo ha puesto de manifiesto este peligro. Este ha evidenciado que EEUU, China, Guyana (a quién Cuba siempre ha apoyado en contra de Venezuela como política de Estado) se asociaron para la explotación petrolera de la zona que le fue arrebatada a Venezuela hace 136 años por Inglaterra con la colaboración de EEUU. Esto no debería sorprender, ya que China y EEUU son los principales socios del capitalismo mundial, y la primera es aliada tradicional de Cuba. China se gana $350.000 millones de cerca de $900.000 millones en ventas de bienes y servicios a EEUU, y financia su economía con créditos por el orden de los $800.000 millones. Es decir, China vive de sus ventas de bienes y servicios al mercado estadounidense y financia su economía para generar la demanda requerida para las mismas. Sin EEUU China se hunde. Sin China, la economía norteamericana se paraliza.

Es paradójico que cuando los pioneros del comunismo huyen de él, sus tutelados chavistas están descubriendo el comunismo. Mientras Cuba se integra al capitalismo imperialista y China se consolida como gran potencia capitalista (para no nombrar a Rusia, que goza del capitalismo en su expresión más salvaje y corrupta), la dictadura Cabello-Maduro pretende profundizar este probadamente fracasado, hambreador y genocida sistema.

En el supuesto negado de que el chavismo se consolidara, el pueblo venezolano quedaría convertido en mendigo. Venezuela se transformaría en una gran carga para el capitalismo mundial, de tan formidables dimensiones que no podría financiarse con todo su petróleo y otros recursos naturales. Ni China ni EEUU ni mucho menos la UE están en capacidad de invertir infinitamente en ese saco roto conocido como chavismo (periódicamente se escucha el anuncio de un nuevo préstamo de $5.000 millones exclusivamente para financiar gasto). Con ningún activo dado en garantía sería posible ni apetecible. Sencillamente, la revolución bolivariana es insostenible para el sistema capitalista mundial, que es la única y verdadera economía mundial. El sistema económico de la civilización es uno solo, es un solo organismo vivo del cual todos los seres humanos formamos parte. Y ese sistema es capitalista. Se llama capitalismo. Esto es justamente lo que comprendieron los chinos, los rusos y ahora los cubanos.

El capitalismo no prospera ni sobrevive con pueblos mendicantes, sino en base a mercados. Necesita, se nutre de mercados sanos con demanda sostenida y saludable de bienes y servicios, y además, productivos, de manera que el intercambio económico siempre fluya propulsando crecimiento y bienestar. Por reducción al absurdo, un planeta de venezuelas convertidas en cargas por el comunismo, sería el fin del sistema económico mundial y de la humanidad.

En consecuencia, la única opción posible para el capitalismo mundial –en el desarrollo del cual hasta China ha apostado su resto- es una Venezuela curada de la enfermedad comunista chavista integrada al sistema económico internacional como mercado que consume y produce, aportando así al crecimiento económico de los dueños del mundo. Ese es el nombre del juego: Capitalismo.

No sabemos cuál será el desenlace final desde el punto de vista de la geopolítica internacional. No sabemos exactamente qué está negociando Cuba con las grandes potencias, en especial, China y EEUU. Es una incógnita si se está considerando el plan de desmembramiento del territorio como descrito recientemente Heinz Dietrich. No sabemos si el Zulia y Guayana serán separados y el territorio nacional repartido entre las potencias con intereses en el país, gracias a la catástrofe provocada por los patriotas humanistas bolivarianos que ofrecían salvar la patria y la humanidad. Lo que sí sabemos con absoluta certeza es que vienen tiempos de cambio y recuperación económica. Es inevitable que lo que quede de Venezuela –conjunta o separadamente- sea objeto de un Plan Marshall para su reconstrucción, al modo en que se hizo con la Europa de la postguerra que, por cierto, estaba en mucho peor condición que la expoliada y mortalmente herida Venezuela.

La única posibilidad es la recuperación.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

No hay comentarios:

Publicar un comentario