lunes, 8 de junio de 2015

Tiempos de masacre y muerte





No me canso de citar a Hugo Chávez: “La guerra civil es fratricida pero necesaria”. No solamente lo cito –lo recuerdo casi a diario- por su depravación, sino porque pone de manifiesto la esencia destructiva y autodestructiva de su personalidad psicopática narcisista; esencia instilada a la secta fanática destructiva que formó. El chavismo, repetiré una y otra vez, además de destructivo, es autodestructivo.

Son frecuentes los ejemplos históricos en el que el bando o país que inicia una guerra encuentra su propia destrucción, después de haber destruido todo a su paso. Es el caso de la Francia de Napoleón, el del Japón de Hiroito y Tojo, y la Alemania de Hitler en la Segunda Guerra Mundial, y el del Irak de Saddam Hussein después de la invasión de Kuwait (la invasión estadounidense del 2003 fue en realidad, la continuación de la Guerra del Golfo de 1992). La propia Guerra de Independencia Venezolana, como la Guerra Federal y demás revoluciones del siglo XXI, redujeron a este país a escombros.

Toda guerra es filicida, decía el psicoanalista argentino Arnaldo Raskovsky, pues los primeros en morir en ella son los hijos de la sociedad. Los más jóvenes son los primeros en ir al campo de batalla y los niños que quedan detrás de las líneas generalmente mueren de hambre y enfermedades. De manera que la guerra civil significaría la muerte de los hijos de Venezuela, vale decir, su futuro. En consecuencia, es destructiva y autodestructiva.

En días pasados, en la llamada “Ciudad Socialista de Belén”, Nicolás Maduro lanzó una amenaza que pareció más bien un grito de miedo. En una variación del tema de su difunto jefe “soy yo o la guerra”, declaró que si la revolución “fracasara”, nos preparáramos para “tiempos de masacre y muerte”. Aunque siempre es grave recibir esta clase de amenazas a las que nos tiene acostumbrados el chavismo a lo largo de estos 16 años, no es ella su mensaje más notable.

El mensaje más importante que subyace en las degeneradas palabras del cucuteño que habita Miraflores, es la aceptación del fracaso de la fulana revolución bolivariana y de su espuria presidencia. En el pasado, las amenazas las hacían Hugo y luego, Diosdado, para amedrentar a posibles focos de resistencia o refiriéndose a la posibilidad de perder procesos electorales, casos que no necesariamente significarían el fracaso de esa revolución.

El uso de la palabra “fracasara” necesariamente implica que esa es la perspectiva que ya tiene planteada la cúpula chavista. No cabe otra interpretación. No estamos hablando simplemente de una posible, segura, derrota electoral en las hipotéticas parlamentarias que el régimen no se atreve a convocar. Es mucho más que eso. Se trata del derrumbamiento del aparato de dominación chavista por el propio peso de su corrupción, fallas y crímenes. El chavismo contempla como casi un hecho su fracaso y las consecuencias del mismo: rendición de cuentas ante la justicia, pérdida de libertad de los jerarcas, testaferros y boligarcas, y de sus fortunas mal habidas. Ante tal escenario, la única alternativa que concibe Nicolás es “masacre y muerte”.

La condición de ese fracaso que vislumbra el ilegítimo es que es causado por el imperialismo: “si el imperialismo triunfa”. Pero es que el imperialismo triunfó en 1998. A partir del triunfo electoral del galáctico en esa fecha, Venezuela fue entregada en calidad de colonia al imperialismo de Cuba y China. Y de algo no cabe duda, el expolio conducido por sus lacayos chavistas, comenzando por Hugo y culminando con Nicolás, en beneficio propio y de esos países, es la principal razón del fracaso que ahora anuncia el paisano de Andrés Pastrana.

Pero Nicolás se equivocó. No existe amenaza que detenga la caída del chavismo, su fracaso. El tiempo verbal utilizado no es el correcto, no es si “fracasara”, pues todos los síntomas visibles indican que ya fracasó y que no hay recuperación posible. A la arrechera popular por las miserias a que somos sometidos los venezolanos por los magnates de Andorra para comer, tener salud y asearnos, se suma la deserción de una avalancha de ex chavistas de relevancia que en los últimos dos años están colaborando con los servicios de inteligencia de EEUU y otros países. Ya es de conocimiento mundial que EEUU y sus aliados conducen investigaciones contra los delincuentes que han detentado el poder en Venezuela en los últimos 16 años. También es patente el cerco al que están sometidos los señalados por narcotráfico, patrocinio del terrorismo y blanqueado de capitales. El chavismo ya es visto por la civilización como lo que es: un gobierno de criminales psicópatas de alta peligrosidad que la humanidad no se puede permitir.

Por todas esas razones y más, la dictadura chavista fracasó y tiene los días contados.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

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