domingo, 14 de junio de 2015

Pecado mortal




"El mal de nuestro tiempo consiste en la pérdida de la conciencia del mal" 
Krishnamurti
“Estamos frente al mal y no sólo ignoramos lo que se haya ante
nosotros sino que tampoco tenemos la menor idea de cómo debemos reaccionar (…) Efectivamente, no tenemos imaginación para el mal porque es el mal el que nos tiene a nosotros.
Unos quieren permanecer ignorantes mientras otros están identificados con el mal. Esta es la situación psicológica del mundo actual”
Carl Gustav Jung
"Nuestra vida es un tejido entrelazado con el Bien y el Mal..."
William Shakespeare

¡¿Por qué tanta maldad?! ¡¿Cómo es posible tanto ensañamiento?! ¡¿Cómo pueden permitir que niños y adultos enfermos con cáncer, entre otras muchas enfermedades, mueran en nuestros miserables hospitales por falta de medicamentos al tiempo que mantienen “escondidos” $400.000 millones robados a esos mismos enfermos en los paraísos fiscales del capitalismo?! ¡¿Cómo pueden comer y engordar mientras los niños venezolanos carecen de leche y todo el pueblo hace interminables colas para comprar un pollo y un kilo de harina racionados?! ¡¿Cómo pueden aferrarse terca y desesperadamente al poder sabiendo que causaron tanta miseria, muerte y destrucción con su fracaso y su saqueo, y que causarán infinitamente más daño si no renuncian?! ¡¿Cómo pueden regalar propinas de 120.000 euros en hoteles de Paris y traer fluxes hechos a la medida en Milán en aviones privados mientras sus compatriotas tienen que sobrevivir con $0,50 de salario diario?! ¡¿Cómo pueden hacer orgías en las que el anfitrión se baña en una tina de leche fresca con un chupón en la boca cuando niños se acuestan sin comer?!1 ¡¿Cómo pueden, Dios mío...?!



Hibris es la palabra que usaban los antiguos griegos para referirse a esas conductas que los dioses no pueden dejar de castigar. La clase de conducta que nace del total desprecio hacia los semejantes y que ningún dios dejará pasar sin castigo. Y en la visión griega el castigo siempre llega al hombre  como consecuencia de su hibris, su némesis siempre lo alcanza.



Los crímenes de la oligarquía chavista trascienden la categoría de delito, tienen jerarquía de pecado, de pecado mortal. La hibris del chavismo, hoy patente para la mujer que llora de impotencia con su hijo que muere de leucemia por falta de medicamentos en sus brazos mientras ve pasar a un boliburgués en su Hummer o BMW, no la perdonan ni Dios, ni Yahvé, ni Alá, ni Buda.



El chavismo ha sido definido por psiquiatras como Franzel Delgado Senior como una secta fanática destructiva con un liderazgo psicopático. Algunas características principales del psicópata son su desvinculación de los sentimientos humanos y la imposibilidad de hacer empatía con sus congéneres; la insensibilidad al sufrimiento ajeno e incluso, el placer de verlo y causarlo; la ausencia de culpa; y la tendencia a asociarse con otros psicópatas para logar sus fines egoístas. Los asesinos seriales, por ejemplo, suelen ser psicópatas (aunque no todo psicópata es delincuente).

El psiquiatra argentino Hugo Marietan, experto en el fenómeno de la psicopatía, sostiene que “donde hay poder, hay psicópatas”. Que aunque no todo político es psicópata, la política es un ambiente propicio para este desviado. Menciona como características del político psicópata su egoísmo, el hecho de que trabaja sólo para sí mismo y manipula  en base a mentiras con fines proselitistas, usando objetivos supranacionales como la patria, la pobreza y la revolución. Una vez en el poder, se aferra a él, “no lo saca nadie”.



El psiquiatra polaco Andrew M. Lobaczewsky escribió su famoso libro “Ponerología Política: Una ciencia de la naturaleza del mal ajustada a propósitos políticos”, en el cual crea, además, el término “patocracia” para definir un sistema de gobierno conducido por psicópatas asociados para el logro de sus objetivos por medio del dominio de una sociedad. Entonces, ponerología es el estudio del mal en el poder, y el gobierno del mal es la patocracia. Lobaczewsky arribó a esta teoría a partir de reflexiones que comenzaron en la universidad como estudiante, cuando encaró el adoctrinamiento comunista y que continuaron como perseguido político de los soviéticos que ocupaban su país.



De manera que en base a los elementos que provee la psiquiatría, es posible afirmar que la dictadura chavista reúne las características de gobierno del mal manejado por psicópatas y por lo tanto, de patocracia. Lo cual explica la maldad ilimitada manifestada, aun, embrionariamente, cuando en 1998 el líder prometía freír cabezas en la campaña electoral que lo llevaría al poder.



Hoy, a la tiranía chavista se le cayó la careta ante el mundo. Más de cien medios noticiosos la señalan como narcoestado y patrocinadora del terrorismo. Por si fuera poco, la caída de los precios del petróleo hizo patente para toda la humanidad la profunda crisis económica que se venía gestando y desarrollando desde los comienzos de la revolución bolivariana a causa de la ineptitud, las políticas económicas dirigidas a destruir a las clases media y trabajadora –clases pensantes- dentro del plan Tierra Arrasada y la desmedida corrupción de los revolucionarios.



A pesar del premio a la seguridad alimentaria de la FAO, producto evidente de intereses crematísticos que pone en entredicho a ese organismo, se dispararon las alarmas de la ONU y otras entidades internacionales que no se satisfacen con el cuento de la “guerra económica de la derecha internacional”, cuando las cifras de pobreza súbitamente, al acabarse el torrente de ingresos y acumularse los compromisos financieros, volvieron e incluso superaron, los niveles encontrados por el chavismo en 1999, poniendo en evidencia también el crimen chavista de haber simulado sacar de la pobreza a una población que en realidad solamente recibía transferencias del Estado, creando una ilusión de bienestar cuando en realidad se creaba la esclavitud típica del más bárbaro de los populismos. En síntesis, ya la civilización sabe sin lugar a dudas que el socialismo del siglo XXI es un fraude y su revolución bolivariana antiimperialista un pretexto para saquear a un país dejando a su pueblo en la miseria, con el agravante de estar dirigida por psicópatas señalados por los medios mundiales como delincuentes contra la humanidad investigados por todos los servicios de inteligencia del capitalismo, al menos.



Aunque la pesadilla terminará en el mediano plazo, a más tardar, en el cortísimo plazo se cierne sobre Venezuela y el mundo una amenaza todavía más aterradora por parte de la patocracia chavista: la guerra, no solamente la civil. El actual conflicto con Guyana, generado por el hecho de que, luego de 16 años del entreguismo traidor ordenado por Cuba a sus agentes destacados en Venezuela (Hugo Chávez, primero, y ahora Nicolás Maduro, y siempre los del ala castrocomunista radical del PSUV), súbitamente, los patócratas “descubrieron” que la antigua colonia inglesa se estaba apropiando del Esequibo. Casualmente, justo ahora, cuando el chavismo está al borde de su tumba, desesperado por la perspectiva de perder las elecciones parlamentarias por avalancha inexorablemente, se percata de que los actos de posesión territorial en violación de los Tratado de Ginebra, ejecutados durante años por el gobierno guyanés mediante la entrega de concesiones mineras a EEUU, China y Brasil bajo las miradas distraídas del galáctico, del cucuteño y del generalato chavista corrupto, decide actuar y emitir el decreto 1.787 de “Zonas Operativas de Defensa Integral Marítima e Insular”, que ha causado la reacción enérgica de Guyana.



Es seguro que las mentes transgresoras del chavismo, ante las alternativas de salvación que lucen imposibles: ganar las parlamentarias, recuperarse políticamente y sacar al país de la crisis; o negociar una transición a cambio de impunidad por los graves crímenes cometidos (que de negociarse de espaldas a un pueblo que la rechazaría estaría condenada al fracaso y que seguramente no sería aceptada por otros países lesionados por las actividades delictivas atribuidas a la jerarquía chavista); estén acariciando la idea de tomar acciones militares para recuperar el Esequibo, contra un país que no cuenta con fuerzas armadas.



Especula el agudo Carlos Alberto Montaner que tal aventura militar contaría con el apoyo de Rusia y China. Sin embargo, sería poco probable este escenario. Aunque la dictadura señala únicamente a la Exxon Mobil estadounidense como la contratada por el gobierno guyanés para la exploración y explotación petrolera en mares cuya territorialidad reclama Venezuela, lo cierto es que en efecto, la operación está a cargo de un consorcio entre la Exxon Mobil, con 45%, por el lado de EEUU; la Nexen Petroleum Guyana Limited, con 35%, por parte de China; y 20% del Estado de Guyana.



Ha sido demostrado suficientemente que China es el principal socio comercial de EEUU en el capitalismo, literalmente, vive de sus ganancias en el comercio con ese país. Esta nación asiática detenta, además del negocio de explotación petrolera en sociedad con EEUU (Exxon Mobil) que “despertó” a la dictadura chavista, otras concesiones para la explotación en el Esequibo. Aunque existen tensiones graves entre el gobierno de Putin y el estadounidense, Rusia come gracias a sus exportaciones de gas y petróleo a la Unión Europea, principales aliados políticos de EEUU y vitales dentro del sistema capitalista. China y Rusia tendrían mayor interés económico en apoyar a Guyana (que claramente está aliada con Cuba y EEUU) que a Venezuela. Y ciertamente, el elemento ideológico que siempre fue una excusa para dominar y lucrarse, no puede ser considerado, pues tanto China como Rusia son hoy países capitalistas, como Cuba pronto lo será.



A lo anterior hay que agregar que Cuba, país que desde la independencia de la antigua colonia inglesa inveteradamente ha apoyado las pretensiones guyanesas sobre el Esequibo en contra de Venezuela, está solicitando y negociando su entrada en el sistema económico mundial como país capitalista, ante los EEUU y la Unión Europea; es decir, unirse al odiado Imperio Capitalista.



El asunto de la Exxon Mobil en aguas de Venezuela ha hecho evidente que existe la alianza EEUU-China-Cuba-Guyana-Caricom. Es diáfano que los cubanos jugaron con el ignorante, delirante y ambicioso Hugo Chávez como con un niño, quitándole la chupeta. Lo indujeron a entregar el Esequibo a cambio del apoyo de Caricom (que hoy fue reconquistado por EEUU), al cual, además, le regaló miles de millones de dólares en forma de petróleo, y a pelearse prácticamente con todo el planeta, incluyendo la poderosa Iglesia Católica, con la bandera del antiimperialismo. Lo casaron con China para que comprometiera con ese país hasta la soberanía por medio de asunción de deuda y contratos onerosísimos para Venezuela, de los cuales no se conoce contabilidad, pero sobre los que se presumen cuantiosas coimas para la cúpula chavista, comenzando por la familia Chávez, hoy poseedora de riquezas que no se pueden justificar salvo como provenientes del delito.



Mientras cubanos y chinos montaban en la olla a Venezuela con sus agentes, Hugo Chávez, el muchachote iletrado de Sabaneta, y Nicolás Maduro, el colombiano bobo entrenado en La Habana, quienes contaban con el apoyo de los comunistas radicales del PSUV, también agentes al servicio de Cuba; negociaban con los EEUU, no solamente el despojo definitivo del Esequibo, sino, muy probablemente, la repartición de lo que fue un país llamado Venezuela.



La maldad de la patocracia chavista sólo es superada por la de las patocracias china y cubana que, mientras una se pliega al capitalismo y la otra se consolida como gran potencia capitalista, ordenan apretar la garra comunista totalitarista sobre la garganta de Venezuela, quizás empujándola hacia una guerra que tendría el potencial de desmembrarla territorialmente y convertirla en botín definitivo de ese mismo capitalismo imperialista del cual el eterno traidor galáctico barinés ofrecía salvarla. Esta sería la última maldad de los chavistas, su último pecado, pues como con los dictadores en la argentina de Las Malvinas, de todas formas encontrarán su némesis. Los dioses no lo perdonarán.



Hermanos, por favor, no muerdan el mismo anzuelo que mordieron en 1998.



Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe

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