lunes, 27 de julio de 2015

Con hambre y sin empleo con Nicolás me resteo





El lema creado para el líder psicopático de la secta destructiva chavista ha sido heredado por su sucesor en la dinastía dictatorial corrupta que desangró al país, arruinó a su pueblo y lo puso a merced de las potencias capitalistas, incluidas China, Rusia, EEUU y Cuba. Es la manifestación de que a todo evento, aun en el de un ejercicio criminalmente incompetente del poder que lleve a su seguidor a la miseria, este permanecerá leal a ese liderazgo, en contra de sus propios intereses y el de su descendencia; en contra de la perpetuación de sus genes, vale decir, contra Natura.



Es cierto que la democracia requiere la división e independencia de poderes; el Estado de Derecho (que desde hace muchos años no existe). Pero la esencia de la democracia es la diversidad de pensamiento y el ejercicio de la voluntad, el libre albedrío. Las distintas maneras de pensar le garantizan vitalidad a la democracia, renovación, y convergen en un contrato que permite el avance de la sociedad. En consecuencia, la voluntad del elector debe estar libre de vicios –como la violencia, por ejemplo- como condición indispensable para que exista la democracia.



Psiquiatras de gran renombre, tanto venezolanos como extranjeros, han definido al chavismo como una secta destructiva con liderazgo psicopático, y a Hugo Chávez como un líder psicópata. Este tipo de secta se caracteriza por estar compuesta por miembros cuyas voluntades han sido alienadas por la manipulación del líder. De tal gravedad y alcance llegan a ser la manipulación y la sumisión de la volición de los seguidores a los designios de ese liderazgo trastornados, que la humanidad ha sido testigo de asesinatos seriales, masivos o en spree cometidos bajo sus órdenes y aún de suicidios colectivos, como en los casos de la Familia Manson y La Iglesia del reverendo Jim Jones, para citar a dos.



Por lo tanto, el lema “con hambre y sin empleo con Nicolás o Chávez me resteo” y sus variantes como el “creado” desde Alemania por el revolucionario multibillonario Andrés Izarra quien desde la enorme distancia se “solidariza” con su amado pueblo: “aunque haya colas con Nicolás, votar por la derecha jamás” (sería interesante que nos explicara quién es la derecha hoy y en dónde hace él sus colas para comprar comida por allá), son la expresión de la voluntad viciada por un fanatismo irracional producto de la manipulación psicológica del líder –con mucha ayuda de expertos en Psicología de Masas cubanos y de otras latitudes-, y no pocas veces, por sobornos.



Lo anterior significa inequívocamente que lemas como estos son absolutamente contrarios a la esencia de la democracia, su negación. No es el solo elemento de la voluntad viciada. Hay que considerar que sin pensamiento sano, no atado por fanatismos morbosos ni compromisos de lealtad irracionales basados en la alienación de la voluntad, el pensamiento libremente crítico capaz de reconocer derechos y exigirlos de los gobernantes, es vital y fundamental para la democracia. Sin este, ella no puede existir.

Ciudadanos que renuncian a sus derechos, incluso humanos, en favor de un liderazgo incompetente, corrupto y criminal que atenta contra ellos y la sociedad, conducirán al colapso de la democracia. El ejemplo de Venezuela es suficientemente claro y elocuente en este sentido: Un porcentaje del electorado en esta situación, sacrificando sus derechos, necesidades, futuro y hasta la supervivencia de sus hijos, condujo a nuestro país a la casi total ruina y destrucción en que hoy se encuentra.



Y aun en el abismo, encontramos hermanos chavistas que mueven a la lástima y la compasión cuando declaran en las redes sociales que se sienten humillados y como zombies en las colas para comprar comida, pero que morirán chavistas. Es una forma de suicidio colectivo, de magnitud mayor a los observados en otras sectas fanáticas destructivas, como en Jonestown, Guyana en 1978, cuando se suicidaron cerca de 1.000 fanáticos por orden del líder psicópata Jim Jones. Los niños, bebés y miembros que se resistieron al suicidio, fueron asesinados por otros miembros.



Toda secta fanática destructiva es por definición, autodestructiva. Los casos históricos, más allá de la teoría, así lo prueban. El chavismo no es diferente. Además de esa conducta irracional absolutamente autodestructiva (“me humillan y me matan de hambre junto a mis hijos, nos esclavizan, pero sigo votando por el chavismo porque soy chavista hasta la muerte”), ya estamos viendo signos de esa vocación cuando bandas delictuales y colectivos, ambos  armados por el propio gobierno chavista con el objeto de convertirlos en “luchadores de clases” (entiéndase asesinos cuya misión es exterminar a las clases pensantes) se están enfrentando con organismos armados regulares del Estado, como GNB, CICPC, SEBIN, PNB y otros. Se están matando entre ellos. Esto es innegable y no admite otra interpretación.



De forma que no hay duda de que el chavismo se encuentra en etapa de fragmentación y autodestrucción, de agonía y colapso, así como lo están la sociedad y la economía, pues en ese vórtice autodestructivo pretende llevarse consigo al resto del país.



El peligro es real de que esto suceda y de que estemos a las puertas de un conflicto en gran escala con dimensiones de crisis humanitaria.



Es claro que el porcentaje de fanáticos que aún permanecen en la filas chavistas es ínfimo. Las encuestas con datos levantados hace 3 meses y sesgadas por el temor a responder la verdad frente a una dictadura, arrojan 90% de rechazo al régimen. Necesariamente, ese segmento refractario –chavista hasta la muerte- ha de ser muy inferior a ese 10% que todavía apoya la orgía revolucionaria.



Nunca desaparecerán esos fanáticos enfermos. El nazismo todavía tiene simpatizantes 70 años después. Pero –como el neonazismo- su ponderación política es nula. Sin embargo, representan un peligro en el sentido de que pudieran ser suficientes como para que la dictadura los ultilizara como imagen y prueba de ese pueblo cuyo apoyo dice tener, y como agentes de exterminio de quienes nos oponemos a la ignominia.



Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe

viernes, 17 de julio de 2015

El Presidente de los Pobres







Casi al unísono todo el planeta celebraba hasta hace pocos meses el milagro del mesías de la revolución bolivariana, Hugo Chávez Frías, el Presidente de los Pobres. Sólo con sus manos logró sacar de la pobreza a un 44% de la población venezolana que permanecía sumida en ella gracias a los desaciertos y crímenes de la llamada “Cuarta República”.



Líderes internacionales de todos los signos políticos, funcionarios de organismos internacionales como la propia ONU y su FAO, cantaban loas al sacrificado y desinteresado centauro de Sabaneta que por fin había sacado a su amado pueblo de la miseria a la que lo había condenado la democracia.





Ciertamente, las cifras presentadas por el gobierno chavista a esos organismos que tanto alababan su obra, mostraban la reducción del infame índice desde niveles de 45% a cerca de 14%. Un milagro solamente superado por la multiplicación de los panes por parte de Jesús. No en balde sus fieles lo situaban a la diestra del Señor: “¡después de Dios, Chávez!”




Pero el “modelo” del eterno tonto traidor y mentiroso no previó su principal cojera y perdición. Se fundamentaba en una premisa falsa: el precio del petróleo se mantendría eternamente por encima de los $100 por barril.




Y ese llamado “modelo” no era más que un mecanismo de soborno del pueblo mediante lo que en Economía se conoce como transferencias, vale decir, planes sociales, misiones, bonificaciones, subsidios y, en general, todo tipo de dádivas provenientes del Estado, para garantizar que los beneficiados por las mismas jamás se opusieran al saqueo del país por parte de la nomenklatura militar-civil que detentaba el poder. Algo no muy alejado del anterior modelo adeco-copeyano, que se diferenció en dos aspectos principales: la magnitud del expolio fue infinitesimal en comparación con el orgíaco latrocinio chavista; y los demócratas eran constructores con visión de estadistas, no meros hampones con la visión de inmediatez propia de cualquier cobrador de peaje de barrio o atracador en motocicleta.




Pero como toda la especie humana -salvo los chavistas- podía prever, sucedió lo que cíclicamente sucede en la historia: el precio del petróleo cayó abruptamente y la torre de barro construida sobre mentiras por la revolución bolivariana se derrumbó con la misma rapidez que se derrumbó el ingreso petrolero.



La baja de los precios del crudo puso en evidencia el fracaso del chavismo y el fraude que es socialismo del siglo XXI. La ruina económica y la destrucción del país. La ilusión de bienestar que creó y que su triunfo sobre la pobreza fue apenas un espejismo de taumaturgia malintencionada y criminal.




Pero la tragedia fue más allá del simple retorno de la pobreza a niveles aun superiores a los encontrados por los revolucionarios en 1999. Además de que los índices de pobreza abruptamente regresaron y excedieron los de aquel momento, la devaluación de la moneda ubicó el salario mínimo en 8,5% del monto que tenía en 1999, $15 para julio de 2015 comparado con $175 de aquel año.



Más grave todavía. La inflación que oficialmente se ubica en cerca de 200% pero que todo venezolano sabe que ronda 1.000% cuando pasa por la caja registradora del mercado con la comida del día, más que pobreza y miseria está generando esclavitud.



Ya en artículos anteriores explicaba que cuando el humano trabaja tan sólo para cubrir sus necesidades básicas de alimentación, vestido y vivienda es un esclavo. Y eso es lo que ha causado la inflación socialista, para no mencionar la escasez de productos básicos. Hoy, la casi totalidad de la población labora para apenas subsistir, por lo tanto se encuentra en situación de esclavitud.



Si a lo anterior agregamos el peso de la deuda externa, cuyo pago ya está empeorando la miseria del pueblo pues las escasas divisas necesarias para su abastecimiento se están destinando al pago de la misma, encontramos que el venezolano será esclavo por generaciones, incluso si se resolviere en corto plazo la plaga de la inflación.



No es sorpresa que el comunismo requiriera más gente pobre. Medra gracias a la pobreza. Solamente los pobres entregarán su “lealtad” y votos a cambio de un pollo, un kilo de harina o el derecho a vivir en un apartamento del Estado en lugar de hacerlo en un rancho de cartón. Lo dijo Jorge Giordani: “los necesitamos pobres”, y lo reiteró Héctor Rodríguez: “no es que los vamos a sacar de la pobreza para que se vuelvan escuálidos”. Sencillamente, sin pobres dependientes del Estado –hoy un Estado colapsado y fallando- el comunismo populista –como todo populismo- es imposible.




El chavismo, con la promesa de generar bienestar erradicando la corrupción, sumió a Venezuela en extrema pobreza, en miseria total. El número de venezolanos pobres, en términos relativos y absolutos, es mayor que los que encontró en 1999. Hugo Chávez y su legado (Nicolás es parte fundamental de tal legado) aumentaron el número de pobres. Con toda razón lo proclaman “el Presidente de los Pobres”.



Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe

viernes, 10 de julio de 2015

La Cruz y el Martillo y la Hoz





Siempre se puede confiar en la torpeza, ignorancia y brutalidad del chavista. Hugo Chávez y ahora, Nicolás Maduro son excelentes ejemplos de este aserto. Y no quepa duda, Evo Morales es chavista, de los más rancios. Como tal se comportó al ofrecerle al Papa Francisco en su visita a Bolivia un Cristo crucificado en el Martillo y la Hoz que simbolizan el comunismo, presentes en la bandera de la extinta Unión Soviética.

Es obvio y no requiere mayor examen que el nefasto presente constituye una grave ofensa al Papa, a la Iglesia Católica y a todo el cristianismo. Tampoco es necesario comentar que insultar al Vaticano no es particularmente inteligente, como lo pueden testimoniar los líderes comunistas de la desaparecida URSS, que sufrieron la derrota propinada por Juan Pablo II aliado con Ronald Reagan y Lech Walesa, misma que llevó al derrumbamiento de ese imperio. Sencillamente, pelearse con el Papa, uno de los grandes poderes de la civilización, no es de gente inteligente.

Por supuesto, los anteriores comentarios son hechos desde una óptica que le concede vestigios de inteligencia al señor Morales, ya que existe la posibilidad de que este en realidad pensara que le estaba haciendo un gran halago a Francisco con tan extravagante regalo. Recordemos que su ídolo, Hugo Chávez, afirmaba que Jesús era socialista, marxista, pues. Algo así como el primer Lenin de la historia. Y ese parece ser el mensaje manifiesto del regalo del Presidente de Bolivia.

Pero hay algo mucho peor en el desafuero del bárbaro Evo contra el Sumo Pontífice, que va más allá del insulto a no menos de 1.200 millones de cristianos. Y es el verdadero y grave mensaje a la humanidad contenido en el esperpento dado como presente.

La cruz es símbolo de muerte y tortura. Fue instrumento de muerte y tortura, no solamente para el Redentor, sino para quién sabe si cientos de miles de condenados por los romanos como criminales contra su imperio. Jesucristo fue asesinado en la Cruz tras una prolongada agonía. Nuestro hermano, el hijo de Dios, murió en ella para redimir los pecados de los hombres.

De manera que equiparar el Martillo y la Hoz, al comunismo, con la Cruz en la que murió Jesús, equivale a manifestar que el comunismo es un instrumento de asesinato, muerte y tortura, como en efecto ha quedado demostrado a lo largo de su corta historia, en la que se ha acreditado a no menos de 100 millones de inocentes muertos.

En consecuencia, los pueblos del mundo deben mostrarle su agradecimiento a Evo Morales, pues su regalo al Papa Francisco es nada menos que la confesión del carácter inhumano, depravado, perverso y genocida del comunismo. En pocas palabras, Evo le dijo al Papa y al mundo “he aquí el Martillo y la Hoz que mataron al Hijo del Hombre, el Martillo y la Hoz que solamente significan muerte y tortura para el ser humano, el Martillo y la Hoz en los que tantos han muerto y seguirán muriendo si no somos detenidos”.

La sonrisa en el rostro de Evo cuando le entregaba la espantosa imagen a Jorge Mario Bergoglio no era la de un hombre confesando tan aviesa naturaleza. Parecía, más bien, la de un tonto que incurre cándidamente en un acto fallido bajo la creencia consciente de que está complaciendo a su homenajeado, sin percatarse de que tal acto muestra su criminal y putrefacta esencia.

Gracias, Evo, no pudimos expresarlo mejor. Tu regalo hace superflua cualquier argumentación en contra del comunismo. Lo dijiste todo.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBE