sábado, 20 de junio de 2015

El gran fracaso de Hugo Chávez





La palabra “diablo” viene del Griego antiguo diabolos, derivada de dia-bállein, y significa “el que divide, el que desgarra, separa, el que calumnia para dividir”. La Biblia la adopta e introduce la forma hebrea Satán, que tiene el mismo significado.



Muchos consideramos que el gran crimen de Hugo Chávez fue la división de la sociedad venezolana con la inoculación de odio a los más desposeídos en contra de “los ricos”, a los que él llamó “burgueses” y “oligarcas”, palabras cuyos significados eran y todavía son desconocidos para esa gente que se embriagó con su rencoroso mensaje que prometía venganza, asesinato, linchamiento (freír cabezas, por ejemplo) de esos “ricos” que el eterno les enseñó eran los culpables de sus miserias.



Como todo populista, buscó un enemigo vecino en calidad de chivo expiatorio, en una dinámica de proyección identificativa en el cual el individuo ve lo peor de sí en el espejo que encuentra en la imagen del otro, para culparlo por sus males, liberarse de sus culpas y fallas propias, exorcizándolas en un rito de redención con la destrucción, la muerte de ese enemigo creado con ese exclusivo propósito. Esos oligarcas y burgueses pasaron a ser los odiados “escuálidos”, quienes serían exterminados por exclusión social, inflación, escasez e inseguridad. Sencillamente, porque esos escuálidos –que solamente son ricos desde la perspectiva de la extrema pobreza promovida por el mismo Estado chavista, puesto que los verdaderamente ricos son quienes detentan el poder y sus testaferros- constituyen la clase pensante, cuya existencia no se puede permitir el comunismo si aspira a una mínima probabilidad de mantenerse en el poder, siendo que el pensamiento es el peor enemigo del comunismo.



Y Hugo Chávez tuvo éxito inicialmente en dividir la sociedad venezolana. Pero ya en 2002 comenzó a erosionarse su base popular y por lo menos, desde el Referéndum de 2004 ya fue claro que se mantuvo en el poder gracias al fraude electoral; a las encuestas amañadas elaboradas por mercenarios de la quinta columna hoy multimillonarios; a una oposición que aceptaba su juego fraudulento y que solamente concebía la vía electoral como herramienta de lucha, colaborando así a sostener la ficción de democracia esencial para la consolidación del comunismo; y por el militarismo armado detrás del trono. Porque a partir de 2004, si no desde 2002, ya el chavismo era minoría, aunque la sociedad permanecía dividida en dos grandes bloques y bajo la ilusión de que el chavismo era mayoría.



Pero el proceso de merma de la popularidad del chavismo, que ya se hizo patente en las elecciones presidenciales de 2012 a pesar -o precisamente a causa- del gran fraude del entonces moribundo estafador galáctico, y especialmente con el megafraude que llevó al cucuteño agente del G2 a la presidencia, se aceleró con la ineptitud de los hampones que heredaron el poder –que son la parte más importante del legado de Chávez y no sus traidores- y que condujeron a Venezuela al cataclismo económico y social en que se encuentra. De manera que, si son ciertas las encuestas hechas bajo una dictadura que castiga ferozmente la disidencia, y si los encuestados no sienten terror de decir la verdad, hoy el régimen chavista tiene 80% de rechazo.



Entonces me sorprende escuchar que todavía haya pensadores que hablan de la “profunda división” de la sociedad venezolana, puesto que el 80% del país está unido alrededor del profundo repudio al chavismo y sus métodos bárbaros, paleolíticos y delictuales. Es decir, ese 80% (si no es más como posiblemente lo sea) representa la unión de un pueblo ante la opresión, la dominación, el salvajismo, el totalitarismo, la corrupción, el delito, el atropello y el pecado. Ese 80% -que además está creciendo a razón de 3 puntos por mes- representa el gran fracaso de Hugo Chávez, el depravado que buscó la división y la guerra civil que tanto soñó como “fratricida pero necesaria” (sic). Porque ese 80% con vocación a acrecer es la unión de Venezuela ante el furúnculo histórico que es el moribundo chavismo, que hoy, como exigua minoría se encuentra atrincherado y armado hasta los dientes temeroso de esa unión que trasciende las fronteras, puesto que hasta la opinión pública mundial lo acorrala.



El gran fracaso de Hugo Chávez no es la casi total destrucción de lo que una vez fue un país, no es la catastrófica ruina económica, moral y material de Venezuela, no es la aniquilación del chavismo, de su revolución y de sus -así llamadas- “ideas”, ni siquiera es la destrucción de la esperanza del pueblo. El gran fracaso de Hugo Chávez es la UNIÓN que hoy vivimos y sentimos casi todos los venezolanos frente a ese grupito “escuálido” de delincuentes aferrado al poder, al dinero y a las armas, dominado por el pavor de saber que ese pueblo unido exigirá el pago de tanto daño causado.



Chavistas quedarán, como hoy quedan nazis, para testimoniar con su fanatismo los errores históricos que no deben repetir pero que siempre repiten los pueblos. Para recordarle a la humanidad que el ser humano porta la semilla de su propia destrucción, que germina cuando el terreno se fertiliza con injusticias para hacer peligrar el avance y el crecimiento que son también naturaleza humana.



El antónimo de diabolos es symbolos, de symbállein, que significa “unir, unión”; de donde vienen las palabras simbólico y símbolo. Esa unión que obtuvo Hugo Chávez como consecuencia de su intento de sembrar división –su fracaso-, es el símbolo de esa venezolanidad que se manifiesta en la música de Antonio Estéves, o en la pintura de Armando Reverón, o en el bisturí de diamante del sabio Humberto Fernández Morán, o en la excelencia que caracterizó a PDVSA hasta que el gran destructor la desmembrara y corrompiera, o en la represa del Guri, o en la gesta de un pueblo entero que recorrió buena parte de América casi descalzo para regalar libertad a hermanos que no conocía.

Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe



Leonardo Silva Beauregard

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